El amor nunca es indiferente

Beato Juan Bautista Scalabrini
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Mundo Misionero Migrante

27 de enero de 2020

Ser migrante en Arizona.

Viendo mi rostro en el espejo, veo detenidamente mis rasgos faciales y me pregunto: “¿Seré un objetivo seguro para la ley SB 1070 de Arizona? ¿Podré desplazarme tranquilamente por las calles de Tucson o Phoenix sin el temor de que en cualquier momento me pidan una identificación que acredite mi estancia en los Estados Unidos dentro del marco de la llamada “legalidad”?

Creo que al igual que los miles de mexicanas y mexicanos que viven en los Estado Unidos y principalmente en Arizona, esta pregunta ronda constantemente por la cabeza, turbando la tranquilidad y haciendo caer en pedazos los proyectos de una mejor vida.

Es lamentable que en este 2010, a una década de iniciado el tercer milenio sean puestas sobre la mesa y mas aún, sean aprobadas leyes, como la SB 1070, que por el solo hecho de tener rasgos claramente latinoamericanos, acrediten a cualquier policía de Arizona a vulnerar los derechos humanos de las personas. La Sra. Jan Brewer, gobernadora de esta entidad que hace frontera con México y donde gran parte de la ciudadanía es de origen mexicano, no termina de entender en su estrechez de mente que los migrantes latinoamericanos, sean de México o de donde provengan, tengan documentos o no, son los que hacen en gran medida que el engranaje de laboral y de producción funcione como es debido en la tierra en la cual ella ha sido puesta al frente.
Es inadmisible, y mas aún, ridículo, que esta persona que ha sido colocada en el rol para gobernar, firme como válida una ley que es por demás xenofóbica, racista e inhumana y que busca poner fuera del país a todas aquellas personas que carezcan de un documento que los habilite para vivir y trabajar, violentando de esta manera en forma sumamente arbitraria los derechos humanos y garantías individuales de los migrantes.

Como misionero de San Carlos, scalabriniano, levanto mi voz en contra de tan absurda ley que coloca a los migrantes en la posición de delincuentes, pasando por alto que son personas honestas y de trabajo que contribuyen en gran medida a la economía de los Estados Unidos.
Hago un llamado a los mexicanos y mexicanas a no callar ante lo que no es justo, a no cerrar los ojos y crear conciencia en sus espacios propios, entre la familia, en el trabajo, con los amigos y compañeros de jornada: no nos acostumbremos a la injusticia ni a los atropellos, levantemos la voz y la mirada hacia el norte donde están nuestros hermanos migrantes y volvamos también nuestros ojos a la frontera sur, donde también la conciencia nos hace reclamos a estar alertas.

Que Santa María de Guadalupe y el Beato Juan Bautista Scalabrini, padre de los migrares, intercedan por todos los hombres y mujeres que han dejado su tierra y son peregrinos en busca de su tierra prometida.

Hno. Raúl Ochoa, CS
Centro Scalabriniano de Pastoral Migratoria.
México, DF

Fuente/Autor: Hno. Raúl Ochoa, CS

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