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UN MUNDO MARAVILLOSO…

27 de enero de 2020

Hace poco vi una película titulada: “Un Mundo Maravilloso” donde se hablaba de lo que podría ser un mundo sin pobreza. El tema de este mes no tiene que ver con la pobreza, bueno, tal vez con la pobreza de nuestras actitudes; pero va hacia una reflexión sobre vivir en un mundo maravilloso: el mundo de las excusas.
Creo que en nuestros días, estamos viviendo una nueva cultura que ya no se sabe como llamarla. Hoy en día se habla que incluso la post-modernidad ha sido superada para dar paso a la época llamada trans-post-modernidad, que con tanto título ya no sabemos dónde quedamos; sin embargo, hay que hacer una reflexión profunda sobre una nueva cultura que está presente en nuestros días y que podría llamarse la cultura de la opcionalidad. Hemos como decía un antiguo cuento, relativizado lo absoluto y absolutizado lo relativo, y vaya que este juego de palabras encierra una realidad que cobra cada día mayor fuerza. De igual modo, hemos vuelto muchas cosas que antes eran como mandatarias, y las hemos transformado en opcionales. Hoy hablamos de lo que nos gusta más allá de lo que nos es útil; hablamos de lo que nos hace sentir bien, más que de lo que nos cuesta.

UNA “PSICLOGIZACIÓN” DE LO QUE NOS RODEA

Pido una disculpa a los puristas del lenguaje por el término; pero creo que explicando la idea, se entenderá el concepto. Hoy en día hemos aprendido mucho, gracias a esta bendita influencia de la subjetividad, que hay cosas que no podemos hacer porque implican esfuerzo y sacrificio y eso va contra el bienestar personal, hemos aprendido que si algo no nos nace, no lo hacemos; hablamos en términos de “me di permiso de sentir eso, de arreglar aquello, y la idea no está mal, no me malinterpreten por ello, simplemente que ahora, muchas cosas que antes parecían tener cierto valor en nuestra vida, las hemos relativizado al grado que solamente hacemos aquello que nos hace “sentir bien” y muchas veces que nos hace “sentir en paz.” Sin embargo, nuestro deseo de paz cada vez está más lejos, necesitamos cada día de mayores cosas para sentirnos bien, necesitamos al psicólogo, al terapeuta, al guía espiritual, al “gurú,” al tarot, al curandero, en fin, hacemos lo que nos hace sentir en paz, y no sentimos paz, que paradójico. Y con esta paradoja, vamos llevando nuestra vida por un sendero cada vez más difícil.

NOS VAMOS ENCERRANDO EN NUESTRO PROPIO MUNDO

Dentro de esta paradoja de la vida, vemos que a mayores inventos para la comunicación más rápida y “efectiva” nos vemos en la necesidad de “aislarnos del mundo en el que vivimos para poder comunicarnos.” Curioso, pero cierto. Tenemos la necesidad de entrar en Internet pero necesitamos aislarnos del mundo para concentrarnos en nuestra computadora, teléfono celular, Ipod y todo lo que nos comunica. Sin embargo, cada vez nos sentimos más solos, necesitamos de mayor compañía, y tenemos miedo, porque hemos ido aprendiendo a comunicarnos de forma impersonal, que al estar frente a otro sentimos la dificultad de expresar lo que sentimos.

Y SI NO SALIMOS DE NOSOTROS ES PORQUE TENEMOS SIEMPRE EXCUSAS

Últimamente, podemos ver con mayor frecuencia que hay una forma de evadir nuestra responsabilidad, y esto es, hemos aprendido a justificar todo lo que hacemos, o lo que no hacemos y hemos creado un mundo maravilloso: el mundo de las excusas.
Las excusas nos mueven a un terreno muy cómodo, el campo de la irresponsabilidad. Es decir, no nos permiten asumir lo que hacemos o dejamos de hacer, pues siempre encontramos una excusa para salir bien librados.
Desde niños hemos aprendido que es más fácil excusarse que asumir, es más, hay hasta un refrán popular, que decimos con frecuencia riendo pero que encierra una cruda realidad: “Desde que se inventaron las excusas o pretextos se acabaron los… irresponsables.” Y es que tenemos en nuestra mente frases tan simples como: “Se rompió,” “Se cayó,” “No se pudo,” “No sé cómo pasó,” y otro sin fin de frases que podría citar y que nos ayudan a evadir y hacen parecer como que todo pasa ajeno a nosotros y que no podemos hacer nada al respecto.
Tal parece que las cosas se caen solas, se rompen solas, los exámenes se reprueban solos, los trabajos se echan a perder solos, nuestra vida se mueve solamente por el azar, las decisiones que tomamos no sabemos por qué las tomamos, ni para qué las hacemos.

