La primera palabra de la vocación es gratitud.

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28 de Noviembre – SCALABRINI FUNDA A LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS
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Scalabrini

28 de Noviembre – SCALABRINI FUNDA A LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS

27 de enero de 2020

Presentamos en estos días los escritos de Scalabrini respecto a la Fundación de la Congregación de los Misioneros de San Carlos.

Urgencia de proveer

Es necesario proveer a las necesidades espirituales de tantos centenares de miles de nuestros compatriotas, y es urgente proveer rápido.

Si se difiriera para más adelante, los daños podrían ser irreparables.

La incredulidad, la herejía, y especialmente la masonería, que en América es muy poderosa, trabajan activamente para adueñarse de la mente y del corazón de los emigrantes. Si, por lo tanto, ahora no se trata de volver a encaminar sobre el recto camino católicos desamparados, dentro de no mucho tiempo serán incrédulos, heréticos, masones, ateos, que se deberá tratar de convertir.

Y esos mismos infelices, que por miseria y otras dolorosas razones debieron abandonar el país natal, ruegan y suplican que se acuda en su auxilio.

Un gentilhombre italiano, al regreso de un largo viaje de exploración en América, me decía que encontró grupos de familias de las montañas de Piacenza que llorando preguntaban por su Obispo y por su caridad, por intermedio de ese viajero, pedían que no se olvidase de ellos; sino que enviara, por lo menos por algunos meses, un sacerdote. Era una escena conmovedora, narraba el gentilhombre, escuchar esos pobrecitos lamentar la felicidad perdida, recordar sus fiestas, su pequeña iglesia, sus funciones; pensara el Obispo en algún modo también de su eterno porvenir; en cuanto a ellos estarían dispuesto a cualquier sacrificio, a gastar dinero para el viaje del sacerdote etc. “Si él no tiene piedad para con nosotros, le decían, llegaremos a ser peores que los paganos, y, lo que es peor, muchísimos mueren sin poderse reconciliar con Dios”.

Estas simples palabras que brotan de corazones todavía llenos de fe, expresan vivamente la tristísima condición en la que se hallan todos los emigrantes. La urgencia de proveer es evidente. ¡Oh, fiat, fiat!.

Como proveer

Ante todo me parece necesario que en las regiones donde se encuentran nuestros compatriotas, sean enviados sacerdotes sin sede fija, los que, de común acuerdo con los Ordinarios locales, procuren realizar misiones de 15 ó 20 días, más o menos según lo requieran las necesidades; exhortarlos a construirse una capilla, a procurarse los medios para el mantenimiento de un sacerdote; tomar nota de los lugares, de las condiciones de los mismos, del número de los habitantes etc. y despachar todo a quien será constituido por la Santa Sede Superior de la Pía Asociación (…).

La Santa Sede debería ordenar, o por lo menos recomendar a los Obispos de dejar libres estas vocaciones y de no oponerse de ningún modo. Los Obispos italianos no deberían y no podrían quejarse por verse privados de algún sujeto idóneo, cuando se trate de proveer al bien espiritual de sus diocesanos lejanos, y sin lugar a dudas más necesitados que los demás, ya que también en las diócesis donde la escasez del clero es mayor, siempre se encuentran, cuando se quiere, los medios de salvación (…).

Será admitido a formar parte de esta Pía Asociación cualquier sacerdote de cualquier diócesis italiana, con tal que haya sido aprobado para recibir Confesiones y haya alcanzado la edad de 30 años, o por lo menos haya ejercido el sagrado ministerio por tres años (…). Es absolutamente necesario que los aspirantes se distingan por su piedad, por su dulzura, por su conducta intachable, por su celo apostólico para la salvación de las almas (…).

Los Misioneros no se obligan a permanecer en las colonias italianas en América más allá de un año, pero queda a su arbitrio permanecer por más tiempo, y aun por toda la vida, si se sintieran inspirados por el Señor a consagrarse sin reservas a tan noble empresa.

Antes de la partida los nuevos Misioneros se reunirán durante un mes en sagrado retiro (…), para fortalecer allí el espíritu en el ejercicio de la meditación y de la oración, como hicieron los Apóstoles en el Cenáculo antes de salir a evangelizar el mundo (…).

Antes de la partida los Misioneros se obligarán a emitir el juramento de no retener como cosas propias, ni dinero, ni objetos, que les fueren ofrecidos y de entregar todo al Superior de la Pía Asociación, volviendo a sus respectivas diócesis en la misma condición en que habían partido.

Los Misioneros no podrán ocuparse más que en catequizar, predicar, instruir, administrar los Sacramentos etc. y serán llamados de inmediato a Italia si se permitieran dirigir la mente y la acción a otras cosas que no se relacionen con el objetivo propuesto por la S. Sede (…).

Cada tres meses, si pueden, se reunirán en grupos de 5 o 6 según las distancias o dificultades de los lugares, y en día no festivo, para atender sus propias necesidades espirituales y al mismo tiempo para intercambiar consejos, ayudas y consuelos.

Carta al Card. G. Simeoni – 16.02.1887

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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