Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

Papa Francisco
DE LOS ESCRITOS DE JUAN BAUTISTA SCALABRINI
01/27/2020
Escritos de Juan Bautista Scalabrini
01/27/2020

Scalabrini

DE LOS ESCRITOS DE JUAN BAUTISTA SCALABIRNI

27 de enero de 2020

«El Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros»

¡Misterio grande, misterio inefable, misterio dulcísimo! Quiere decir, por lo tanto, que el Verbo de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros (Jn. 1, 14), que la divinidad se unió a la humanidad y que el Invisible se hizo visible, el Omnipotente se hizo débil, el Eterno comenzó a existir, el Inmenso se hizo limitado, llegado a ser lo que no era sin cesar de ser lo que era (Flp. 2, 6). Quiere decir que si en una época las naciones temían al sólo nombrar la divinidad, nosotros tenemos a un Dios que no quiere ser temido, sino amado (Rom. 8, 15). Por lo tanto, deja la gloria; oculta la majestad, se despoja de toda ostentación de grandeza para no manifestarse más que como hombre (Flp. 2, 7).

El es Aquel que habita en la altura de los cielos, que se pasea sobre las alas de los vientos y que mide con una sola mirada la tierra, El es Dios (Jn 1, 1); sin embargo casi teme manifestarlo y parece cuidarse de no dejar aparecer de Sí más que la sola humanidad para hacer completamente popular su clemencia (Tit. 3, 4).

«En Él estamos envueltos por el Padre en un único acto de amor»

Dios ama a su Hijo y lo ama esencialmente y es imposible que se complazca en otros más que en Él, porque el amor de Dios es infinito y no puede tener otro objeto que un objeto infinito: Hic est Filius meus dilectus in quo mihi bene complacui [Este es mi hijo predilecto en el cual he puesto mi complacencia] (Mt. 17, 5). Pero ese Hijo suyo querido se hizo hombre. Por lo tanto, en Él ama al hombre. Con una única complacencia y dilección, en Jesús abraza todo, también el cuerpo, también la carne, también el alma. Ahora nosotros somos aquella carne, aquellos huesos; nosotros somos aquella naturaleza; somos un cuerpo con Cristo y en El y por El somos hechos hijos de Dios, mejor dicho, el mismo Hijo de Dios que se prolonga en nosotros. Por lo tanto, nosotros también en El estamos envueltos y comprendidos por el Padre en un solo acto de amor; y como en nosotros y sobre nosotros se extiende y despliega la filiación por la cual Cristo es Hijo de Dios, así también se extiende y despliega en nosotros el amor del Padre y por lo tanto en su Hijo de por sí grato y querido para El, también nosotros estamos hechos para ser gratos y queridos para El: gratificavit nos in dilecto Filio suo [Nos ha complacido en su amado Hijo].

Carta Pastoral para la Santa Cuaresma – 1878)

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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