Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

Papa Francisco
¿QUÉ BUSCÁIS?
01/27/2020
LA VOCACIÓN DE MATEO
01/27/2020

Rincón Vocacional

No puedo

27 de enero de 2020

¡Cómo que no puedes!, supongo que en muchas ocasiones hemos oído alguna vez esta expresión, incluso hemos sido nosotros, los que nos hemos apropiado de estas palabras y las hemos hecho nuestras.

Me gusta mucho una frase del evangelio que dice así “Cuando soy débil entonces soy fuerte” 2Co 12, 10. En cierto modo, es una frase que me ayuda a ser consciente de que yo sola no me basto, que cuando creo que todo se derrumba es cuando la dulce caricia de Dios me protege, y que cuando digo que no puedo más, su ternura me convence de que merece la pena.

Mis fuerzas se acaban, pero cuento con Dios, mi ilusión va desapareciendo, pero al encontrarme con su mirada en la oración, desaparece todo temor y vuelve a resurgir la alegría propia que caracteriza a cualquier persona enamorada.

¿No puedes? No nos cansemos tan pronto de algo que ni siquiera ha comenzado, el agobio, el susto o el temor puede paralizar pero nunca destruir, nunca eliminar, porque nosotros somos responsables de nuestra propia vida, no somos dueños pero sí portadores alegres del regalo de la vida.

Jesús dice: “La fe mueve montañas”, creo que no podemos olvidarlo porque lo está diciendo por cada uno en concreto; a veces me pregunto ¿por qué tengo miedo si Dios está conmigo? ¿por qué desconfiar si sé que lo tengo todo?… es inevitable que las fuerzas decaigan en algún momento, pero lo que no puede decaer es la confianza, al menos en que siempre estoy acompañada, porque “cuando soy débil, soy fuerte”, cuando todo me falla, es cuando soy más capaz de luchar contra viento y marea, contra el frío viento de un día de invierno, contra la fuerte lluvia que daña mis raíces, ahí, cuando creo que lo tengo todo perdido es cuando siento, si confío, que la presencia de Dios no me abandona jamás.

Recuerdo una anécdota bonita que compartí con mi profesora de arte, hablábamos de las diferencias culturales y me llamó la atención que en Japón, el “fracaso” se vive como un medio de aprendizaje, como método para descubrir mi debilidad y fortalecerla, mientras que nosotros, nuestra propia persona, se hunde y le cuesta levantarse. Si viviésemos en cuerpo y alma que a pesar, y gracias al error, puedo levantarme para cambiar, para poder corregir o actuar de otra forma… si fuésemos conscientes de que es una nueva oportunidad que tenemos para mejorar, no daríamos importancia a las pequeñas cositas sino que nos centraríamos en lo importante de nuestra vida.

Cada día es una oportunidad pero también cada acontecimiento, cada encuentro con alguien, cada conversación, cada… todo lo tenemos cerca, levantemos la cabeza y el corazón para encontrarnos con nosotros mismos y darnos cuenta que en nuestra debilidad es donde podemos encontrar la fuerza necesaria para empujar con una alegría limpia toda nuestra vida.

Fuente/Autor: Hna. Conchi García.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *