“La comunión es la fuente de la cual el alma saca el agua que sube hasta la vida eterna”.

Beato Juan Bautista Scalabrini
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Rincón Vocacional

¿QUÉ BUSCÁIS?

27 de enero de 2020

“Qué buscáis?” pregunta Jesús a dos jóvenes que le seguían.

Apasionados de la vida y creyentes inquietos, se habían hechos discípulos del Bautista; y él les ha señalado a Jesús que pasa, diciendo: “Ahí está el cordero de Dios!”. Los dos jóvenes apenas escuchan estas palabras, siguen a Jesús. Él se da la vuelta hacia ellos, ve que le siguen y entonces les pregunta: “¿a quién buscáis?”. Le responden: “Maestro, ¿dónde vives?”. Y Jesús les dice: “Venid y lo veréis!”

Los dos eran Andrés, hermano de Simón Pedro y Juan. Los Evangelios no ofrecen una descripción detallada de sus vidas, de su formación y de sus experiencias. Cuanto nos dicen es sin embargo suficiente para imaginar el camino, caracterizado por la atracción hacia Jesús, pero también por sus temores, sus miedos.

“¿A quién buscáis?”

Con esta pregunta Jesús se dirige a los dos jóvenes y hace brotar el sentido de su búsqueda. Buscan al Mesías, aquel que sólo puede dar fuerza a sus esperanzas. Desean una vida plena, más allá de todo límite. No buscan, en efecto, cualquier verdad, sino a alguien que les coloque en grado de reconocer aquello que tiene sentido para la vida.

También hoy, si bien con algunas ilusiones de saber darnos las respuestas a las preguntas de vida, la búsqueda de significado continúa. Es una búsqueda hecha toda en primera persona. Cada uno de nosotros desea y puede reconocer dónde está el sentido de la propia existencia. No nos dejamos encantar de soluciones ya preparadas o impuestas para todos, de las ideologías, de los mitos. Es insuficiente hacer como hacen todos, tomando prestadas respuestas que no se adaptan a nuestras preguntas personales.

Preguntas de sentido y significado

Toda la vida está caracterizada por las preguntas de significado. Afloran prepotentes cuando se tiene la experiencia del amor y tal vez nos orientan a dedicar la vida a la persona amada; cuando se nos pide gastar nuestras energías para un trabajo a veces gratificante, a veces demasiado repetitivo, pero siempre necesario.

Se hacen agudas cuando nos encontramos frente a derrotas o desilusiones inevitables, frente a la enfermedad o la muerte.

Mirando bien, las muchas preguntas encuentran la síntesis en una sola: ¿cómo gastar la vida para que sea plena?

En el momento en el que se busca felicidad, amor, esperanza, paz, justicia, se pide el significado pleno para la propia vida. Sin este horizonte experimentamos -como sucede hoy a tantos hombres- la incertidumbre, el vacío, la angustia.

Sentido, significado y la fe

La pregunta sobre el significado no se silencia fácilmente. Tal vez puede ser reservada por algún tiempo. Sin embargo, las respuestas sofisticadas de la técnica o aquellas refinadas de la producción de los bienes no logran apagarla.

La pregunta sobre el significado busca una respuesta religiosa, más allá de los límites de duración de las cosas, más allá de nuestras humanas emociones. Ella se proyecta en una respuesta trascendente y no da paz, hasta que no nos orientemos hacia esa dirección.

Lamentablemente con frecuencia la búsqueda se dispersa entre tantas ocupaciones; sobre todo no siempre se encuentran personas capaces de respuestas auténticas. Con frecuencia se presentan vendedores de esperanzas a bajo precio, santones y magos que se aprovechan de la sed inextinguible de absoluto. Pero la magia, el culto de la naturaleza, las promesas de un horóscopo no están en grado de responder adecuadamente a las exigencias de la vida.

La sincera búsqueda religiosa de los jóvenes se hace compleja. En ocasiones tal búsqueda encuentra obstáculo en la tendencia presente en las culturas occidentales a declarar toda verdad como opinión, por encima del absoluto y descansando en el plano de la relatividad. Así se presenta como fácil acoger todo aquello que se descubre útil y positivo en las religiones y en las filosofías para construir de modo autónomo su propia religión. Se trata de un proceso mental no siempre consciente, que lleva hacia la satisfacción de las necesidades religiosas a través de la elección de ideales, valores, doctrinas, comportamientos y ritos al alcance de las propias aspiraciones y capacidades, así como se haría entrando en un hipotético supermercado que ofrece, tal vez a buenos precios, los mejores “productos” religiosos. Es un “hazlo tú mismo” estimulante, porque da la impresión de construir cualquier cosa de modo bastante personal y, al mismo tiempo, con mucha libertad.

¿A quién buscáis? Buscar el Señor Jesús

A nuestros interrogantes no bastan las respuestas de una doctrina, de una escuela de vida. Como los dos jóvenes del Evangelio, nosotros buscamos a Jesús, aquél que revelando su identidad, revele también la nuestra, revele quiénes somos; hablando de su vida, dé significado a la nuestra; explicando sus opciones, oriente nuestras vidas.

Vamos a Jesús con nuestras inquietudes, él responderá revitalizando aún más nuestra búsqueda. Se dirige también a nosotros diciendo: “¿Qué buscáis?”, y así nos anima a una respuesta completa, que nos obliga a profundizar en nuestra misma inquietud, hasta descubrir un sentido más profundo: “¿A quién buscáis?”.

Fuente/Autor: Reflejos de Luz

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