“No hay alegría más pura y más santa que en el atenderse unos a otros, comunicarse unos con otros”.

Beato Scalabrini
DISCÍPULS DE UN DIOS POBRE, HUMILDE, CRUCIFICADO
01/27/2020
UNOS PENSAMIENTOS DE SCALABRINI SOBRE EL PAPA
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Scalabrini

OTRAS REFLEXIONES DE SCALABRINI SOBRE EL PAPA

27 de enero de 2020

En estos días en que nuestras mentes y nuestros corazones están en Roma, seguimos publicando reflexiones del Beato Juan Bautista Scalabrini sobre el Papa.

“Solemnes promesas de fidelidad y obediencia”

El 30 de enero del corriente se cumplirán 25 años desde que el Excmo. Card. Franchi, de siempre querida y feliz memoria, me consagró Obispo de Piacenza (…).

Las solemnes promesas de fidelidad y obediencia ilimitada a la Santa Sede Apostólica, hechas entonces, yo las renuevo ahora con ánimo todavía más ferviente y decidido a los pies de Su Santidad, como ante Jesucristo, del que Usted es sobre la tierra el digno representante.

Y a los pies de Su Santidad me es grato abrir mi ánimo, especialmente en esta ocasión. Si yo miro las obras cumplidas entre no pocas dificultades, tengo grandes motivos para alegrarme en el Señor; pero si desciendo con el pensamiento en lo secreto de mi espíritu, no encuentro más que materia de amargura por tanto bien que no hice o que no hice bien. Una sola cosa puedo asegurarle, Beatísimo Padre, y es que en todas las cosas yo no he tenido nunca otra mira que la gloria de Dios y la salvación de las almas que me fueron confiadas. Ahora bien, ese poco de vida que el buen Dios querrá concederme todavía, yo quiero consagrarlo también por entero a favor de su Iglesia, a la defensa de Vuestros sacrosantos derechos, a unir siempre más a Vuestra augusta Persona mi amado rebaño. Estos son mis propósitos y mis resoluciones en el momento de comenzar los santos Ejercicios. Usted, Santo Padre, dígnese confirmarlas con su Bendición, con una de esas Bendiciones que reaniman, reconfortan y hacen el alma superior a sí misma. [61]

“Hable, Santo Padre, y será nuestro orgullo obedecerle”

Viva nuestro Beatísimo Papa Pío X.

Pero en El, hermanos e hijos muy queridos, más que las dotes personales, nosotros debemos considerar la autoridad de la cual está revestido, autoridad suprema universal, divina (…). Por lo tanto todos, obispo, clero y pueblo, unidos entre nosotros por los vínculos de la caridad y formados como un solo cuerpo, unámonos con efusión filial a los pies del novel Jerarca; circundémoslo de nuestra más profunda y afectuosa veneración, digámosle: Hable, Santo Padre, y será nuestro orgullo obedecerle; guíenos y nosotros dócilmente le seguiremos; instrúyanos, y sus enseñanzas serán la norma constante, invariable de nuestra conducta, ya que sabemos bien que Usted sólo tiene palabras de vida eterna, que está en contra de Jesucristo quién no está con Usted, y que de la unión con Usted depende nuestra eterna salvación. [62]

“Cuidémonos de empequeñecer la grandeza de la causa católica a las proporciones mezquinas de nuestros juicios privados”

Cuidémonos especialmente de empequeñecer la grandeza de la causa católica a las proporciones mezquinas de nuestros juicios privados. De todo lo que puede ser entre nosotros objeto de discusión, pensemos como el Papa piensa, juzguemos como El juzga, trabajando cada uno por la causa del bien, con aquellos medios y en aquella medida que El en su sabiduría prescribe, y operando siempre con esa rectitud de intención, con esa perfecta unión de mente y de corazón que sólo pueden llamar la bendición de Dios sobre nuestros esfuerzos y hacerlas provechosas para el santísimo fin que nos viene indicado por el Jerarca Supremo. [63]

“Siempre unidos con la mente, con el espíritu, con el corazón al Romano Pontífice”

Tú el Padre y nosotros los hijos, Tú el Maestro y nosotros los discípulos; Tú el Jefe y nosotros los seguidores; Tú el Pastor y nosotros las ovejitas; Tú el árbol y nosotros las ramas.

¡Ay de la rama que se separa del tronco vital! Es como la hoja que en el otoño cae del árbol y luego se seca (…). Manténganse siempre unidos al Romano Pontífice; unidos con la mente, con el espíritu, con el corazón; ya que no se puede ir hacia Dios sino por medio de Jesucristo, no se puede estar unidos con Jesucristo sino por medio de su Iglesia; pero no se puede pertenecer a la Iglesia sino viviendo en comunión de fe y de caridad con el Romano Pontífice; y cada católico debe afirmar, con las palabras y con las obras, en privado y en público, siempre y en todo lugar, la necesidad de una plena y absoluta obediencia a lo que El enseña o manda. Hay que ser católicos con profesión abierta y franca del catolicismo, sin reparos humanos, sin reticencias, enteramente. [64]

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