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ENERO, UNA CUESTA PARA ARRIBA

27 de enero de 2020

Enero se presenta como el primer mes del año, y como el tiempo en el que tratamos de “sobrevivir” luego del año que hemos dejado atrás. El 2005 es un año que nos ha dejado muchos sinsabores. Los desastres naturales estuvieron a la orden del día, y a eso se aunaron otros eventos que nos han puesto a pensar en todos los campos que hay mucho por hacer y que tal vez, son llamados de nuestro Dios, del mundo y la naturaleza para reconsiderar nuestras opciones y la forma como a veces nos desarrollamos.

LA NATURALEZA SE ENSAÑÓ

En este año que terminó, la naturaleza nos hizo una llamada de atención y nos mostró que cuando quiere hacerse presente en nuestras vidas, lo hace de forma impresionante, majestuosa, y hasta violenta. No alcanzaron los nombres para los huracanes que se dejaron sentir con toda su fuerza y nos mostraron nuestra fragilidad.
En otras partes, las sequías hicieron de las suyas, y paradójicamente mientras muchas personas carecían del líquido vital para su consumo y cultivos, en otras partes, el agua se desbordó matando a muchos inocentes.
Entre la fuerza devastadora de la naturaleza y nuestras omisiones, necedades, incompetencias, olvidos y corrupción, el panorama en muchas partes se volvió desolador. Como ya estamos acostumbrados, las zonas necesarias para explotación turística fueron “reparadas” casi de inmediato, y las zonas que pragmáticamente no tienen ningún interés continúan esperando ayuda para la reconstrucción.

EN PARTE, SOMOS CULPABLES

Cuando estas cosas suceden, nuestra razón casi inmediata, es buscar culpables. No sé si los seres humanos tenemos esta capacidad de descargar nuestra culpa y una predisposición a la búsqueda de “chivos expiatorios” que nos ayuda de algún modo a evadir nuestra propia responsabilidad.
Cuando pasan los desastres naturales, se busca primero a los responsables en el campo humano, tratando de encontrar quién o quiénes fallaron con su responsabilidad y que terminó afectando la vida de otros. En el caso de Nueva Orleáns por ejemplo, se supo de la negligencia para el uso de los recursos económicos destinados a una obra de protección civil que terminaron apoyando a la guerra en el medio oriente. Hoy, miles de muertos no podrán reclamar por esta negligencia, y otros muchos tratarán de sobreponerse a la tragedia y seguir adelante.
Otros elevamos la mirada hacia Dios y lo culpamos de lo que pasa. En nuestra rabia y dolor por la tragedia, descargamos en Dios nuestra impotencia . Hablamos hasta de castigo de parte de la divinidad y hay quienes elaboran doctrinas religiosas para sustentar estos “castigos.”
Otros tratamos de asumir la actitud racional de que la naturaleza está cambiando, que contra su fuerza y majestuosidad no hay mucho que hacer. Se habla de ciclos que se repiten cada cierto tiempo; se habla de selección natural de las especies y de otras tantas teorías que buscan dar una respuesta a estas interrogantes.
Otros, con sentimientos más ecológicos, buscamos crear una cierta conciencia, y a veces decimos que la naturaleza está “cobrando” el daño que le hemos hecho. Aún con todo esto, muchas veces se nos olvida asumir nuestro papel y responsa-bilidad y descubrir que hemos hecho una explotación desmedida de los recursos naturales. Se habla de un calentamiento de la superficie de la tierra, de que los glaciares se están descongelando, de la destrucción de la capa de ozono, de la tala inmisericorde de árboles, de la caza y extinción de especies animales, del desastre ecológico que causan la contaminación, la polución, del desequilibrio que se da en situaciones de guerra y violencia.
Y escuchamos todo esto y se vuelven voces monótonas que cruzan por nuestros sentidos como ráfagas fugaces y desaparecen en el desinterés y la ignominia.

