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¿A QUIÉN IREMOS?

27 de enero de 2020

Cuenta el Evangelio que cuando la gente escuchó a Jesús hacer propuestas de seguimiento fuertes, comenzaron a alejarse de él por no querer cambiar sus vidas, y entonces Jesús preguntó a sus discípulos que si ellos querían también irse, y Pedro le respondió esta bella frase que habla no solamente de la confianza que Pedro sentía en Jesús sino una verdad teológica muy grande: Señor, ¿A quién iremos? Sólo tú tienes Palabras de Vida Eterna. Pedro había también dicho una realidad que hoy se hace más latente: Señor, no tenemos modelos a quién seguir, solamente tú nos hablas con una verdad que no podemos cuestionar, no porque no nos lo permitas, sino porque en tu mismo testimonio de vida, nada se contrapone a lo que quieres decirnos y predicas con tu ejemplo.

CARENCIA DE MODELOS

No es que la industria de la moda se esté yendo a pique, ni que ya no existan las mismas caras bonitas y cuerpos perfectos en los anuncios, no, para nuestra propia limitación esto no sucede, pues cada día estos modelos tienen mayor influencia en nuestra sociedad. La carencia de modelos en nuestras vidas es mucho más profunda.
Hoy en día, como pocas veces se había visto, estamos “bombardeados” por una gran cantidad de información, se puede decir que gracias a la globalización en la información, podemos enterarnos de todo lo que pasa a nuestro alrededor, con solamente acceder a internet. También, gracias a la influencia de la televisión, podemos acceder a la vida de las personas, sobre todo a través de los programas de chismes y otras cosas, en las que podemos conocer el santo y seña de una persona de carácter público, las cuales, viven gracias a ello.
Sin embargo, esto nos lleva a entender que sin una actitud crítica, podemos simplemente creer que todo lo que se nos presenta es realmente la verdad, o una iomagen a seguir, y ahí es donde radica buena parte del problema.

DE LOS SUPERHÉROES A LOS TABLOIDES

Cuando uno estaba pequeño, era común que un buen punto de referencia eran los superhéroes, pues eran presentados de forma tan idealizada que realmente atraían a los niños y niñas que soñaban ser como ellos y compartir sus experiencias. Dentro de nuestra Iglesia, los Santos y Santas eran presentados a veces en la misma forma, que uno se imaginaba llegar a ser como uno de ellos y realmente cambiar el mundo y la realidad que a uno lo rodea.
Hoy en día, con la influencia de una racionalidad aprendida que prácticamente lo cuestiona todo, a veces solamente de manera pragmática, estas imágenes idealizadas han desaparecido, y la capacidad de asombro se ha ido perdiendo, los nuevos ídolos son vistos en su realidad concreta y pasajera, y esto en el fondo atrae más.
La dificultad más concreta es que ahora los “ídolos” no garantizan un estilo de vida que realmente vaya acorde a ciertos valores, simplemente muchos de ellos y ellas tienen una forma de vida que atrae por su glamour o popularidad, más que por una propuesta concreta de forma de vida.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

Leyendo un libro sobre la formación, encontré un comentario sobre las realidades de la postmodernidad que me parece encierra un poco la situación sobre el ideal y quienes lo proponen.
G. K. Chesterton, un literario y filósofo inglés del siglo pasado, escribió en su libro Ortodossia un pensamiento sobre la postmodernidad, en el que señala que el grave error de nuestra época es que hemos confundido el significado de la palabra progresar.
Para Chesterton, progresar debería significar que nosotros cambiamos al mundo para alcanzar un ideal, mientras que hoy en día progresar significa cambiar continuamente el ideal.
Claro, esto se entiende desde la lógica de lo que resulta más fácil. Cuando nosotros tomamos un ideal, de cualquier persona concreta que nos da un ejemplo de vida valiosos, pero vemos que para alcanzarlo, es necesario modificar muchas de nuestras actitudes y forma de vida, optamos por lo más fácil y por lo que se acomoda mejor a nosotros, y entonces cambiamos de ideal. Lo mismo sucede con los modelos a seguir.
Cada vez que un modelo de vida cuestiona nuestra propia comodidad, o nuestra propia seguridad, o desafía nuestros intereses, caprichos y egoísmos, decidimos mejor cambiar de modelo de vida, hasta encontrar uno que realmente se “acople” a nuestra forma de querer entender la vida.
Esto sucede en todos los niveles. Cuando la Iglesia cuestiona nuestra forma de vida, cambiamos de religión, cuando en el trabajo no puedo hacer lo que quiero, cambio de trabajo. Es lo que Carlo Carreto describe como la mayor herejía de todos los tiempos: Haber cambiado de ser creados a imagen y semejanza de Dios, a crear un Dios a nuestra imagen y semejanza.

