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Scalabrini

SCALABRINI Y LA EUCARISTÍA

27 de enero de 2020

El 1º de Junio se cumplen 100 años de la muerte del Beato Juan Bautista Scalabrini, Fundador de los Misioneros y Misioneras de San Carlos (Scalabrinianos), actualmente presentes en 28 países de los cinco continentes. Es reconocido por varios Papas con los títulos de “Padre de los Migrantes” (Papa León XIII), “Apóstol del Catecismo” (Papa Pio IX y “Príncipe de la Caridad” (Papa Benedicto XV).

Nació en Fino Mornasco, Como, Italia el 8 de Julio de 1839 y murió en Piacenza el 1º de Junio de 1905. Fue obispo de aquella ciudad por casi 30 años. Animado por el amor a Cristo, su ideal misionero fue San Carlos Borromeo que escogió también como protector y modelo para sus misioneros y misioneras. El 9 de noviembre de 1997 fue elevado a los altares, siendo declarado Beato por el Papa Juan Pablo II.

Su vasta cultura clásica y moderna le ofreció la posibilidad de crear una extensa obra literaria, totalmente dedicada al servicio pastoral. Son unas setenta las cartas pastorales dirigidas a su diócesis. Numerosos también los escritos para que la opinión pública conociera el fenómeno migratorio. Dios quiera que su centenario sensibilice también la sociedad colombiana en su fuerte movimiento interno de desplazamiento forzado y de continua emigración hacia el exterior.

Nosotros scalabrinianos lo recordamos especialmente por este amor tan grande hacia los migrantes. Además de los misioneros y misioneras organizó dos asociaciones totalmente laicales: la sociedad de San Rafael para los migrantes y la Obra para los Arroceros y Arroceras.

En este año dedicado a la Eucaristía queremos rescatar el pensamiento y, sobre todo, la vivencia que tuvo el Beato Juan Bautista Scalabrini a cerca de este sublime Sacramento.

Los escritos de Scalabrini sobre la Eucaristía son innumerables, aquí sólo queremos destacar su devoción y amor a la misma. El amor a la Eucaristía fue la nota más característica de la espiritualidad del Beato. En una de sus cartas pastorales con ocasión de la Cuaresma de 1878, con una maravillosa analogía pone la Eucaristía al centro del universo, decía: “La Eucaristía es en el mundo espiritual lo que el sol es en el mundo físico. De la misma manera que todo gravita hacia este astro magnífico, cuya luz y calor difunden dondequiera la fecundidad y la vida, así todo gira hacia la augustísima Eucaristía”.

Si la Eucaristía “es la obra maestra de la mente y del corazón de Dios, el centro de nuestra religión, el punto de contacto donde lo finito y lo infinito, la naturaleza y la gracia se conjugan en el inefable abrazo de la verdad y del amor por esencia”, la devoción eucarística es la principal de las devociones de la vida de la Iglesia.

La vivencia y el amor a la Eucaristía era tan profundo que recomendaba con insistencia la visita diaria al Santísimo Sacramento a todos sus feligreses; veía en el Sagrario “el lugar donde el creyente, en el secreto de su corazón, escucha voces misteriosas y suaves”. Por esta razón, en una de las cartas pastorales en 1902 decía: “todos rindan homenaje cotidiano a la divina Eucaristía. Yo lo recomiendo a los niños, para que Jesús los encamine en el camino de la virtud; lo recomiendo a los jóvenes, para que Jesús les dé fuerza para resistir a los encantos y seducciones del vicio; lo recomiendo a los que están en el declinar de la vida, para que Jesús los ayude a mirar con serenidad la muerte”.

Para el Beato Scalabrini la Eucaristía es la síntesis de nuestra profesión de fe, es decir que “quien cree en la Eucaristía, cree, se puede decir, en todas las verdades cristianas. Cree en la inefable Trinidad de las personas, en la absoluta unidad del ser divino; cree en la encarnación del Verbo, en su inmolación por nosotros. Cree en su gloriosa resurrección y ascensión al cielo; cree en la divina maternidad de la Virgen y en la misión del Espíritu Santo sobre los apóstoles congregados con ella; cree en la divina institución de la Iglesia, en su perfección y en la necesidad de ser sus miembros vivos para alcanzar la vida eterna”.

El amor y la entrega por la Iglesia era explicable por la vivencia de la Eucaristía. “Sin la Eucaristía, la Iglesia sería una religión sin sacrificio, una asociación de utopistas, una casa construida en la arena: Cristo sería una leyenda, un mito, sobre este sacramento esta fundada la Iglesia y todas las riquezas se suman en el pan y el vino”. No quería morir sin antes ver su diócesis “eucaristizada”, así se expresaba: “Cuando el Señor, en su infinita bondad me conceda ver profundamente arraigada la devoción eucarística en mi querida diócesis, entonces podré exclamar con el profeta: ‘Ahora deja, señor, que tu siervo se vaya en paz…’ porque mis ojos vieron al Salvador dado por ti, amado y venerado por los que son en el tiempo y serán en la eternidad mi alegría y mi corona”.

P. Edison Osorio,c.s.

Fuente/Autor: P. Edison Osorio,c.s.

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