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Scalabrini

Homilía de Mons. Giuseppe Bertello en la Ordenación Sacerdotal de Carlos Andrés.

27 de enero de 2020

Sábado 14 de Mayo – Vigilia de Pentecostés – Capilla de la UIC (Universidad Intercontinental – México, D.F.)

La Iglesia nos invita a meditar un momento sobre lo que estamos por hacer, lo que estamos por vivir en este momento tan solemne en el cual revivimos una vez más el misterio de Pentecostés.

Las lecturas que hemos oído ahora nos hacen recordar lo que pasó el día de la Resurrección y en los días inmediatamente después, cuando Jesús Resucitado aparece a los Apóstoles, a ellos da el Espíritu Santo, da su Espíritu y los envía a todo el mundo para anunciar el Evangelio y para ser los instrumentos de la misericordia del Señor y de su amor.

Y esta tarde el Señor envía su Espíritu y consagra una vez más a Carlos Andrés. Lo hemos oído ahora, el año pasado después de un largo camino de preparación él ya se ha donado, se ha ofrecido al Señor a través de la Profesión Religiosa pidiendo que, comprometiéndose, vivir el don y el carisma que el Señor había dado al Beato Scalabrini, al Fundador de esta Familia Religiosa.

Pero hoy el Señor le ofrece, le dona un poco más, pues en esta consagración se hace también sacramento, es decir, Él toma otra vez posesión de su vida, lo consagra a Dios Padre para el servicio de toda la iglesia, para que sea siervo, para que sea el ministro de su amor y de su Evangelio en el mundo de hoy con una particularidad, la que tiene la Congregación Scalabriniana, la de servir a los migrantes, la de ser instrumento del evangelio entre esta gran comunidad, que son nuestros hermanos que por muchas razones dejan a su familia, a su patria y a su tierra para ir a vivir en otros países, muchas veces por razones también políticas (no es el caso de México) o razones económicas.

¿Cuál será la misión de Carlos Andrés como sacerdote? Dentro de poco él prometerá, se comprometerá con nosotros ante toda la comunidad cristiana a ser ministro del evangelio, como decíamos, a ser el constructor, podríamos decir, de la comunidad cristiana presidiendo la oración de la Iglesia, de su comunidad, y al mismo tiempo para ser animador de la caridad en la Iglesia no sólo para sus miembros sino para todos los hombres. Yo quisiera insistir sobre estos tres motivos, estas tres tareas que tiene como sacerdote.

Él será el que edificará la comunidad cristiana. Lo hemos oído ahora en el evangelio, Jesús que envía a los apóstoles para anunciar su enseñanza, para hacer conocer su nombre a todos los hombres de todos los tiempos. Es el espíritu misionero de la Iglesia y la fiesta de Pentecostés es de una manera particular una fiesta misionera que dice a todos los cristianos que debemos ser los testigos auténticos, sentirnos responsables del evangelio de Jesús, pero que lo dice de una forma particular a Carlos Andrés que será el animador, el constructor de la comunidad. El sacerdote es esto, sirve a una comunidad porque dándose a Dios, Dios la confía a él, la confía para que pueda profundizar su fe, para que pueda vivir en la unidad del amor del Señor y para que sea también testigo, esta comunidad, ante todos los hombres, de cómo se vive el evangelio hoy, como este evangelio puede llenar nuestra vida, la vida de toda persona y puede acompañarla en todos los momentos de su existencia.

El sacerdote es el constructor, el edificador de la comunidad cristiana. En esta comunidad cristiana él tiene una tarea particular, tiene que presidir la oración, naturalmente como sacerdote le presenta a Dios todas las necesidades de la comunidad, de la Iglesia y del mundo. Pero en su comunidad él está llamado a ser el que acompaña a todos en esta relación con Dios que es la oración, donde, la primera gran oración es la celebración de los sacramentos. El sacerdote es el que celebra los sacramentos y llama a la Iglesia, a través del bautismo, a los nuevos miembros y de una manera particular está llamado a ser el instrumento de la misericordia y del amor del Señor celebrando el sacramento de la reconciliación y en segundo lugar haciendo presente y ofreciendo el sacrificio de Jesús en la Eucaristía.

El Papa Benedicto XVI en su primera homilía después de la elección insistió mucho en este aspecto, el de la centralidad de la oración cristiana en la vida de la Iglesia y Carlos Andrés será un sacerdote ordenado en este año en que la Iglesia celebra de una manera solemne y de una manera especial la Eucaristía como presencia del Señor y como sacrificio al Padre.

Cuando el Obispo entregará a Carlos Andrés el cáliz, después de haber ungido sus manos le dirá mira lo que tú recibes y trata de vivir lo que tú haces y esto es también lo que nosotros deseamos a este nuevo sacerdote, que sea siempre en la Iglesia la presencia viva de Jesús; que él mismo con la entrega en su trabajo, en su apostolado sea el que ofrece a Dios toda su existencia y al mismo tiempo haga ver a todos nosotros lo que significa ser persona consagrada que vive profundamente, integralmente y también alegremente sus compromisos de persona totalmente de Dios.

Y en tercer lugar él será el animador de la caridad cristiana. Lo que une a la Iglesia es el amor, es la caridad, y esta caridad no es sólo acto sentimental, es algo que se traduce en unidad, que se traduce en comprensión, que se traduce en solidaridad y Carlos Andrés como sacerdote está llamado a esto también, a coordinar todas las actividades apostólicas y todas las actividades que hay en la Iglesia y en la comunidad a la cual es enviado. Coordinándola en el respeto, avivándola para que todos, con los diferentes dones que el Señor nos ha dado, lo decía San Pablo en la carta a los Corintios ahora, el Señor ha dado a todos un don particular; pero todos nos encontramos reunidos en su amor y en su Espíritu.

Y ahora pedimos al Señor por intercesión de todos los santos, de una manera particular de San Carlos Borromeo que es el patrono de la Congregación Scalabriniana y de la Virgen María que intercedan para que el Espíritu transforme verdaderamente la vida de este ordenado, para que sea siempre la presencia viva de Jesús en la tierra y al mismo tiempo pueda siempre actuar in persona Christi, como la persona misma de Jesús.

Fuente/Autor: Giuseppe Bertello, Nuncio Apostólico en México.

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