EL MUNDO DE LAS EXCUSAS ES UN MUNDO CÓMODO

En el mundo de las excusas todos vivimos bien y muy a gusto. Nadie nos perturba, nada nos inquieta, nada nos impele a hacer algo por los demás, pues permanecemos en una especie de limbo, como que todo ocurre ajeno a nosotros. El mundo de las excusas nos permite entrar y salir a la hora que sea, nos invita a ir a él muy frecuente, y para algunas personas los ha invitado a cambiar su residencia para allá.
Desafortunadamente el mundo de las excusas tiene un peligro: nos mantiene siempre en un estado infantil, y nos transporta a un mundo en el que los demás “hacen” y nosotros somos meros espectadores de lo que pasa y en el que nosotros podemos vivir “culpando a los demás” de nuestras desgracias e infortunios. Dice un amigo Cubano: “La culpa nunca cae al suelo,” y en el mundo de las excusas esto es una realidad: la culpa la tienen los otros, lo otro, el perro, el gato, el sol, la lluvia, el clima, el cielo, Dios, en fin.

EL MUNDO DE LAS EXCUSAS TIENE SU PROPIO LENGUAJE

Como las computadoras, y como la música, el mundo de las excusas tiene su propio lenguaje. Afortunadamente no es nada complicado aprenderlo. Hay frases ya hechas que nos permiten entrar rápidamente en este mundo: Uno comienza con frases como: “No es que quiera disculparme, pero…”, “Sin que suene a excusa, pero…” y siempre estas frases van acompañadas de un “pero” que en neurolingüistica significa una negación de lo anterior, y claro, porque lo que sigue después es una excusa.
Este mundo también es muy sano, nos mantiene tranquilos, contentos, “saliendo al paso” de cada situación. Si no cumplimos con nuestro trabajo, si no llevamos a cabo nuestra vocación, si la misión no nos llama la atención, si lo que hacemos no nos gusta o no nos llama la atención, no hay problema, siempre hay una excusa que nos ayuda.

EL MUNDO DE LAS EXCUSAS TIENE SUS EXPERTOS

Hay personas expertas en excusas que parece que hicieron un doctorado en la materia. Saben el momento exacto y el lugar en el que encaja una excusa perfecta. Es como un arte, y hay quienes lo hacen parte de su vida.
Hay quienes nos ayudan a tener a la mano la excusa perfecta, y hasta quienes se preocupan por excusar nuestros errores, nuestras omisiones, nuestras debilidades, y si no nos ayudan con la excusa, nos ayudan a encontrar el “chivo expiatorio” que podemos culpar.
El mundo de las excusas corre un riesgo, y es que en él habita la mentira, que muchas veces colabora para que la excusa salga perfecta. Frases como “No tengo tiempo,” “Creo que eso no es para mí,” “No creo que yo puedo con eso,” nos ayudan a evadir nuestra responsabilidad y casi siempre nos dejan un momento de satisfacción que desaparece el día que la honestidad entra en nuestra vida.
Ojalá que las excusas no nos impidan cumplir nuestro compromiso de cristianos, que no nos lleven a evadir nuestra responsabilidad ante los hechos que están pasando en nuestro mundo. Hemos aprendido a excusarnos para no hacer nada. Nuestro mundo cada día requiere que tratemos de esforzarnos para crear nuevas estructuras de vida que favorezcan a los más desprotegidos, a los migrantes y sin embargo, siempre encontramos excusas para no hacer nuestro trabajo.
Solamente recuerden queridos Jóvenes Sin Fronteras, que ninguna excusa ha transformado al mundo, y que quienes lo han transformado no lo hicieron en base a excusas y pretextos, sino asumiendo su responsabilidad y luchando por sus ideales, que esto nos acompañe siempre.
Feliz Navidad y que el 2007 sea un Año lleno de Bendiciones en el que podamos aportar nuestro granito de arena para cambiar el rumbo de nuestra propia historia.

Fuente/Autor: Padre Chan, cs

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