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De Huehuetlán sale el tren mixteco para NY

27 de enero de 2020

Migrar, meta común; profesor, taxista y campesino, las otras “oportunidades”

Puebla, Pue.

Entre encestes y rebotes del balón de basquetbol, los niños no dejan de asombrarse ante la fastuosa residencia. Invariablemente alguno pierde el ritmo de juego cuando su mirada topa con la mansión ubicada justo al otro lado de la carretera.

La distracción se entiende: el inmueble es un espejismo en las paupérrimas tierras de Huehuetlán El Chico, municipio migrante por excelencia, donde desde pequeños los habitantes tienen claro su objetivo en la vida: llegar a Nueva York, Estados Unidos.

El camino que conduce a la escuela Honorato Tlaseca Barrera, lugar de encuentro y referencia para los oriundos de la Mixteca poblana, exhibe la gran diferencia entre ser o no ser migrante.

Los primeros tienen casas de dos pisos, terraza, televisión de paga y camioneta del año; los segundos viven hacinados en chozas, andan a pie y apenas pueden pagar el servicio de luz.

Los niños del pueblo entienden la disparidad, y a sus 11, 12, 13 o 14 años prefieren verse conduciendo una lujosa troka que arrear un burro.

Antes de que los estudiantes de Huehuetlán pregunten cuál es la capital de Japón o el río más grande del mundo, en la clase de geografía impartida por el maestro rural Roberto Tello Ríos las dudas territoriales se reducen a cómo cruzar la frontera que divide México y Estados Unidos sin morir en el intento.

El miedo de los adolescentes no es para menos, tomando en cuenta las leyendas de horror que han escuchado sobre el Bravo, un río “peligroso, lleno de tiburones, cocodrilos y otros monstruos”, como describe Patricia Torres, alumna del tercer año de secundaria, quien en breve emprenderá el viaje a Nueva York, donde alcanzará a sus hermanos mayores.

“Les aconsejo que se vayan con visa, pasaporte y todos los papeles legales”, comenta el profesor rural, quien a mediados de la década de los 80 obtuvo permiso para radicar en California.

Sin embargo, para los demás maestros la forma de abordar el tema en las aulas es un dilema ético: si persuaden a los estudiantes de quedarse en su lugar de origen, saben que los ceñirán a un futuro miserable; si los alientan a partir, en su conciencia quedarán los eventuales decesos.

Mientras tanto, los jóvenes disfrutan sus últimos días haciendo calzón chino a sus compañeros, jugando basquetbol en el recreo y leyendo La familia Burrón a escondidas del maestro. Saben que cuando termine el curso escolar también todo eso habrá concluido y figurarán entre los más de 80 mil mixtecos poblanos que trabajan en Estados Unidos.

“Licenciado, aunque sea en educación primaria”

Chiautla de Tapia, cabeza distrital de la región poblana colindante con Morelos, es la única opción que tienen los jóvenes mixtecos de permanecer en México. En ese árido municipio, que en tiempos de calor alcanza los 38 grados centígrados, no hay fábricas, comercio ni actividad agrícola rentables.

Ahí está la normal Profesor Luis Casarrubias Ibarra, instituto en el que los adolescentes, pese a carecer de vocación, son enviados por los padres con capacidad adquisitiva mayor al resto de la comunidad para que obtengan el título de licenciado, “aunque sea en educación primaria”.

La profesora de secundaria Rocío Guzmán Merino explica en detalle el camino que seguirán los jóvenes cuando concluyan sus estudios de nivel medio: 80 por ciento partirán a Estados Unidos.

De ese porcentaje, unos cuantos regresarán, ya sea por fracasar en el intento de cruzar o por desencanto. El resto continuará sus estudios de bachillerato en la normal, trámite casi indispensable para ingresar a la licenciatura.

Un panorama más sombrío espera a quienes no lograrán ni permanecer en Estados Unidos ni inscribirse en la escuela superior: se sumarán a las filas de asalariados locales para ejercer de taxistas, albañiles y, en casos extraordinarios, campesinos, sembrando sorgo.

-¿Quiénes de ustedes quieren ir a Estados Unidos? -pregunta la maestra, quien irrumpe en la clase de química y desbarata la expectativa que provoca un experimento a punto de lograrse. De las 21 manos, 17 se levantan.

-Y los que contestaron que sí, expliquen por qué quieren irse -pide la mentora, para demostrar el ansia de los alumnos por partir a Nueva York.

-¡Porque es más chingón! -contesta Juan, cuyo padre reside en esa ciudad.

-¿Cuándo quieren irse? -remata Rocío Guzmán, quien parece haber aplicado la misma rutina de preguntas en ocasiones previas.

-¡Ahorita mismo! -responde María, de 14 años.

Entrado en confianza, el reportero pregunta a los alumnos cuántos quieren ser maestros. Nadie alza la mano.

De acuerdo con las estadísticas de la normal, cada año alrededor de 75 jóvenes de la región presentan el examen de admisión para ser profesores de primaria, aunque “la mayoría de ellos entra sin tener vocación”, admite Yaír Ruiz Flores, profesor de educación física del plantel superior.

Pese a ir contra su voluntad, casi todos concluyen los estudios de licenciatura. Pero en esta tierra de desgracias las historias parecen nunca tener final feliz. Una vez terminados los cuatro años reglamentarios para titularse, los jóvenes esperan más de 12 meses para obtener una plaza en la Secretaría de Educación Pública Estatal.

Al final, sólo 10 de ellos, por influencias o recomendaciones familiares, tendrán un lugar.

Huehuetlán El Chico, sitio de contrastes entre la opulencia y la miseria FOTO José Castañares

Fuente/Autor: LA JORNADA DE ORIENTE

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