La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo.

Papa Francisco, Christus Vivit 135
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Scalabrini

MÁS PENSAMIENTOS

27 de enero de 2020

“Infundir en sus almas el conocimiento de Cristo en el Sacramento”.

Que los niños y los jóvenes ocupen el primer lugar en las preocupaciones de ustedes. Saben que son los predilectos de Cristo: “Dejen que los pequeños vengan a mí y no se lo impidan”, por el contrario respeten esta atracción que sienten por Mí y favorézcanla. Enséñenles que poseerán a Cristo creyendo en El y lo atraerán a sí imitándolo.

Exhorten luego a las madres para que mediante este sacramento se posesionen de Cristo y lo presenten a los hijos, instruyéndolos fervorosamente desde los tiernos años, según el ejemplo de Santa Mónica; enséñenles la doctrina del Apóstol: “La mujer se salvará mediante la maternidad con tal que persevere en la fe” (1 Tim. 2, 15). Convenzan a las madres que no podrán instruir y educar rectamente a sus hijos, si no se preocupan por infundir en sus almas el conocimiento de Cristo en el Sacramento. Y también nuestros sacerdotes deben dirigir a los padres la invitación que reciban a Cristo y lo atraigan a sí; y aprendan de Cristo Señor en el Sacramento, la preocupación y la vigilancia hacia su familia.

Y quisiera que los párrocos lograran persuadirlos de mandar a celebrar tres o cuatro misas por año para el bien espiritual y temporal de los hijos. Que recuerden el ejemplo del santo Job: “Job mandaba llamar a sus hijos y los purificaba, y levantándose bien temprano ofrecía holocaustos por todos ellos” (Jb. 1, 5). Inculquen, por lo tanto, a todos esta buena costumbre, con la certeza de que muchos adherirán a la invitación de ustedes con gran beneficio de sus familias. (III Sinodo diocesano – 1899)

“Educando para la fe, educamos también para la verdadera libertad”

La suerte futura de sus familias y de la patria está en poder de ustedes, padres cristianos. A ustedes corresponde la elección si les conviene confiar sus hijos, que deben ser el dulce consuelo y la esperada ayuda en la ancianidad de ustedes, a la amorosa tutela de Jesucristo, del Divino Maestro de verdad y de todo progreso ordenado, o condenarlos a la desgraciada e inhumana disciplina de maestros de toda especie de rebelión.

Educando a sus hijos en la fe de Jesucristo Nosotros los educamos también en la verdadera libertad. Y a quien nos llama enemigos o amigos infieles de la libertad, porque detestamos cordialmente esa ignominiosa licencia que se arrogó el nombre de libertad y el derecho de atreverse a todo, lícito o no, no debemos darle más que esta respuesta: a la libertad Nosotros la amamos con todo el ardor del alma, siempre listos para defenderla resueltamente como un sagrado derecho que nos concedió el Salvador para ejercitar nuestro ministerio de paz, y para reivindicarla, por sentimiento de deber, en favor de todas las almas cristianas confiadas a Nosotros. Pero para Nosotros esta libertad se funda en poder pensar, hablar y obrar, libres de toda atadura injusta, sometidos solamente al gobierno de Dios, respetuosos de las leyes de los hombres. Y en cuanto a la otra libertad, que parece ser el despectivo derecho de molestar a todos los demás para satisfacerse a sí mismos, rechazamos con desdén el nombre y el objeto: el que quiere y pretende la libertad por sí solo, profana un nombre sagrado llamándose libre: él es digno de ser esclavo. (Los derechos cristianos y los derechos del hombre – Bolonia 1898 – Carta colectiva del episcopado emiliano redactada por Mons. Scalabrini).

Fuente/Autor: de UNA VOZ VIVA

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