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MARÍA: ENTRE EL SILENCIO Y LA ACCIÓN

27 de enero de 2020

Cada año, al llegar el Mes dedicado a la Virgen María, me gusta pensar en qué aspectos concretos de su persona pudiera uno resaltar con el fin de ir creando en los jóvenes y en las jóvenes una imagen de María, dentro de su Grandeza y Santidad, más humana y más cercana a nosotros, que lo que nosotros pensamos.
La idea es no tener una imagen de ella como una persona “destinada” a vivir como la Madre de Dios, y “cargando esa cruz” dolorosa todo el tiempo, sino resaltar que la Virgen tuvo en sus manos el poder de la elección, y al hacer una opción por Dios, su vida fue tomando sentido hasta llevarla a lo que ahora conocemos de ella.
Lo otro, es resaltar no solamente esta imagen “pasiva” que a veces existe de ella, sino una mujer que vivió entre el silencio y la acción para encontrar siempre la mejor respuesta a Dios.

MARÍA, UNA MUJER DE OPORTUNIDADES

Estaba buscando cuál sería realmente la palabra que defina a María en este sentido de las oportunidades. No me gustaría decir que María era una mujer “oportunista” por temor a ser malinterpretada la idea y entonces poder destruir la imagen de la Virgen; lo que me gustaría mejor es explicar la idea, y el título pueden ponérselo cada uno y cada una de ustedes queridos lectores.
María supo ver en el llamado de Dios una oportunidad para cambiar su vida. No porque ella no estuviera contenta con lo que hasta ese entonces tenía, que era estar desposada con José, al cuál no dejó, sino que por su misma acción le dio a él, la oportunidad de responder a Dios en su proyecto.
Cuando la Virgen recibió el anuncio del ángel, en ese pequeño diálogo, María trató de ver las posibilidades que este nuevo Plan de Dios, quién irrumpió en su vida como suele hacerlo con cada uno de nosotros, le ofrecía.
Ella solamente tenía la pregunta del cómo podría ser ese plan posible, y en el anuncio del ángel descubrió que Dios la invitaba a hacer una opción. Como todo llamado vocacional, no se trataba solamente de responder acepto o no, o de dar un “sí” o un “no,” la invitación implicaba como en todos los llamados vocacionales, un cambio de planes y un compromiso de por vida respondiendo cada día al llamado de Dios y asumiendo las consecuencias de la respuesta.
¿Qué María podía haber dicho no? Claro que podía. El Plan de Dios requiere de nuestra respuesta y María alcanzó a vislumbrar que ella era una criatura de Dios, su sierva como ella misma se autonombró, y entonces vino la respuesta que la Creación necesitaba: su “Sí” generoso que cambió no solamente su vida sino la Historia de nuestra salvación.

EL SILENCIO DE MARÍA

Del silencio hemos hablado muchas veces en otros temas. Hemos dicho que no es solamente exterior sino interior; que no es solamente la ausencia de ruido sino la Presencia amorosa de Dios y que del silencio salen nuestras mejores respuestas.
Y María era una mujer de silencio. No una mujer “callada” o pasiva, sino una mujer capaz de hacer silencio para no dejarse llevar con las fascinaciones mundanas sino saber qué responder a Dios en cada momento de su vida. Es más, una mujer capaz de “hablarle” a Dios con su vida y de guiar a Jesús en los primeros años de su vida para que Jesús también respondiera a Dios con su propia vida.
María no es la mujer del ruido incesante, sino una mujer que al saber hacer silencio pudo escuchar el Plan de Dios en el anuncio del ángel sin dejarse impresionar por el “papel” que le tocaría en la Historia de la Salvación, sino que su pregunta y su única inquietud era como he señalado anteriormente: ¿Cómo?
Y en medio de ese silencio en que María traducía su vida, fue capaz de encontrar la respuesta a su interrogante y entonces contestar segura de sí misma: “Hágase en mí, según Su Palabra.”
Esta respuesta surgió como un grito de esperanza para la Creación, desde el profundo de María. Ella sabía que su vida ya no sería la misma, que estaba en riesgo de perderlo todo, pues obviamente el embarazo “misterioso” no iba a ser fácil de explicar y tal vez de sobrellevar; pero a María solamente le importaba una cosa: responder a Dios.

