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Una buena práctica cuaresmal

27 de enero de 2020

La Iglesia en tiempo de cuaresma, nos ofrece en la Misa diaria unas lecturas que si los cristianos nos decidiéramos a ponerlas en práctica seríamos como levadura en la masa. En una de ellas el profeta Isaías dice: “Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía” (Is. 58, 9-10).

Precisamente en estos tiempos de crisis, cuando todos tenemos que estrecharnos los cinturones, aunque tengamos pan y mucho más para saciarnos, es el momento de pensar en los padres de familia con hijos que se han quedado sin trabajo, en los que ya eran pobres de solemnidad y que ahora se encuentran acorralados en un callejón sin salida. No hace mucho una madre sin recursos me decía: “Hermana, mi hijo y yo aguantamos hambre. Yo quiero trabajar porque soy joven y tengo dos manos para ganarme la vida. Si no encuentro trabajo me echarán de la habitación donde vivimos porque no puedo pagar, ¿y yo qué hago con mi hijo si nos encontramos tirados en la calle?”. De casos como este, a miles. Da qué pensar, y nos pide contribuir para aliviar tanto sufrimiento.

La carta de Santiago es tajante en este sentido. “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: “Andad en paz, calentaos y hartaos”, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe si no tiene obras, está realmente muerta” (2,15-16). ¿Podremos cacarear de tener fe?

Fuente/Autor: Hna. María Nuria Gaza.

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