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Scalabrini

LA EMIGRACIÓN DEBE SER ESPONTÁNEA

27 de enero de 2020

De los escritos de Scalabrini

Si los agentes de emigración fuesen, como parece creer el honorable De Zerbi en su informe, nada más que simples intermediarios, o sea, hombres de confianza entre las varias Sociedades de Navegación y los emigrantes, y restringiesen su obra en dar aclaraciones sobre el modo y sobre el tiempo de los embarques, y las agencias no más que simples sucursales de las oficinas centrales de Navegación, no habría de que preocuparse. Su acción, si bien superflua en el mayor número de los casos (ya que esos conocimientos se podrían adquirir, para quien tuviese interés, en las esquinas de las calles y en los despachos públicos), tampoco sería dañina. Por el contrario, a veces podría ser cómoda para los emigrantes. Y aún si los agentes actuasen un poco como motivadores para decidir a los dubitativos, y mostrasen a los pobres sedientos por la miseria, los arroyos americanos frescos y rebosantes como aquellos que en el infierno de Dante hacían extasiar al maestro Adán, no sería el fin del mundo, y se podría cerrar un ojo y decirles con Manzoni: vete, vete, pobre apestado, no serás tú el que arruine a Milán.

Pero la facultad de hacer enrolamientos es algo muy diferente de todo eso, y los agentes, que hacían uso de ella cuando ya estaba vedado por las circulares ministeriales, ¡imagínese si no querrán valerse todavía más ampliamente cuando sea por ley un derecho! Por consecuencia natural las catástrofes, lamentadas en el pasado, aumentarán en la medida de la libertad acordada, ya que por una parte, la experiencia no sirve contra la sed de ganancias insaciables, y la ignorancia, por la otra, o no sabe la suerte que ha corrido quien lo ha precedido en ese camino, o espera tener mayor fortuna.

Las sanciones conminadas por la nueva ley contra los agentes de emigración son severas, y está bien; no lo serán nunca demasiado contra quien, más deshonesto que el ladrón y más cruel que el homicida, empuja a la ruina tantos infelices. ¡Cuántos de ellos, arrancados de su casa con falsas promesas, se fueron al otro lado del océano entre páramos inhóspitos, acechados por mil dificultades insuperables, afortunados si finalmente lograron encontrar un trozo de tierra donde morir en paz! ¡Cuántos abandonados sobre playas desiertas sin vestimentas y sin pan, tuvieron como suma ventura la posibilidad de poder volver, con la desesperación en el corazón, a su pueblo natal! (El proyecto de ley sobre la emigración italiana – Piacenza 1888)

Fuente/Autor: Una voz viva

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