“La Biblia se vuelve más y más bella en la medida en que uno la comprende.”

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San Carlos Borromeo, modelo de vida

27 de enero de 2020

01 de Noviembre Profesión Perpetua de Jorge Armando Guerra, en Roma. Felicidades

¿Qué hizo San Carlos Borromeo? Se arriesgó, entregó la vida. Mientras la peste devoraba la ciudad de Milan se lanzó al centro de este flagelo, no como mercenario, que está alejado de los apestados, sino como pastor, que está en medio de ellos sin miedo a la muerte.

Es un ejemplo de las otras miles de cosas que hizo, signo de su donación infatigable por los suyos. El no dejó ninguna autobiografía, ningún escrito espiritual que nos hable de su secreto, de su interioridad, de su oración. Como testímonio de !a intensidad de su oración, tenemos algunos cuadros que lo representan extático o en lágrimas venerando el Crucifijo.

Por lo demás, hasta su prontitud para comprender el signo de las lágrimas de la Virgen en el Santuario de Rho era la confirmación de lo que él vivía: una intensa penetración no sólo en las llagas de la vida carne de su ciudad devastada por la peste, sino en las llagas mismas del costado de Cristo, en los dolores de Cristo, que sufre porque Dios no es reconocido como Dios, no es amado porque los cristianos son perezosos y sordos ante la Palabra.

Si San Carlos vivia en su interioridad secreta un inagotable capacidad de alabanza y de sufrimiento (que son, como dan testimonio los salmos, las dos caras de la oración del hombre), el sufrimiento era probablemente el que aparecía externamente.

San Carlos fue el hombre de la oración, de las lágrimas, de la penitencia entendida no como obra heroica, sino como participación misteriosa, apasionada, en los sufrimientos de Cristo, en su entrar al fondo del pecado del mundo, acogiendo lo absurdo del rechazo de Dios, viviendo su estremecimiento hasta casi el estallido del corazón y la división del alma.

San Carlos es uno de esos grandes testigos que penetraron hasta el fondo de este misterio, bebieron las últimas gotas de este cáliz amargo y supieron, por tanto, conocer con lucidez el tiempo, las cosas, la historia.

Fuente/Autor: Traducion P. Livio

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