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«Dios es amor», la primera encíclica de Benedicto XVI

27 de enero de 2020

La presentación oficial tendrá lugar el próximo 25 de enero en la Oficina de Prensa de la Santa Sede

Durante la audiencia general de esta mañana, Benedicto XVI anunció que el próximo 25 de enero se publicará su primera encíclica, cuyo título es: “Deus Caritas est” (Dios es amor). La presentación oficial tendrá lugar ese mediodía en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Explicando el contenido del documento, el Papa dijo que “hoy, el amor se entiende a menudo en un modo muy distinto a como lo enseña la Iglesia. Se trata de un único movimiento que tiene varias dimensiones”.

“La caridad -continuó- es “el amor que renuncia a sí mismo en favor del otro. El “eros” se transforma en ágape si se busca el bien del otro; se transforma en caridad si se abre a la propia familia y a toda la familia humana”.

El Santo Padre afirmó que la encíclica “trata de demostrar que el acto personalísimo del amor se debe expresar en la Iglesia como acto también organizativo: si es verdad que la Iglesia es expresión de Dios, también es verdad que el amor es un acto eclesial”.

“Me parece un gesto de la Providencia el hecho de que la encíclica se publique precisamente el 25 de enero, jornada conclusiva de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, día en que rezaré junto a los hermanos protestantes y ortodoxos en la basílica de San Pablo Extramuros”.

Benedicto XVI concluyó manifestando el deseo de que el texto “ilumine nuestra vida cristiana”. 18 ENE 2006 (VIS)

La Encíclica «Dios es amor», la primera de Benedicto XVI, está dedicada al sentimiento que le da título y no es tanto una tesis programática de su Pontificado (como se había dicho), sino un alegato apasionado del amor como sentimiento más universal; amor hacia Dios y entre los hombres. Gracias a los esfuerzos de la Agencia ANSA, ya podemos leer las primeras líneas del esperado documento, aunque no sea sobre el papel aún caliente de las imprentas vaticanas, sino en la fría pantalla de un ordenador. «Dios es amor», comienza el texto. El Pontífice continúa remarcando que «quien está en el amor permanece en Dios y Dios permanece en él».

El mensaje entronca después con el amor entre los hombres y se interna en las selvas del deseo carnal. Dice Benedicto XVI que aquel que se encierra en un amor egoísta, llamado a satisfacer sus propias necesidades, lo transforma en algo que «se puede vender y comprar» y, en última instancia, «el hombre mismo se convierte en mercancía». Se trata, pues, de una reflexión teológica que tiene mucho que ver con la doctrina. La parte basilar de la Encíclica está sacada del Evangelio de San Juan. «Estas palabras expresan con claridad el centro de la fe cristiana, la imagen cristiana de Dios y también la consecuente visión del hombre y su camino», reza el documento.

Solidaridad. Sus 46 páginas se dividen en dos capítulos fundamentales. La relación entre Dios y los hombres, «amor, creación e historia de la salvación», ocupa el primero; mientras que el segundo habla de «el ejercicio de amor de parte de la Iglesia», la vida de las comunidades cristianas en su relación con Dios y la sociedad. Aquí el Papa aborda la cuestión de la solidaridad y la ayuda desinteresada al prójimo como forma de amor. La necesidad de amar del hombre contemporáneo, un tema que el Pontífice ya tocó en su primera misa, también vuela por las páginas de la Encíclica. Sólo el amor puede colmar el desierto que atraviesan los hombres, asegura el Papa. «El desierto del abandono, de la soledad, del amor destruido. El desierto de la oscuridad de Dios, del vaciamiento de las almas».

Y aquí el Papa afronta otro de los temas clave esta primera Encíclica, la relación entre el «agape» (el amor fundamentado en la fe) y el «eros» (el amor pasional). Ambos, asegura Benedicto XVI, han de ir de la mano y en caso de contraste entre ellos, el hombre va hacia la «degradación» y la «disgregación». Si, por el contrario, eros y agape van de la mano, el hombre vivirá el amor «como una donación hacia el prójimo» y una «búsqueda de Dios». «El matrimonio, basado en el amor exclusivo, se convierte en una representación de Dios con su pueblo y viceversa». El pacto entre Dios y la Iglesia se refleja, en definitiva, en la «promesa indisoluble del matrimonio». (La Razón)

Fuente/Autor: www.revistaecclesia.com

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