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Éxodo de mujeres… travesía silenciosa hacia EU

27 de enero de 2020

Solas, sin otra alternativa, se enfrentan a los peligros del desierto y al riesgo de ser deportadas

Miércoles 11 de enero de 2006

TUCSON, Arizona.- Le tomó varios años a Normaeli Gallardo, una madre soltera de Acapulco, reunir el valor para sumarse al creciente flujo de mujeres mexicanas que están cruzando ilegalmente la frontera ante la promesa de encontrar un empleo, que, en su caso, era trabajar en una empacadora de carne en Kansas por 5.15 dólares la hora.
Primero, tuvo que lidiar con la idea de llegar a un país desconocido, sola, sin hablar una sola palabra de inglés y sin un lugar dónde vivir.

Luego tuvo que imaginarse cruzando el desierto de Arizona, donde los inmigrantes enfrentan agotamiento por calor de día y heladas de noche, así como las tretas de los coyotes, los contrabandistas que cobran hasta mil 500 dólares por guiar a la gente hacia Estados Unidos y que tienen el hábito de robarlas y atacarlas sexualmente.

Y finalmente, Gallardo, de 38 años, quien ganaba 50 dólares a la semana en un hotel de Acapulco, tuvo que contemplar la realidad de vivir sin sus dos alegres hijas: Isabel, de siete años, y Fernanda, de cinco.

Esa idea alguna vez inimaginable -dejar a sus hijas para que ellas pudieran algún día dejar atrás la pobreza- se convirtió de pronto en su única opción.

Simplemente no ganaba dinero suficiente, señaló: si pagaba la luz, no le alcanzaba para la renta; si pagaba el agua, se tenía que olvidar de comprarle ropa nueva a sus hijas.

“Se me rompió el corazón, se me rompió”, dijo Gallardo, visiblemente afectada al recordar la decisión de dejar a sus hijas con su hermana. “Pero tenía que darles una vida mejor. Les dije que iría a trabajar para poder comprar un terrenito y construir una casita y tener un perro”.

Sin amedrentarse por la reciente ola de críticas contra la inmigración ilegal en Estados Unidos, Gallardo forma parte de lo que algunos expertos describen como un fenómeno que en gran medida ha pasado inadvertido: el creciente número de mujeres, muchas sin compañero, que enfrentan peligros y el riesgo de ser capturadas para irse a Estados Unidos a trabajar y establecerse.

Nadie sabe cuántas personas cruzan ilegalmente la frontera México-Estados Unidos, pero tanto académicos como activistas de la migración y agentes de la Patrulla Fronteriza coinciden en que el número de mujeres que está haciendo el viaje va en aumento.

Katherine Donato, profesora asociada de sociología en la Universidad de Rice en Houston y estudiosa de la migración mexicana a EU, estima que entre 35% y 45% de las personas que en la actualidad atraviesan la frontera son mujeres. Hace 20 años, la cifra era de menos de 20%, dijo.

Este aumento, que ha sido gradual, se presenta en momentos en que la irritación por la inmigración ilegal se está intensificando, especialmente en estados cercanos a la frontera. Parte de la furia se dirige a las mujeres que tienen a sus hijos en hospitales estadounidenses y envían a sus hijos a escuelas públicas.

Pero para la mayoría de las mujeres que cruzan la frontera, el debate sobre la inmigración ilegal y la ira de los contribuyentes tiene poca importancia. “Vale la pena”, indicó Kat Rodriguez, de la Coalición de Derechos Humanos de Tucson, haciéndose eco de una frase común entre las mujeres migrantes.

Algunas mujeres atraviesan la frontera simplemente para mantener a sus familias juntas luego de largas separaciones, pero un creciente número de solteras, como Gallardo, vienen a buscar trabajo para enviar dinero a México y escaparse de un futuro sombrío. Encuentran empleo a través de una amplia red de amigos y parientes que trabajan ya en Estados Unidos.

“Estamos viendo mujeres solteras inmigrantes que vienen a Estados Unidos por razones económicas, lo cual se veía poco hace 30 años”, indicó Donato.

Gallardo nunca llegó a Kansas. Nunca pasó del desierto. Tras caminar ocho horas en la noche y prometerle 500 dólares a un coyote, tropezó con una piedra en un cerro cerca de Tucson y se rompió el tobillo. El coyote la dejó sentada en una autopista en el desierto, donde la Patrulla Fronteriza finalmente la encontró, la llevó a una sala de emergencia local y la deportó a Nogales, México.

Fuente/Autor: LIZETTE ÁLVAREZ y JOHN M. BRODER / THE NEW YORK TIMES/El Universal

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