LA LLAMADA DE DIOS CAMBIA LOS PLANES

Nosotros, en nuestro proceso de discernimiento, necesitamos hacer silencio. Y cuando lo hacemos, porque muchas veces nos cuesta hasta intentarlo, escuchamos la Voz de Dios que irremediablemente cambiará nuestros planes en la mayoría de los casos. Este cambio de planes a nadie nos gusta. Salir de nuestro espacio de seguridad, como el que María tenía al lado de José estando desposada con él, nos cuesta mucho trabajo. Unas veces porque no hemos sabido ver las oportunidades que el llamado de Dios trae consigo, otras veces porque nos da miedo enfrentar las consecuencias de nuestra respuesta.
En un buen porcentaje, tratamos de negociar con Dios, es decir, de ver dónde su llamado y nuestros planes “encajan” y si es posible acomodar la llamada de Dios a nuestra bolsa de seguridad, sin duda lo intentaremos; sin embargo, cuando nos damos cuenta que a veces no se trata de “salir ganando” de acuerdo a nuestra perspectiva sino a la de Dios, nos asustamos y preferimos hacer un ruido tan ensordecedor que sea capaz de silenciar la Voz de Dios.
Cuántas veces por miedo a dejar nuestra seguridad seguimos aferrados o aferradas a aquello que sabemos que nos perjudica, que no nos deja sentirnos libres, ni siquiera a gusto con nuestra conciencia, y preferimos buscarle justificaciones, tratar de encontrarle algo que calle nuestro interior o la Llamada de Dios, y sucumbimos en la infelicidad aunque la disfracemos.

MARÍA, UNA MUJER DE ACCIÓN

La respuesta de María la convierte en una mujer de acción. Ella sabe que su respuesta no es solamente un “Sí” de puros labios, su respuesta no paraba en contestar simplemente acepto. La respuesta de María implicaba una Misión llena de acción que comienza con su peregrinar hacia la casa de su prima Isabel para llevarle la Buena Nueva, no solamente de su embarazo, sino sabía que en su vientre estaba la Buena Nueva para toda la humanidad. María se transformó en una mujer de acción y sus “apariciones” en la Biblia la ponen siempre en la acción. Sea para lo positivo, como para enfrentar la realidad de ser la Madre de Jesús y saber que su hijo era acusado, juzgado y hasta ignorado por las personas a las que Él venía a salvar. Y María nunca dio un paso hacia atrás. Estuvo fiel discípula y misionera de Jesús hasta el momento en que fue llevada al cielo. Nunca dejó la causa de la salvación, a pesar de que los “resultados” parecían no ser muy favorables, y hasta en el momento de la Muerte de Jesús, María supo mantenerse fiel y entregar a su Hijo.

MARÍA PRESENTE EN NUESTRA VIDA

Creo que no hay mejor homenaje a María en este mes dedicado a nuestras mamás y dedicado a la Virgen que reconocer su importancia en la Historia de la Salvación, y como esa importancia radica en su capacidad para dejarse envolver por Dios y responder a su llamado.
¿Cuál es la enseñanza de María? Que nosotros estamos llamados a responder a Dios, a dejarnos envolver por Dios en nuestra vida. Dios nos llama y a veces nos cuesta mucho trabajo dar una respuesta radical a este llamado. Sin embargo, dejémonos interpelar por la Virgen María, y también dejémonos acompañar por ella en nuestro proceso vocacional. Para muchos y muchas de ustedes queridos lectores y JSF vienen tiempos de decisiones fuertes en su vida con la llegada del verano. NO tengan miedo, la presencia de María ha estado fiel en la Iglesia y no va a dejarnos solos. Ella intercede a Jesús por nosotros para que podamos sin miedo asumir nuestra vocación, y ella estará, como una Buena Madre, rezando siempre por nosotros para que con la misma entrega, alegría y esperanza con que ella lo hizo, podamos nosotros también hacer una opción radical por Jesús, que sabemos que cambiará nuestra vida, que desbaratará muchos de nuestros planes y que nos abrirá muchas oportunidades en nuestra vida, sobre todo, la de ser felizmente realizados. Suerte con su Proyecto y su Proceso de Discernimiento.

Fuente/Autor: Padre Chan, cs

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