ESTA ACTITUD SE MUEVE A TODOS LOS CAMPOS

Si buscamos a otros niveles, la falta de conciencia crítica se hace más evidente. Viene el año de elecciones, y el circo y espectáculo político ya tiene rato que ha comenzado. Situaciones de corrupción, de nepotismo, de incapacidad política saltan a la luz pública en muchos de los casos, no para buscar soluciones, sino para obtener los votos necesarios para triunfar. Lo demás sale sobrando.
La pobreza sigue extendiendo sus tentáculos y parece jugar una carrera casi a la par con la miseria. Lo que se creía que económicamente nos iba a favorecer a todos, nos sigue mostrando una realidad que nos ha acompañado desde antaño: los ricos cada vez son menos y más ricos, y los pobres cada vez somos más, en número y en menor poder adquisitivo. Y sin embargo, el desinterés y la apatía se vuelven más fuertes, la indiferencia política aumenta y esto genera que no haya cambios sustanciales en las estructuras sociales.

NUESTRO COMPROMISO CRISTIANO, UNA HERRAMIENTA VALIOSA

Enero y el nuevo año se vuelven una oportunidad muy grande para asumir nuestro compromiso cristiano. En este tiempo de propósitos de año nuevo, hay la enorme oportunidad de poner nuestro compromiso cristiano como propósito de año nuevo.
Es una nueva oportunidad para decirle al Señor que aquí estamos, que somos parte de su equipo y que queremos ayudarle nuevamente a llevar a cabo la obra salvadora en el mundo.
Este tiempo de año nuevo nos lleva a la oportunidad de renovar nuestras pilas para seguir adelante, para asumir nuevos proyectos y compromisos en el campo de nuestra religión. Es un recomenzar la lucha, de seguir en nuestro proceso de búsqueda de la voluntad de Dios.
Sabemos que muchas cosas las podemos hacer, pero a veces nuestro espíritu se ha enfriado. Hemos dejado que el “invierno” congele nuestras ganas, nuestro entusiasmo y nuestro deseo de ser mejores. A veces nos hemos conformado con lo que es más fácil, con lo que no nos compromete.
Dejamos que las cosas sucedan y aunque sabemos qué hacer, muchas veces damos un paso atrás y no hacemos nada por cambiar nada. Comprometernos a vivir nuestra vida cristiana y los valores del Reino es una opción que debemos asumir como cristianos y continuar la obra salvadora de Dios.

LA CRÍTICA POR SÍ SOLA NO SOLUCIONA NADA

Criticar por criticar, no soluciona nada. Hablaremos mucho, de que muchas cosas y estructuras andan mal, que no son las más convenientes, que nos oprimen, que nos agobian; pero hasta ahí.
Podemos culpar a tantas cosas y a tantas situaciones de nuestra infelicidad; pero si no hacemos algo para buscar lo mejor, no avanzaremos en nada. Dios nos ha llamado para buscar su Proyecto en nuestras vidas.
Podemos darnos por vencidos y ver que otros lo van realizando; pero sentarnos para verlos pasar como un desfile de modas en el que criticamos tal o cual vestido, no nos dejará al final de todo el sentimiento de la autorrealización. Haremos muchas cosas a medias.
Enero, en sentido figurado es una “cuesta” para escalar, para mirar que hay al final, y que paradójicamente en el nombre lleva lo que implica. Es una “cuesta,” es decir, cuesta. Se requiere de un gran esfuerzo, de una perseverancia, de un deseo de triunfar, de entusiasmo, de deseo de luchar. Requiere sacrificio.

UNA OPORTUNIDAD PARA NO DEJAR PASAR OTRO AÑO

Ojalá, queridos Jóvenes Sin Fronteras, aprovechemos este nuevo año para replantear en nuestra vida nuestras opciones. Que aprovechemos para la búsqueda de decisiones que hagan valer nuestro compromiso cristiano.
Tenemos la vida en nuestras manos para realizar el Plan de Dios. Contamos con la ayuda de Jesús, nuestro Salvador, quien intercede ante Dios por nosotros y nos acompaña en nuestras opciones. El resto está en nuestras manos.
Que este nuevo año nos ayude a seguir adelante, a volvernos instrumentos de salvación y mensajeros de esperanza, que después de situaciones como las que hemos vivido en el año que terminó, se necesitan para la construcción de nuevos horizontes para todos.
Padre Chan, cs

Fuente/Autor: Padre Chan, cs

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