La juventud es un tiempo bendito para el joven y una bendición para la Iglesia y el mundo.

Papa Francisco, Christus Vivit 135
REFLEXIONES DE JUAN BAUTISTA SCALABRINI
01/27/2020
DE LOS ESCRITOS DE JUAN BAUTISTA SCALABIRNI
01/27/2020

Scalabrini

DE LOS ESCRITOS DE JUAN BAUTISTA SCALABRINI

27 de enero de 2020

«Es el Verbo de Dios, el Alfa y el Omega, el Mesías»

¿Quién es Jesucristo? El es el Alfa y el Omega, el principio y el fin (Apoc. 1, 8). El es anterior a todos, el primogénito de toda la creación (Col. 1, 15). Es el heredero, el centro del mundo visible e invisible (Heb. 1, 2), el compendio de los siglos (Heb. 13, 8). Sin la luz que emana de El todo es bruma; sin su obra, el orden de la naturaleza y de la gracia, el hombre y el mundo, el pasado y el futuro son un libro cerrado con siete sellos (Apoc. 5, 1).

Carta Pastoral para la Cuaresma de 1878

«El centro de la creación»

Jesús es el centro común de la creación; es el anillo precioso que une la obra del Omnipotente al Creador divino; es la meta de todas las obras y de todos los designios de la Providencia; es la razón suprema, última de todas las intenciones de Dios en la humanidad redimida de la cual es cabeza; es la norma de todos nuestros progresos, es la única y verdadera luz que ilumina a cada hombre y por lo tanto a la humanidad entera.

Ibidem

«El Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros»

¡Misterio grande, misterio inefable, misterio dulcísimo! Quiere decir, por lo tanto, que el Verbo de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros (Jn. 1, 14), que la divinidad se unió a la humanidad y que el Invisible se hizo visible, el Omnipotente se hizo débil, el Eterno comenzó a existir, el Inmenso se hizo limitado, llegado a ser lo que no era sin cesar de ser lo que era (Flp. 2, 6). Quiere decir que si en una época las naciones temían al sólo nombrar la divinidad, nosotros tenemos a un Dios que no quiere ser temido, sino amado (Rom. 8, 15). Por lo tanto, deja la gloria; oculta la majestad, se despoja de toda ostentación de grandeza para no manifestarse más que como hombre (Flp. 2, 7).

El es Aquel que habita en la altura de los cielos, que se pasea sobre las alas de los vientos y que mide con una sola mirada la tierra, El es Dios (Jn 1, 1); sin embargo casi teme manifestarlo y parece cuidarse de no dejar aparecer de Sí más que la sola humanidad para hacer completamente popular su clemencia (Tit. 3, 4).

Ibidem

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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