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El fenómeno global de las migraciones, oportunidad de diálogo y evangelización

27 de enero de 2020

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 25 octubre 2005

La Iglesia debe hacer de las migraciones un vehículo de diálogo y de anuncio del mensaje cristiano, asegura una carta conjunta de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes y los Itinerantes.

La carta, fechada el 7 de octubre, está dirigida a los encargados en las diócesis de la pastoral de los emigrantes y lleva la firma de los cardenales Crescenzio Sepe, prefecto de la Congregación, y Stephen Fumio Hamao, presidente de ese Consejo Pontificio.

Ambos reconocen que «las actuales migraciones constituyen el movimiento humano más vasto de todos los tiempos».

La carta busca promover la aplicación sobre el terreno de la instrucción vaticana «Erga migrantes caritas Christi» (La caridad de Cristo hacia los emigrantes, 14 de mayo de 2004), pensada para responder «a las nuevas necesidades espirituales y pastorales de los emigrantes».

Los cardenales invitan en su misiva «a buscar en el nuevo documento sugerencias y orientaciones pastorales y misioneras, fruto de la experiencia de la Iglesia universal, al servicio de las personas implicadas en este fenómeno».

Las migraciones actuales afectan, según datos del documento, al menos a 175 millones de hombres, mujeres, niños y ancianos, «que viven fuera del propio país de origen como emigrantes económicos o como refugiados o solicitantes de asilo, lo que equivale al 2,9% de la población mundial».

Esta migración preocupa a los pastores «incluso cuando es voluntaria, regular o legal, pero más todavía cuando los movimientos son irregulares, a menudo realizados con la ayuda de organizaciones criminales», reconocen.

«La Iglesia en su universalidad, pero también en su realidad local, está llamada por tanto a escrutar e interpretar, a la luz del Evangelio, este signo de nuestro tiempo», indican.

Este discernimiento, según los firmantes del mensaje, debe inspirar «disposiciones y acciones, programas y estructuras» en las Iglesias locales que incluyan «la dimensión misionera, la comunión entre las Iglesias de origen y las de llegada, y además la tarea eclesial de tutela de la persona humana, así como de la institución familiar afectada por la emigración».

Los purpurados subrayan cuatros aspectos especialmente «relevantes».

En primer lugar, la experiencia migratoria, «a pesar de todas sus dificultades, es también una ocasión de nueva evangelización y de misión», «con espacio además para el diálogo interreligioso», indican.

En segundo lugar, «la pastoral de los emigrantes nace, según la visión conciliar, de una eclesiología de comunión, que se expresa, entre otras cosas, a través del diálogo entre Iglesias de partida y de llegada».

Sobre los derechos humanos de los emigrantes, la doctrina social de la Iglesia y la Instrucción recuerdan que «el ser humano no puede nunca ser degradado a instrumento, fuerza de trabajo, mercancía o cualquier otro factor de producción».

Por tanto es necesario defender los derechos de los emigrantes, prestando mucha atención «a las causas de muchas injusticias y diferencias que están en el origen de las migraciones y de los traslados coaccionados».

El último elemento subrayado es que «la dimensión socio-caritativa del apostolado en el área de la migración humana necesita completarse con la dimensión propiamente eclesial y misionera, ecuménica e interreligiosa».

En particular, la carta invita a hacer que los emigrantes católicos se conviertan en protagonistas de la acción evangelizadora en los países de destino, y no sólo en receptores.

De este modo, concluyen los dos cardenales, «el aspecto dramático de la migración», puede convertirse en «anuncio del misterio pascual por el cual la muerte y resurrección tienden a la “nueva creación”, en la que, más allá de las diferencias étnicas o culturales, cuenta la unidad en Cristo».

Fuente/Autor: Zenit

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