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Rincón Vocacional

Colgando la vida

27 de enero de 2020

Después del desastre en Rusia, Napoleón siempre llevaba colgada al cuello una píldora para suicidarse. El diminuto amuleto escondía una mezcla mortífera de veneno y de opio. El 12 de abril de 1813, las manos temblorosas del Emperador desenredaron el saquito y lo abrieron. La droga no produjo el efecto deseado. El monarca francés se debatía entre vómitos y espasmos. Unas náuseas pusieron fin a su intento de suicidio. Sin embargo, era su alma la que moría. La vida le sabía a poco. Su esperanza agonizaba. Era su prematuro Waterloo.

Permíteme preguntarte qué es lo que tú llevas al cuello. ¿Qué cuelga de tí? ¿Por qué no te suicidas? ¿Qué has encontrado que te ate a esta existencia? ¿Nunca lo has pensado?

Si tu respuesta tiene dos letras y empieza por “s”, te felicito. Felicidades. Tu ya sabes para qué vivir. Si es así, puedes dejar de leerme. Te dispenso de este artículo. No es para ti, sino para los otros, los del “no”.

Escribo para los que han perdido la ilusión y viven ahogados en el estanque del pesimismo. A esos pequeños o grandes napoleones que se lanzan tras el dinero, la fama o la vida sensual cómoda, pero que nunca llegan a saciarse. A esos emperadores que cuelgan de su cuello una existencia negra y desnuda. A esos que abrieron ya la droga mortal y lo han intentado alguna vez.

Déjame decirte que la vida es un triunfo personal. No puedes limitarte a vegetar. No quiero que seas un cadáver viviente. Me interesas mucho. Yo haría todo lo posible por convencerte que vales la pena, que eres importante para mí. No importa si no tienes con quién hablar, si te sientes incomprendido; si te han dejado solo y ya piensas en lo peor. Yo creo en la alegría. Confío en la esperanza. Sé que tú también puedes amar.

Nadie te puede reemplazar en tu historia personal. No habrá otro Cristóbal Colón que descubra tu América. Algo y alguien nos esperan en algún lugar. No puedes sepultar tus esperanzas. Levanta los ojos y descubrirás nuevas estrellas: un amigo, un trabajo, una esposa, Dios…

Quiero confiarte un secreto. ¿Me lo guardarás? De mi cuello cuelga un crucifijo. Para mí es el símbolo del Amor y de la Vida. Y lo llevo porque sé que el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad, aunque sea sólo momentaneamente, si contempla al ser querido, si espera y confía. Con mi amuleto no temo ningún Waterloo. La victoria de la vida está ya ganada.

Fuente/Autor: Juan Luis Martinez y Juan Pablo Ledesma

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