“No hay alegría más pura y más santa que en el atenderse unos a otros, comunicarse unos con otros”.

Beato Scalabrini
«Cuando nosotros oramos, es el universo que ora en nosotros y con nosotros»
01/27/2020
«También en el Cielo la Iglesia ora»
01/27/2020

Scalabrini

«El mismo Verbo de Dios oró»

27 de enero de 2020

De los Escritos de Juan Bautista Scalabrini.

Y ya que el Verbo de Dios se hizo hombre para instruirnos, no sólo con los preceptos, sino también con los ejemplos, Él mismo oró al Padre, Él que con el Padre era una sola cosa, Él al cual el Padre había dado en potestad todas las cosas. Oró con recogimiento en el desierto; oró solo en el monte, velando la noche entera; oró ante la tumba de Lázaro y a la entrada de Jerusalén; oró antes de dar comienzo a su misión; oró en el templo, en el cenáculo, en el Getsemaní, en el Calvario; oró hasta el último suspiro para arrancar de los suplicios eternos a la humanidad que en Él, turbada, temblaba, sudaba sangre y caía bajo los golpes de muerte (…).

Ahora bien, exclama San Cipriano, si ora Jesús, que era el Santo de los Santos, ¿cuánto más deben orar los pecadores?

¿Si ora la Cabeza, cómo no orarán los miembros? ¿Y si el divino Maestro tan profundamente sintió la necesidad de la oración, cómo no deberán sentirla los discípulos?

También el ejemplo de la Iglesia nuestra Madre debe persuadirnos, oh queridos, de la necesidad de la oración. Toda su vida como la de su divino Fundador, es, se puede decir, una oración continua. Ella ora todos los días y todas las horas del día; ora por sí, ora por los hijos que luchan en este mundo, ora por aquellos que salieron de esta vida y gimen en el Purgatorio, ora por la conversión de los pecadores, por la perseverancia de los justos, por la victoria final de los moribundos, por la gracia de la eterna salud de todos, ora a Dios, a la Virgen, a los Santos; ora por los bienes necesarios para la vida, ora por la erradicación de los errores, por el triunfo de la verdad y de la justicia, y en sus templos resuena siempre la oración.

La oración – Piacenza 1905

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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