¿QUÉ PASA CON LOS NUEVOS MODELOS?

Es muy difícil tratar de pensar que no existan en nuestro tiempo personas concretas que pueden ofrecernos un estilo de vida. Los hay, de eso no hay duda, lo que desafortunadamente está sucediendo es que no nos llaman la atención. Tal vez porque recibimos a través de los medios de comunicación todos los días una enorme cantidad de estilos de vida que una vez que nos resultan atractivos, nos alejan de la realidad concreta.
Por ejemplo, si yo veo la vida de un misionero o misionera que buscando una mejor vida para sus hermanos y hermanas ha dado la vida por ellos, con entusiasmo, alegría, entrega desinteresada, y haciendo de su vida un sacrificio agradable a Dios, puede atraerme; pero si al mismo tiempo, y por otro lado me presentan la imagen de un artista que hace con su vida lo que quiere, habla de antivalores como si realmente creyera en ellos, ademáas goza de sus 15 minutos de fama cada día en la televisión, y lo buscan para que haga declaraciones sobre todo y sobre todos, le pagan muy bien y está a la vista de todos, por cierto que me va a atraer más, que me voy a sentir inclinado a tratar de ser como esta persona, y voy en ocasiones hasta criticar al misionero o a la misionera por no “saber aprovechar y vivir bien la vida.”
Es ahí donde radica el problema. Entonces ya no queremos proponer nuevos modelos, queremos seguir solamente lo que es moda, lo pasajero. Yo compartía en una ocasión que no es que no haya vocaciones, sino que la juventud carece de modelos de vocación concretos, que les ayuden a ver que elegir una forma de vida acorde al proyecto de Dios vale la pena. Si faltan sacerdotes que con su ejemplo de fidelidad a Dios de forma creativa y entusiasta arrastren a otros jóvenes a querer vivir su ideal, o si faltan religiosos y religiosas contentos con su estilo de vida, y son capaces de proponer este modelo a la juventud, o matrimonios que viven su ideal a pesar de las dificultades con alegría, y entrega diaria, y si faltan solteros y solteras que demuestren que detrás de su estilo de vida hay una opción por el Reino y no solamente el deseo de “vivir la vida al tope,” si falta todo esto, claro que la juventud buscará modelos más comercializados. Porque cabe señalar que las opciones de vida profunda, si no hay un escándalo, que pueda ser objeto de comercio en el morbo publicitario, rara vez llaman la atención de los medios.

EL MODELO OLVIDADO

Por último cabe señalar que en todo este rollo, hemos olvidado muchas veces al Modelo por Excelencia: Jesús.
Se nos olvida que Él nos propuso un estilo de vida acorde con los valores del Reino, que para variar, muchas veces ha sido distorsionado solamente para responder a ciertos intereses particulares.
Queridos Jóvenes Sin Fronteras, cuando quieran pensar en quién es un modelo a seguir, alguien a quien imitar, piensen en Jesús, traten de conocer mejor, de entender su vida y su opción fundamental, en Jesús hallarán respuesta a muchas de sus interrogantes, y lo mejor, es que descubrirán un modelo a seguir que realmente vale la pena.

Fuente/Autor: Padre Chan, cs

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