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Cada vez más migrantes de CA usan Tenosique de trampolín para ir a EU

27 de enero de 2020

De 14,972 detenidos en Tabasco en 2002 pasó a 20,910 en 2005, según informe del INM

Ver a decenas corriendo a un lado del tren para intentar abordarlo, es “pan diario”, dicen lugareños.

Tenosique, Tab.

A las 13:30 horas irrumpe el ruido de la locomotora que se acerca. Decenas de centroamericanos comienzan a gritar: “¡Ahí viene el capuchino!”. En unos minutos, salen de todos lados para correr junto a la máquina para abordarla en plena marcha.

Tenosique, municipio ubicado en los límites con Guatemala, se ha convertido en punto de reunión de los miles de indocumentados que ingresan por los 290 kilómetros de franja fronteriza entre Tabasco y el vecino país del sur, principalmente por las zonas de El Ceibo y El Martillo.

Curiosamente, del otro lado de la calle donde los centroamericanos esperan la llegada del ferrocarril se encuentran las oficinas del Instituto Nacional de Migración (INM). Pareciera que las autoridades han sido rebasadas por este fenómeno social.

La imagen de decenas de indocumentados corriendo a un lado del tren para intentar abordarlo “es el pan de cada día en Tenosique”, cuentan los lugareños.

A los migrantes les ha dado por llamar a este lugar el “primer oasis” en su peregrinar rumbo a Estados Unidos. Aquí, a 207 kilómetros de Villahermosa, abordan el ferrocarril de carga que, “si bien les va”, puede trasladarlos hasta Tierra Blanca, Veracruz.

Cargando mochilas con escasas pertenencias, lo mismo que ilusiones y sueños, a Tenosique arriban a diario grupos de guatemaltecos, salvadoreños y hondureños, aunque 90 por ciento son de esta última nacionalidad.

“Verlos pernoctar cerca de las vías del ferrocarril ya es parte de nuestro entorno”, refieren lugareños, quienes aseguran que la presencia de extranjeros en esta comarca “va en aumento”.

Los testimonios de pobladores no se apartan del informe del INM, cuyas estadísticas indican que de 14 mil 972 indocumentados asegurados en Tabasco en 2002 pasó a 20 mil 910 en 2005.

“Esas cifras corresponden a los que logran interceptar los agentes, pero aquí a diario abordan el tren entre 100 y 150 indocumentados”, sostiene una mujer encargada de una tienda, que pidió el anonimato.

Aquí hay una oficina del grupo Beta, cuyo personal tiene la función de prestar auxilio a los transterrados. En el rubro de “migrantes orientados” reportan que de enero a diciembre de 2005 atendieron a 26 mil 102 extranjeros, mientras que entre enero y febrero de este año han dado ese servicio a casi 4 mil.

Habitantes de esta cabecera municipal afirman que cada día el escenario es el mismo. “Ya es normal para nosotros” observar, durante las 24 horas, a grupos de indocumentados que pernoctan a orillas de las vías del ferrocarril, en espera de que pase “el capuchino”, como llaman al tren. “Pero como llegan se marchan al norte del país”, dicen.

Otro aspecto que refleja el crecimiento del paso de indocumentados se aprecia en el anuncio del INM, dado a conocer el 19 de febrero, de instalar este año una nueva sede migratoria en Tabasco, dentro del programa “dignificación de estaciones migratorias”.

Historias de indocumentados

El 25 de febrero, a las cinco de la madrugada, Juan y Luis Gerardo salieron de Juticalpa, del departamento de Olancho, Honduras.

Juan, de 24 años, dio un beso en la frente a cada uno de sus hijos de cinco, tres y un año de edad, que aún dormían. Se despidió de su esposa y pasó por Luis Gerardo, soltero, de 21 años, el mayor de tres hermanos, quien recibía el consabido “cuídate” de sus padres.

En sus viejas mochilas metieron una camisa, un pantalón y unos 600 dólares. Por tercera ocasión, ambos dejaban sus familias, su tierra de origen, costumbres y cultura en su insistencia por trabajar en Estados Unidos, con el propósito de sacar a sus familias de la pobreza.

