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Rincón Vocacional

Entrevista al Padre José Juan Cervantes

27 de enero de 2020

1.- Preséntate, por favor:

Nací en México, D.F. el 10 de junio de 1970. Mis papás se llevaban muchos años de diferencia, por ese motivo no tuve hermanos. Como hijo único desde muy pequeño viví situaciones que me llevaron a ser responsable e independiente. La convivencia con mis padres fue muy intensa. Mi papá era abogado y mi mamá siempre se interesó por ayudar, así que desde niño me interesé por buscar la justicia y por ayudar. A los ocho años nos cambiamos para Guadalajara, Jal.En la Prepa formé parte de un grupo apostólico de la escuela, en el cual rezábamos y dábamos catecismo en colonias de la periferia de la cuidad. Desde entonces empecé a tener la inquietud de ser misionero.

2.- ¿Cómo decidiste entrar y cual fue tu experiencia en el seminario?

Después de la prepa fui de misión a la sierra Tarahumara. Empecé a estudiar la carrera de licenciado en economía pero tenía la inquietud de dedicarme a ayudar, todavía sin tener claro donde y de que modo. Buscando un lugar donde hacer una experiencia misionera, alguien me contó acerca del trabajo que los Misioneros de San Carlos hacían con los migrantes en en las fronteras. Contacté al Padre Román para pedirle información. Cuando vine al seminario por primera vez, vi unas fotografías de sacerdotes que conocía. Sin yo saberlo, los Misioneros de San Carlos nos habían acompañado a mi mamá y a mí cuando mi papá falleció. A parte de las “Diocidencias”, me gustó mucho la misión específica de la Congregación. En aquel primer encuentro con P. Román, él me ofreció acompañarme para descubrir que quería hacer de mi vida. Pedí la oportunidad de ir como voluntario a una de las misiones de la Congregación. Fui enviado a Ciudad Juárez por un año y medio. La experiencia fue muy fuerte en lo apostólico y también en lo espiritual, poco a poco fui descubriendo que quería dedicar mi vida al servicio de la gente en movimiento. En seguida tuve la inquietud de irme otra vez como voluntario a Mozambique, a trabajar en un campo de retornados. Por vueltas que da la vida, vine al seminario de Guadalajara en espera de que llegara el tiempo de poder irme a la misión. Poco a poco me fui dando cuenta que mi sueño era muy bonito pero poco realista y al mismo tiempo me empecé a preguntar sí ir a África era mi voluntad o era realmente la voluntad de Dios. Decidí seguir la experiencia del seminario y buscar hacer la voluntad de Dios y no la mía. Gracias al acompañamiento de los formadores, las experiencias de misión, los estudios, la convivencia con los compañeros y la confrontación honesta conmigo mismo, decidí continuar en el seminario. Al terminar la filosofía me quedaba claro que quería ser religioso (vivir la castidad, la pobreza y la obediencia) y que quería ser Scalabrinano (dedicar mi vida al servicio de la gente en movimiento según el ideal del Beato Scalabrini). Hice el noviciado en Purépero, Mich. y fui enviado a continuar mi formación teológica en Manila, Filipinas. Fui ordenado sacerdote hace poco más de dos años. Estoy muy contento del camino que elegí para ser feliz, pero el ser sacerdote no significa que ya no me pregunto cual es la voluntad de Dios para mi vida. Al contrario, ahora las preguntas son con respecto a cómo mantenerme fiel a la opción que hice y cómo ser instrumento de la misericordia de Dios para todos los que se relacionan conmigo.

3.- ¿Qué trabajo misionero haces?

Actualmente vivo en Buenos Aires, Argentina. Tengo a mi cargo el Apostolado del Mar, doy una mano en el Centro de Estudios Migratorios que tiene la Congregación en Buenos Aires, estudio sociología y los fines de semana celebro los sacramentos en una parroquia en la periferia donde viven personas con diferentes orígenes. En este tiempo he descubierto que ser mensajero de Cristo entre la gente que experimenta desarraigo, discriminación y soledad, me invita a ser optimista, disponible, sincero y al mismo tiempo cuidadoso de no herir. El ser misionero scalabrinano es para mí estar abierto a las personas sin importarme de donde vienen o a donde van, es convertirme en un compañero atento a los acontecimientos de cada día en los que Dios se manifiesta.

4.- Tu mensaje a los JSF

En una época en la que es tan difícil comprometerse y arriesgar, es fundamental recordar que Dios es misericordioso con nosotros y nos acompaña por el camino de la vida. Dios nos ama, a nosotros nos corresponde decidir con responsabilidad que hacer con nuestra vida. Comprometerse significa ser capaz de decidir y asumir las consecuencias de nuestras decisiones. No tengan miedo a arriesgar y a ser responsables, Dios está con ustedes. El compromiso con Dios se vive en el compromiso por ser feliz y hacer felices a otros.

En la Foto – El Padre José Juan (el primero a la izquierda) con unos colaboradores.

Fuente/Autor: Padre José Juan, cs

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