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Meditando La Palabra

María visita a su prima Isabel

27 de enero de 2020

Lucas 1, 39-48.
Solemnidad de la Virgen de Guadalupe. Una celebración que expresa alegría y gratitud.

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor. “Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava”.

Reflexión:

La fiesta de Guadalupe ha vuelto a poner en evidencia el infinito amor que mana de los corazones mexicanos hacia su morenita del Tepeyac. Hoy las Iglesias se ven llenas de flores y cantos, y no hay imagen mariana en el país que se quede sin escuchar las mañanitas. El pueblo mexicano representado hace 471 años por la figura de San Juan Diego, vuelve a ponerse una vez más bajo los pies y la tierna mirada de su madre celestial, para agradecerle las gracias recibidas durante el año, y para encomendarse a su protección.

Este es el día en que la virgen repite nuevamente su milagro; hoy florecen nuevas rosas en tierra mexicana. En medio de un invierno materialista y egoísta, de un ambiente lleno de indiferencia y azotado por el pecado, la virgen vuelve a hacer florecer en cada uno de sus hijos mexicanos la semilla que sembró en sus corazones hace ya tantos años. Cada hombre representa una rosa distinta, fresca, brillante. Unos son rosas pintados con los colores de la fe, otros con los de la oración, algunos en cambio con los del amor. A todos ellos la virgen les baña con el agua amorosa de su mirada y les refresca con su sonrisa.

Así como San Juan Diego se presentó al obispo Zumárraga en 1531 para hablarle del mensaje y del cariño de la morenita, del mismo modo este día 12 de diciembre cada uno de los mexicanos se presenta en las Iglesias para ponerse bajo el manto estrellado y amoroso de su madrecita del Tepeyac. Cada persona expresa ese cariño filial hacia la virgen como mejor puede: Unos lo hacen con el mariachi, otros con el rezo del rosario, algunos con el ayuno o la peregrinación; Pero todos llevan el mismo mensaje de amor.

La fiesta del 12 de diciembre es una celebración que expresa alegría y gratitud. Son muchas las personas que hoy se acercan a una imagen mariana para felicitarle . Los adultos y los jóvenes le dicen: gracias virgencita. Mientras que los niños con esa gran sencillez que les caracteriza le susurran: gracias mamita. Esta es la manera de cómo el pueblo mexicano se dirige hoy hacia su patrona y reina. Las calles se visten de gala y en la ciudad se percibe un aroma de rosas. Una vez más se vuelve a escuchar el corazón de cada mexicano aquellas dulces y tiernas palabras que quedarán gravadas por la eternidad: “No estoy yo aquí que soy tu madre…”

Fuente/Autor: P. Juan Manuel Flores Hernández | Fuente: Catholic.net

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