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Scalabrini

Vayan y prediquen el Evangelio a todas las criaturas

27 de enero de 2020

De los Discursos y Escritos de Juan Bautista Scalabrini.

Desde el día en que Jesucristo dirigiéndose a sus discípulos dijo: vayan y prediquen el Evangelio a todas las criaturas, nunca más cesó en la Iglesia de Dios el apostolado católico (…). Hoy como ayer, como en los siglos pasados, como en el primer día de la redención humana, a los ministros del santuario suena dulce e insistente la palabra de Cristo: ite. ¿Y dónde? por todo el mundo: in mundum universum. ¿Y para qué? para difundir la verdad: docete omnes gentes (…).

Y es así que también en nuestros días vemos partir desde todas las costas de la Europa católica los pregoneros de la buena nueva, los pioneros de la civilización, los mensajeros del perdón y de la paz. Son jóvenes levitas que en el entusiasmo de su fe, en el ardor de su caridad exclaman: Señor, me apremia hablar de tu nombre a mis hermanos: narrabo nomen tuum fratribus meis, y se separan de los brazos de una tierna madre que llora, dan un generoso adiós a los parientes y a los amigos, renuncian a las dulzuras de la patria, a todos los halagos de la fortuna, a todos los placeres de la vida, y, armados solamente con el crucifijo, atraviesan los mares borrascosos, enfrentan mil peligros, exponen su propia vida terrenal, con tal de comunicar a otros la vida celestial (…).

¡Oh generosos, salvete! Siento el dolor de verlos partir, ahora que había aprendido a conocerlos y a amarlos; sin embargo siento también la grandeza y la sublimidad del sacrificio que están por cumplir. Dios lo registra en este momento en el gran libro de la vida. Él promete estar siempre con ustedes: ecce ego vobiscum sum omnibus diebus. Vayan, por lo tanto, felices y confiados.

Cuídense de confiar en otros más que en Él y en el auxilio de su gracia. No se preocupen por su porvenir y por el de los que dejan. Aquél que alimenta a los pequeños pájaros del cielo, que ha revestido a la tierra con hierbas y flores, sabrá también alimentarlos y vestirlos a ustedes y a sus seres queridos hasta el día en que vestirá a todos con eterno esplendor.

Tengan siempre como objetivo la gloria de Dios y el bien de las almas.

Sean dignos del amor de los buenos y del odio y de la persecución de los perversos. Demuestren cada vez más que el celo de ustedes iguala al desinterés de ustedes, que en Dios y sólo en Dios está puesta la esperanza de ustedes, que de Dios y sólo de Dios esperan recompensa y que no cesarán nunca en sus esfuerzos mientras hayan infelices para consolar, ignorantes para instruir, pobres para evangelizar, almas para salvar.
(Discurso a los Misioneros próximos a partir – 12/07/1888)

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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