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Mundo Misionero Migrante

Carta Pastoral de Mons. Anthony B. Taylor, Obispo de Little Rock, Arkansas

27 de enero de 2020

“Fui forastero y me recibieron”: una carta pastoral sobre los derechos humanos de los inmigrantes.

Estos son extractos de la nueva carta pastoral de Mons. Taylor.

Queridos Amigos en Cristo Jesús:

En toda la Biblia se hace gran hincapié en la presencia de Dios entre su pueblo inmigrante y que él nos juzgará basándose en el modo que tratamos al forastero. “Vengan … y tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo…porque fui forastero y ustedes me recibieron en su casa” … “¿Cuándo te vimos forastero y te recibimos?” … “En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.” … “¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles! … porque era forastero y no me recibieron en su casa” … “¿cuándo te vimos forastero y no te ayudamos?” … “Siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo amí.” Éstos irán a un suplicio eterno y losbuenos a la vida eterna.

Usualmente hoy, se discute el tema de inmi gración desde una perspectiva económica o política. Cada lado presenta datos estadísticos que creen apoyar su posición respecto como tratar el fenómeno de inmigración sin documentos.

Yo creo que este modo de tratar el asunto es inadecuado. Las fronteras nacionales no impiden los movimientos demográficos casi nunca cuando hay fuertes motivos económicos por esa migración — el principio económico de oferta y demanda. Por eso, si no queremos recurrir a medidas extremas, la única opción de punto de vista histórico es decidir como gestionar esa migración hoy. Entre 1986 y 2008 el presupuesto de la Vigilancia Fronteriza (Border Patrol) subió más de 5,600 por ciento, el número de agentes se quintuplicó y reforzaron los puntos de entrada fronterizos, y sin embargo durante esos mismos años la población inmigrante sin documentos triplicó alcanzando al menos 12 millones, a pesar de la legalización de otros tres millones por la Ley de Reforma y Control de Inmigración de 1986 (the Immigration Reform and Control act of 1986). ¿El motivo? Insuficientes avenidas legales para la entrada de inmigrantes a los Estados Unidos, en comparación con el número de empresas que necesitaban obreros.

¿Adoptaremos una política positiva que ayuda a los nuevos residentes a participar plena-mente en la sociedad? ¿O adoptaremos una política negativa y así crear una subclase marginada y un vivero de resentimiento? La deportación de millones de personas y cerrar la puerta a futura inmigración no son opciones realistas histórica-mente, económicamente o socialmente. Nuestra única verdadera opción es la de facilitar este proceso para el bien común o crear la más posible miseria — y cosechar las consecuencias indeseables. Hay, desafortunadamente, una incon-gruencia inmensa entre las realidades económicas y sociales que causan inmigración y las actuales leyes migratorias de los Estados Unidos, que de muchas maneras intentan impedir la inmigración de ciertos países y no facilitar el proceso.

La mayoría de americanos no están conscientes de las barreras imposibles que enfrentan las personas que quieren entrar a nuestro país legalmente. ¿Sabe usted que es casi imposible que un mexicano inmigre legalmente a los Estados Unidos si no cuenta con familiares cercanos que yason ciudadanos americanos? ¿Sabe usted que hay actualmente un retraso de 16 años para conseguir esas visas de reunificación familiar porque hay un máximo de 26,000 visas por año alocadas a inmigrantes mexicanos? Casi todos estos son ajustes de estatus para personas que de hecho ya están presentes adentro de los Estados Unidos. No hay visas disponibles para los más de 500,000 inmigrantes mexicanos que entran a los Estados Unidos cada año.

La Iglesia no reclama ser experta en los aspectos políticos, económicos y sociales del muy complejo tema de inmigración, pero la Enseñanza Social Católica sí ofrece una base sólida y confiable para abarcar asuntos relacionados con la dignidad humana que Dios nos da, y la protección de esa dignidad humana debe ser el punto de partida de todo sistema jurídico justo. Vimos esto claramente en la lucha por los derechos civiles, que era más correctamente unalucha para la protección de los derechos “humanos” del pueblo Africano-Americano, no sólo sus derechos“civiles.”

La protección de los derechos humanos es un componente esencial de nuestra fe católica y ustedes y yo estamos obligados a examinar los problemas de nuestro tiempo a la luz de las verdadesde nuestra fe. La protección de los derechos humanos es también un componente esencial de ser un buen ciudadano americano. Uno de los temas más apremiantes de hoy en el cual nuestrafe tiene mucho que ofrecer es el tema de la inmigración y en particular los derechos humanos de los inmigrantes que no tienen documentos.

Los derechos humanos intrínsecos derivan de nuestra dignidad y trascendencia inher-ente como personas creadas por Dios y redimidos por Cristo. Aun la Declaración de Independencia Americana hace referencia a un Creador que nos ha dado derechos que no deben negarnos nadie. Estos derechos humanos intrínsecos son uni-versales, pertenecientes a todos noimporta su raza, ciudadanía, cultura ogénero, y válidos en todos los tiempos y todos los lugares. Son inherentes en la persona humana y así inalien-ables, lo que significa que no derivan del estado y no nos pueden ser quitados por el estado ni de otros modos perdidos.

Desafortunadamente, las leyes migratorias de los E.E.U.U. no proveen a la gente otra alternativa en el ejercicio de su derecho humano básico de inmigrar.

La inmigración en ejercicio de los derechos humanos intrínsecos es justificable y no mala, aunque requiere la violación de una ley injusta. La solución al problema de inmigración ilegal es no hacerla aun más difícil y peligrosa, sino eliminar las causas de inmigración ilegal, como sigue:

1. Eliminar todo lo que impide el movimiento libre de personas honestas que quieren cruzar fronteras nacionales, y promul-gar políticas migratorias que reflejen mejor las realidades económicas que causan mucha migración. Una política migra-toria más generosa nos capacitará a controlar mejor a ciertas personas que entran al país y mejor proteger a la gente de los elementos crimi nales que explotan a los inmigrantes.

2. Trabajar para remediar las disparidades de riqueza y desarrollo económico a nivel internacional, sobre todo en los países de origen de los inmigrantes. La gente abandona su país generalmente porque no hay otra opción, para protegery proveer a sus familias.

3. Crear un sistema que acoge a inmigrantes, facilita su adaptación a la vida en los Estados Unidos yl es provee un camino fácil a la ciudadanía

Para leer toda la carta pastoral vea http://www.dolr.org/bishop/pastoralinmigracion_espanol.pdf.

Fuente/Autor: Trabajador Católico de Houston, Vol. XXIX, No. 1, enero-febrero 2009.

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