De otra región hondureña, Carlos Omar, de 15 años, en esa misma fecha abandonaba su natal Potrerillo. Su objetivo: “ganar dinero en Estados Unidos para ayudar a su madre con los gastos de la familia”.

Después de cinco días, los protagonistas de estas dos historias llegaron a Tenosique, tras viajar dos días en autobuses, caminar día y noche por la selva guatemalteca y cruzar en lancha a suelo mexicano, donde burlaron retenes de militares y migración.

Juan y Luis Gerardo llegaron la mañana del 2 de marzo a esta cabecera municipal. Más tarde arribó Carlos Omar con dos personas con quienes trabó amistad en el camino.

Aquí coincidieron con otros centroamericanos, unos 150 en total, la mayoría hondureños. Cerca del medio día, en pequeños grupos estaban a la expectativa bajo los árboles o tomando refrescos en las rústicas tiendas situadas a pocos metros de las vías del ferrocarril.

Juan explica al reportero que en su natal Juticalpa ganaba apenas 50 lempiras por día (unos 25 pesos mexicanos) en una jornada de las 5 de la madrugada a las 12 del mediodía: “Qué puedes hacer con ese dinero, apenas alcanza para un refresco grande, qué le vas a dar a tu familia”.

Por los sueldos “raquíticos” y la precariedad económica, dice, seguirá intentando ingresar a Estados Unidos, pese a que dos veces ha llegado hasta la entrada de San Antonio, Texas, de donde la migra lo ha repatriado.

De pronto irrumpe el ruido de la locomotora. “¡Ahí viene el capuchino!” comienzan a gritar, y en minutos salen de sus escondites para correr a junto a la máquina hasta abordarla.

Apenas el primero de marzo al hondureño José Lucas Campos, de 22 años, el tren le amputó las piernas cuando cayó en los rieles al tratar de subir. Falleció más tarde en un hospital de la capital tabasqueña.

El alcalde Octavio Medina dice que la autoridad es respetuosa con los migrantes. “Mi indicación como presidente municipal es salvaguardar, primero que nada, el orden social del municipio, en segundo lugar respetar a los indocumentados, a menos que exista una petición de parte de Migración.

“La cantidad de policías no alcanza para detener a tantos indocumentados, yo no puedo andar, como dicen, cazando pollos y descuidando la seguridad municipal, yo me dedico a lo mío, que es salvaguardar el orden municipal, no andar tras ilegales”.

Alta incidencia delictiva

Entre las 10 “zonas de mayor incidencia delictiva contra migrantes” que el grupo Beta tienen localizadas en Tabasco, figura Tenosique.

Los caminos que transitan los indocumentados para llegar a esta cabecera municipal están llenos de riesgos, pues cunden los robos a mano armada y asesinatos.

El hondureño Mervin narró a La Jornada que a él lo han asaltado dos veces en el tramo de El Ceibo a esta cabecera municipal. “Me fue bien porque sólo me quitaron el dinero y la ropa. Me dejaron desnudo en pleno camino, pero sé que a otros los han asesinado”.

En el reporte del grupo Beta, de 2005, se anotan 63 migrantes lesionados, mientras que en el espacio de “finados frontera sur, lado mexicano”, reportan a 13 personas, aunque el informe no precisa cómo ocurrieron los hechos.

Los migrantes que toman el tren “a plena carrera”, son los pobres. Varios guatemaltecos esperan al pollero que los llevará por otra ruta. “Me dijeron que no me desespere, que vendrán por nosotros”, nos dice Byro, originario del departamento de El Petén, quien luce mejor vestimenta que los más de 100 hondureños que acaban de partir en tren en busca del “sueño americano”.

Migrantes hondureños corren para subir al capuchino, como le llaman al tren de carga que los ayudará en su peregrinar a Estados Unidos Foto René Alberto López

Fuente/Autor: RENE ALBERTO LOPEZ CORRESPONSAL / JOrnada sin Fronteras

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