La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo.

Papa Francisco, Christus Vivit 135
“Salgan de la sacristía, pero salgan para santificar”
01/27/2020
«Un sistema de liberalismo completamente nuevo»
01/27/2020

Scalabrini

«La gran unidad hacia la que caminamos con grandes pasos»

27 de enero de 2020

Celebramos la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos

De los Escritos de J. B. Scalabrini

Ha de llegar un día en que la justicia y la paz se besarán en la frente, que el sol de la civilización cristiana brillará sobre el mundo con luz nueva, que el edificio social se levantará sobre bases, quisiera decir, inquebrantables.

Corresponde a nosotros apresurar ese día. ¿De qué forma? Ganando para la verdad, más con el ejemplo que con las palabras, a los hermanos, profesando abiertamente nuestra fe, obrando en conformidad con la misma, preocupándonos para lograr que en el ánimo de todos, como ya sucede en el de muchos, se grabe la convicción que sólo del Pontificado Romano Italia puede esperar salvación y verdadero bienestar. Hacia esta noble y santa convicción inspirada por el más puro amor a la Iglesia y a la Patria, debe orientarse la actividad común, depuesta toda competencia partidaria. Todos, con la influencia de las virtudes que nos son impuestas, debemos preparar un pueblo capaz de ser gobernado con un régimen paterno, favoreciendo así a los administradores de la obra pública su ardua tarea. Debemos sobre todo recurrir a Dios con la oración, porque, no lo olvidemos, si el Señor no custodia la ciudad, velan en vano aquellos que la custodian.(Sal. 126)

¡Oh sí! ¡recemos, queridísimos! Recemos para que retornen a la fe los equivocados, que se extienda siempre más el reino de Jesucristo, que los designios de su Vicario se cumplan. Recemos y esperemos.

Ya se está volviendo a ideas sanas y justas; muchos rehacen el camino o por lo menos reconocen la necesidad de rehacerlo. Las desilusiones y el desengaño sacuden en forma saludable a las multitudes; se palpa que la impiedad, por más que se enmascare, no es más que tiranía; que sus promesas son mendaces, que sus frutos son mortíferos. Los escritores más leídos desdicen hoy lo que ayer aseguraban con arrogancia, y en los labios de hombres investidos de poder resuenan, aunque sea tímidamente, palabras preciosas inusitadas desde hace muchos años. Todo revela una lenta, pero progresiva evolución de ideas; todo deja presagiar que la sociedad, harta del inmundo materialismo que la corrompe y degrada, esté por encaminarse hacia la suspirada renovación, todo anuncia, como decía De Maistre, no sé qué gran unidad, hacia la cual caminamos a grandes pasos.

Es sin duda la unidad anunciada en el Evangelio, la unidad religiosa por medio de la Iglesia, la unidad, que finalmente hará de toda la tierra, un solo redil bajo la guía de un solo Pastor.

Mis queridos, el hombre se agita, pero Dios lo conduce. Repito, recemos y esperemos.

Al venerable Cleto y queridísimo Pueblo – Piacenza – 2.09.1894

Fuente/Autor: Una Voz Viva

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *