“No hay alegría más pura y más santa que en el atenderse unos a otros, comunicarse unos con otros”.

Beato Scalabrini
REFLEXIONES DE JUAN BAUTISTA SCALABRINI
01/27/2020
DE LOS ESCRITOS DE JUAN BAUTISTA SCALABIRNI
01/27/2020

Scalabrini

J.B. Scalabrini y la inmaculada

27 de enero de 2020

«María es la humanidad regenerada»

No terminaría más, oh muy queridos, si quisiera enumerar todos los enormes bienes que aportó sobre la tierra el Dogma de la Inmaculada.

¡Miren, les diré solamente, la serenidad y tranquilidad de la Iglesia en la presente lucha! La guerra está alrededor de ella, pero no dentro de ella. La cizaña ya se ha separado del trigo elegido; los falsos católicos, sacada la máscara, se han manifestado como lo que realmente eran y la Iglesia goza ya aquella paz que había sido predicha desde tantos años. En efecto, la paz más gloriosa para la Iglesia no consiste tanto en descansar de las luchas a las que la ha enviado su Divino Esposo y por las cuales se denomina Militante, sino, principalmente, en conservarse depositaria de lo verdadero y de lo justo contra los mil adversarios que la circundan; consiste en la comunidad de las ideas y del conocimiento de lo verdadero fundado en el íntimo acuerdo con la primera de todas las Autoridades. Y, no obstante las vicisitudes humanas, ¿ésta paz no se ha alcanzado? Sí, la Iglesia goza ahora de aquella paz verdadera, espiritual, eterna, que los Ángeles anunciaron al mundo en el nacimiento de Cristo y que Cristo mismo dejó en herencia a sus discípulos; aquella paz, finalmente, que es el establecimiento y la dilatación del Reino de Dios entre los hombres (…).

Yo desafío a que señalen otra época en la cual el patrocinio de María apareciera tan evidente y sensible como en nuestra época, y que la paz interna de la Iglesia fuese tan grande como se manifestó, una vez definida Su Inmaculada Concepción. Desde la gruta de Lourdes, Ella misma, la gran Virgen, con su propia boca, ¿no confirmó de la manera más indiscutible la más excelsa dote del Ministerio Pontifical, la Infalibilidad, con aquellas palabras: Yo soy la Inmaculada Concepción? ¿No es quizás por Ella que tantos pobres ilusos abren ahora los ojos a la verdad y las flores más perfumadas y alegres, de los áridos campos del protestantismo, de mano en mano van transplantándose en los místicos canteros de la única verdadera Iglesia de Jesucristo? (…).

Como la Encarnación del Verbo fue la efusión del perdón y del amor de Dios hacia el mundo, que lo había olvidado por completo, así María Inmaculada en el siglo XIX es la humanidad regenerada que vuelve a los brazos de su Dios. María Inmaculada en el siglo XIX es la encantadora formación de las más selectas virtudes, las cuales, como ya sucedió cuando apareció el Salvador, avanzan sobre la faz de la tierra para tomar posesión de ella, justamente en la hora en que la inundan todos los vicios. Es la humildad que viene a derribar al orgullo, es la caridad que sustituye al egoísmo, es la pureza que defiende a la acechada inocencia. María Inmaculada en el siglo XIX es la victoria completa del espíritu sobre la carne, es la emancipación del delito, del envilecimiento, de la esclavitud, es la proclamación de la dignidad, de la nobleza, de la grandeza de la naturaleza humana. María Inmaculada en el siglo XIX es el más dulce consuelo para los pobres y los afligidos. ¡Ella era totalmente inocente, no estaba, por lo tanto, sujeta a la pena debida a la culpa, y sin embargo soportó la pobreza, las humillaciones, los dolores más agudos, hasta convertirse en la Reina de los Mártires! María Inmaculada en el siglo XIX es para los ricos el saludable recuerdo a no aferrarse a los bienes de la tierra sino a los del Cielo y a practicar las obras de caridad cristiana con los pobres de Cristo.

¡Ella, si bien fue Madre de un Dios y amada por Él más que todas las criaturas juntas, no fue dotada de otras riquezas más que las riquezas del Cielo! María Inmaculada en el siglo XIX es incentivo para los justos a tener en cuenta la gracia y para los pecadores, poderoso estímulo para dejar el pecado. ¡María Inmaculada en el siglo XIX es finalmente el arco iris de paz tendido entre las discordias de las familias, entre el tumulto de funestos acontecimientos, entre los temores y las amenazas de los más terribles desastres!

En recuerdo del primer faustísimo jubileo de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de María Santísima . Piacenza 1879

Fuente/Autor: Un voz viva

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