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JUVENTUD, MIGRACIÓN Y MISIÓN

27 de enero de 2020

Visitando los Grupos Juveniles y haciendo visitas a escuelas, o trabajando con jóvenes, uno descubre con alegría que existe mucho potencial. Se habla tanto de que la juventud está perdida, de que los valores se están acabando, de que cada día es más difícil encontrar jóvenes comprometidos con los valores del Reino, y en muchos casos puede que tengan razón.
Sin embargo, también es cierto que existe en los jóvenes un potencial enorme para hacer muchas cosas, una autenticidad a prueba de todo, una entrega a un compromiso que los motive, y sobre todo, entusiasmo para alcanzar sus ideales. Esta es una realidad ambigua que encierra muchas luces y muchas sombras y que cada día lanza más desafíos a la sociedad y a quienes tienen la posibilidad de entrar en contacto con los jóvenes.

A VECES ES CUESTIÓN DE ENFOQUE

Cuando me preguntan sobre qué sucede con los jóvenes, yo contesto que muchas veces es cuestión de enfoque. Es decir, tienen potencial, pero lo tienen mal enfocado. Hay mucha energía, pero está mal canalizada. En ocasiones se desperdicia, y otras veces se utiliza para cosas que no son tan positivas.
Cuestión de enfoque, sí, y sobre todo, cuestión de no saber cómo utilizar todo el potencial que se tiene o no saber dónde canalizarlo. Pongo un ejemplo: Much@s jóvenes participan en Grupos Juveniles, Asambleas de Oración, u otros Grupos Parroquiales, y llegan a tener un verdadero encuentro con Dios, y a hacer una verdadera experiencia de Dios, y sin embargo ahí se queda. Ellos y ellas saben que fue una experiencia que ha transformado sus vidas, pero que ahí se queda. No va más allá, no trasciende. Esto no quiere decir que no sea válida, sino que no ha llegado a la otra parte, que es compartir esa experiencia a otros.

LAS CAUSAS SON MUCHAS

Las causas de todo esto son muchas. A veces no se comparte porque no hay los espacios para hacerlo, es decir, se va al Grupo pero no hay más que eso. No hay un apostolado o una experiencia de misión en la cuale se pueda compartir aquello que se ha recibido. Esto ocasiona que la experiencia se quede solamente como algo bonito, pero solamente como eso. Otras veces, el miedo, el egoísmo y el individualismo presentes en nuestra sociedad nos llevan a encerrarnos en nosotros mismos y a no querer compartir este tipo de experiencias.
Lo dejamos como parte de nosotros, y nos encerramos en ello. No queremos ir más allá. Es como si alguien estudiara solamente para colgar sus títulos en la pared, pero de un cuarto secreto al que solamente esta persona tiene acceso y no deja que nadie más los vea.

A VECES NO SE COMPARTE PORQUE NO SE SABE DONDE…

Hay una cosa que quiero resaltar y que es la motivación para la reflexión de este mes. Una cosa que he notado que crece cada día más en muchos lugares, es que no se comparte lo que se sabe o lo que se ha vivido, porque no se sabe dónde hacerlo. Especialmente lo que ha pasado es que la falta de conciencia social va aumentando.
Nuestra sociedad nos mantiene a través de los medios de comunicación con una venda en los ojos que no nos dejan ver la realidad, La vieja expresión de “Pan y Circo” se vuelve cada día más real, y se traduce muchas veces solamente en “Circo”, pues el Pan es algo que cada día es más difícil de conseguir.
El problema es que muchas personas se contentan con el “circo” y realmente se olvidan que falta el pan. Decía un mimo actuando en la calle, que de aplausos sus hijos no comían, y esa es una realidad.
La falta de conciencia social nos lleva a creer todo lo que escuchamos. Se habla mucho de que nuestra economía está excelente, de que nuestro poder adquisitivo es uno de los más grandes, de que las cosas son cada día mejores. Sin querer entrar mucho en política ni en polémica, no se necesita ser un genio para darse cuenta de que el número de pobres es cada vez más grande, que la falta de educación, la miseria, el desempleo, la economía subterránea crecen como la espuma, y sin embargo parecen ser temas de poco interés para muchos jóvenes.

MUCHO PSICOLOGISMO Y POCO ANÁLISIS DE LA REALIDAD

Quiero aclarar que al usar la palabra psicologismo, me quiero referir, no estrictamente a lo profesional de la psicología, sino a la actitud a veces mal enfundada de que hay que procurar nuestro bienestar a toda costa, y que esto incluye el encerrarnos en nuestro estar bien, sin ser capaces de mirar a nuestro alrededor y ver que las cosas a veces no marchan bien.
Cuando uno va a dar una plática sobre la migración, uno puede escuchar a algunas personas decir: “Y esto, ¿Qué tiene que ver con nosotros, si en este lugar no hay migrantes? Hace poco en mi parroquia de origen, muchas personas se sorprendieron cuando al preguntar sobre quien tiene parientes fuera del país, el número que alzó la mano fue bastante grande.
Hasta ese día, la migración parecía estar muy lejos de nuestra realidad. Es más, era algo que se pensaba estaba “al otro lado de México” o solamente en las fronteras. Ese momento de conciencia fue para algunas personas el momento de preguntarse: “¿Qué podemos hacer?” Y desde ahí, han buscado la forma de ayudar a hacer de este fenómeno parte de la vida de la parroquia y algo que ya no es ajeno a sus vidas.
Muchas de estas personas podrían decir: “Bueno, yo estoy bien, yo no emigro, ¿Por qué preocuparme entonces de este fenómeno que no tiene que ver conmigo?” Sin embargo, el descubrir que la migración se hace presente en las vidas de muchos integrantes de la comunidad parroquial los impele a querer hacer algo, para solucionar de la mejor forma posible, esta realidad.

LA REALIDAD NOS CUESTIONA CUANDO LA CONOCEMOS

Podemos hablar de muchas situaciones, de muchos problemas que están presentes en nuestra sociedad y que caminan como fantasmas, y digo esto porque muchas veces no podemos verlos. Caminan “ajenos” a nuestra realidad, se mueven en otro mundo y a veces pasan desapercibidos toda nuestra vida. Sin embargo, esto no quiere decir que no existan.
Analizar la realidad, estudiar, prepararnos, va haciendo en nosotros una conciencia crítica capaz de cuestionar la realidad que vemos, y la realidad que otros nos presentan; pero especialmente nos lleva a cuestionar la realidad que otros tratan de ocultarnos.
Ciertamente, cuando decidimos analizar la realidad, vamos por el trago amargo de descubrir que no es lo que pensábamos y sobre todo, por el trago amargo de sentirnos motivados a hacer algo para cambiarla. Esto es nuestro compromiso como cristianos, esto es lo que Cristo hizo cuando vino aquí: descubrió que la realidad que la gente vivía en todos los niveles no era la que su Padre quería para el mundo. Esto lo vio, lo analizó, y esto fue lo que Jesús quiso cambiar. Esto fue lo que le costó persecución, abandono, soledad y muerte: sin embargo, esto fue lo que le dio congruencia de vida, fuerza, motivación y la paz de saber que estaba haciendo lo que Dios le pedía hacer.
Como discípulos de Él, esto es lo que estamos llamados a hacer, esto es lo que es nuestra vocación: el deseo de ver el mundo que Jesús quiso que viéramos y de transformarlo como Jesús quiso que fuera. Te invitamos a unirte a esta aventura, no te vas a arrepentir.

– P. Chan, cs –

Fuente/Autor: Padre Chan

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