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La Virgen de Zapopan es nuestra paz

27 de enero de 2020

Guadalajara, Jal. Fiesta de la Virgen de Zapopan.

Tiene el pueblo tapatío un amor único. Un acendrado amor a la Madre de Dios. Ese amor explota y llega a su máxima expresión el 12 de octubre, cuando la ciudad engalanada testimonia el regreso de la imagen Zapopana a su santuario, acompañada por una multitud de devotos romeros, provenientes, muchos de ellos, de lejanas ciudades donde radican.

¿Cómo llegó a estas tierras la Virgen de Zapopan?

En los tiempos difíciles de la Guerra del Mixtón, llegó a estas tierras el misionero Fray Antonio de Segovia, a quien con justicia se le llama «El Apóstol de la Nueva Galicia». El santo fraile traía consigo una pequeña imagen de la Virgen María con la que efectuaba su labor misionera. La imagen había sido elaborada en los talleres michoacanos de Mateo y Luis de la Cerda, fundados por Don Vasco de Quiroga. Solamente medía 34 centímetros de altura, estaba manufacturada en pasta de caña de maíz con rostro y manos de madera.
En medio del combate se acercaba a los indios y les sonreía; aunque ellos lo rechazaban, él insistía. De un lado a otro andaba aquel fraile sin cansarse.
Hasta que un día fijaron sus ojos en «lo que traía en el pecho». Vieron sobre el hábito del fraile, una luz; era el rostro de una Niña, una mirada tierna, una sonrisa amorosa…
Entre los soldados andaba el Padre Segovia, con agilidad y prontitud. Se colaba en aquel apretado nudo de combatientes, espantados del griterío de los indios fortificados en el peñón. Si no hubiera sido por la intervención de la Virgen María, no habría cesado el combate.

Se quedó en nuestra tierra

Una vez apaciguados los indios, la Imagen fue conocida como «La Pacificadora»; siendo regalada a los indios zapopanos recibió el nombre del pueblo; se le llamó: Virgen de Zapopan. Ahí le edificaron una pequeña ermita de adobe y paja, desde donde se extendió su devoción, realizando muchos milagros.
El Canónigo Jesús Jiménez, que fue Asesor del Centro de Estudios Históricos «Fray Antonio Tello», afirma que la advocación primitiva de la Virgen de Zapopan fue de la Inmaculada Concepción, porque algunos detalles de la escultura lo manifiestan así, pues tiene sus manos juntas, sobre el pecho. Su fiesta era el 8 de diciembre.
En 1653, gobernando la Diócesis de Guadalajara, el Obispo Juan Ruiz Colmenero, resolvió declararla milagrosa, y ordenó que se festejara el 18 de diciembre de cada año como Nuestra Señora de la Expectación.
Según afirman los historiadores, la advocación se cambió porque el mencionado Obispo Ruiz Colmenero, como amante de la Virgen de Zapopan, anhelaba asistir a la celebración de su fiesta, el 8 de diciembre; pero no podía, porque tenía que estar presente en las solemnidades en su Catedral, ese mismo día. Así que cambió la fiesta al día 18 y modificó su advocación. De esta manera podía tomar parte en las dos fiestas de la Virgen María.

Una Mamá solícita

En el siglo XVIII, la imagen de Nuestra Señora de Zapopan fue declarada Patrona de Guadalajara, contra rayos y tempestades, pues fue durante una tempestad, cuando el capellán de la Iglesia de la Santa Veracruz, administrada por los religiosos de San Juan de Dios, mandó al sacristán a hacer rogativas desde el campanario, siendo allí mismo alcanzado por un rayo. Luego subió el capellán a dar los últimos auxilios al sacristán y fue alcanzado por otro.
Estos hechos impresionaron y alarmaron a la gente, por lo que pidieron a las autoridades eclesiásticas que, durante el temporal de lluvias, trajeran todos los años a Nuestra Señora de Zapopan para implorar su intercesión, a lo cual se accedió.
Pasada la crisis vino la gratitud y el compromiso; los miembros de la Audiencia de Guadalajara tuvieron la iniciativa de solicitar al Obispo, Nicolás Carlos Gómez de Cervantes, la declaración oficial del patronato de la Virgen de Zapopan sobre Guadalajara, como abogada contra rayos, tempestades y epidemias…
Desde entonces (1734), las autoridades civiles y religiosas decidieron, que a partir de esa fecha, la Santísima Virgen visitara la ciudad, llegando el 13 de junio y despidiéndola el 5 de octubre. Así se hizo desde entonces, solamente que al crecer la ciudad y existir más iglesias y parroquias, fue necesario modificar las fechas. Actualmente la Zapopana llega a la ciudad el 20 de mayo y regresa a su santuario el 12 de octubre.

Fuente/Autor: • Raquel Guadalupe Núñez Rojas /El Semanario

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