La primera palabra de la vocación es gratitud.

Papa Francisco
28 de Noviembre – SCALABRINI FUNDA A LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS
01/27/2020
28 DE NOVIEMBRE 1887 : LA FUNDACIÓN DE LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS.
01/27/2020

Scalabrini

28 de Noviembre – SCALABRINI FUNDA A LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS

27 de enero de 2020

Presentamos en estos días los escritos de Scalabrini respecto a la Fundación de la Congregación de los Misioneros de San Carlos.

¿Cómo dar comienzo a la obra?

Para Italia

Enviar una proclama a los Obispos italianos y por su intermedio al Clero, invitándolo a colaborar con la acción en la santa empresa y dando a conocer las intenciones de la S. Sede y las condiciones antes mencionadas (…).

Se instituirán Comités, especialmente en los puertos de mar, que ayuden a los Misioneros, les dirijan los migrantes, reúnan medios materiales, etc.

Para América

1) A los Obispos de América conviene enviar una Circular en latín, rogándoles expresar a la brevedad las necesidades de los emigrantes italianos y cómo podrían proveer a los sacerdotes, que estuvieran disponibles y les fuesen enviados.

2) Incitarlos a coadyuvar la obra recogiendo las ofrendas para ese fin, y principalmente para la fundación de un Seminario italiano en alguna ciudad de América, para la formación de un clero italiano nativo, que se consagre solamente para los Italianos.

No debería ser difícil tener vocaciones cuando se piensa que en 1885 hubo una emigración, como ya se señaló, de 15.642 niños italianos.

Medios para prevenir el daño de los emigrantes

Además de la guerra de reconquista, por llamarla así, de las almas perdidas en las interminables regiones del Nuevo Mundo, convendría pensar en el modo de prevenir la ruina de tantos pobres católicos italianos, que van emigrando al otro lado del Océano, frecuentemente con sus hijos.

El primer medio para impedir el daño de los emigrantes debería ser el celo de los párrocos para combatir la emigración, y para intentar por todos los medios a su alcance de persuadir a sus parroquianos a no expatriar.

Sin embargo, desafortunadamente en la mayoría de los casos no se logra y hay que asumir la emigración como una dolorosa necesidad. O robar o emigrar, es el terrible dilema que escuché en más de una oportunidad de la boca de los pobres obreros y campesinos. El párroco en estos trances no debe dejar partir a nadie al exterior sin proveerlo de una carta de recomendación para el clero del lugar, donde fijará su residencia.

En los años que yo ejercí el ministerio parroquial hice uso constantemente de éste método y obtuve buenos resultados. Convertido en Obispo, durante las Visitas Pastorales pude conocer todavía más los gravísimos males de la emigración (…).

Serían muy beneficiosas las colonias católicas semejantes a las ya instituidas en los Estados Unidos para los Irlandeses y los Ingleses: las que, según me parece, son especies de Parroquias católicas, con sacerdotes y escuelas católicas, y a las que son enviados sus compatriotas, en lugar de dejarlos partir como ovejas extraviadas. Así los emigrantes se encontrarían casi en su patria, entre católicos, con los auxilios religiosos, por lo menos los esenciales.

Para conservar el fruto de las Misiones en los grupos de italianos que no poseen sacerdote, se debería recomendar que no se atengan solamente a la práctica de los buenos cristianos todos los días en casa, sino que en los días festivos se reúnan en la Iglesia o capilla, a rezar en común, a cantar las alabanzas al Señor, a enseñar el Catecismo a los niños, a leer el Evangelio de los domingos; a cumplir esos ejercicios religiosos que pueden ser realizados por los laicos.

De esta forma en Madagascar, durante la ausencia de los Misioneros por varios años, se conservó no sólo la fe, sino también el fervor religioso.

La lectura de oportunos libros y de oportunos periódicos religiosos, acordes con las necesidades especiales de esos fieles, ayudará también a hacer las veces de los Sacerdotes.

Carta al Card. G. Simeoni – 16.02.1887

“La idea de acudir en ayuda a los emigrantes está madura”

La idea de acudir en ayuda a los emigrantes está madura. La prensa incita continuamente ahora a unos, ahora a otros hombres que gobiernan el país a levantar la voz para que se tomen providencias. Sería un daño muy grave que la masonería se adelantara en este campo a la Iglesia y llegara a adueñarse del mismo.

Es precisamente para impedir que eso suceda que yo, si bien soy el último de los Obispos, he creído oportuno dictar algunas páginas sobre el importante asunto, también para disponer mejor los ánimos en favor del diseño de evangelización presentado por mi por expreso deseo de Su Santidad a la Sagrada Congregación de Propaganda, en caso que fuese aprobado.

Carta a León XIII – 13.06.1887

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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