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Scalabrini

EL DERECHO NATURAL DE EMIGRAR.

27 de enero de 2020

Desde los Escritos del Beato Juan Bautista Scalabrini

“Un derecho sagrado”

Aquellos que quisieran obstaculizada o limitada la emigración en nombre de consideraciones patrióticas y económicas, y aquellos que la quieren, en nombre de una mal entendida libertad, abandonada a sí misma sin consejo y sin guía, o no razonan por nada o razonan, según mi opinión, como egoístas y despreocupados. Efectivamente, prohibiéndola se viola un sagrado derecho humano, abandonándola a sí misma se la hace ineficaz. Los primeros, olvidan que los derechos del hombre son inalienables y que, por lo tanto, el hombre puede ir a buscar su bienestar donde más le convenga; los segundos, que la emigración, fuerza centrífuga, puede convertirse, cuando está bien dirigida, en fuerza centrípeta poderosísima. Efectivamente, además de causar alivio a aquellos que quedan por la disminución de la concurrencia de aportes de brazos y con nuevas salidas abiertas al comercio, se vuelve ella de inmenso provecho adquiriendo influencias y aportando bajo mil formas los tesoros de actividades sustraídas por un momento a la nación (…).

El discutir teóricamente, si la emigración es un bien o es un mal, es inútil aquí, siendo suficiente para mi objetivo el constatar su existencia. Pero después de las búsquedas que he emprendido para reunir datos estadísticos y los hechos que sirven como base de este breve trabajo mío, y en las conversaciones familiares, me he dado cuenta de una gran confusión de ideas sobre este punto, no sólo entre la burguesía y los particulares, sino también entre los periodistas y personas que se dedican a la cosa pública, así que he creído no del todo inoportunas estas consideraciones.

Especialmente los propietarios de tierras, donde la emigración de los campesinos es más numerosa, preocupados por este repentino empobrecimiento de brazos, que se traduce en un adecuado aumento de beneficios para los que se quedan, han hecho oír sus quejas al gobierno y por medio de diputados y de asociaciones han pedido providencias “para sanar y circunscribir esta dolencia moral, esta deserción, que despoja al país de brazos y de capitales fructíferos, que hace quebrar los pactos colonialistas y deja tras de sí el desgano y la insubordinación sin ninguna ventaja para los emigrantes, porque los campesinos desprovistos de capitales y de conocimientos serán siempre y en todas partes proletarios, y la miseria de la que intentan huir abandonando la patria, los seguirá siempre como la sombra de su cuerpo, aumentada por nuevas necesidades y por el aislamiento” (Actas parlamentarias, sesión l2 de febrero de l879).

Como cada uno puede fácilmente darse cuenta, estas razones y estos consejos se inspiran más en los intereses de los ricos que quedan, que en las necesidades de los pobres que están obligados a irse, y si las autoridades le prestaran oído fácil y conformaran su obra con esas sugerencias, sería cosa inútil, injusta y perjudicial. Inútil, porque no llegaría jamás a suprimir la emigración; injusta, ya que es injusto y tiránico todo acto que interpone obstáculos para el libre ejercicio de un derecho; perjudicial, porque la emigración tomaría otro camino diferente al natural que son nuestros puertos, como ha sucedido todas las veces que el gobierno, por un mal entendido espíritu de patriotismo, puso trabas a la emigración. (La Emigrazione italiana in América – Piacenza 1887)

En la foto – Los restos de Juan Bautista Scalabrini expuestos a la veneración de los fieles en la Catedral de Piacenza, Italia.

Fuente/Autor: UNA VOZ VIVA

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