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Papa Francisco, Christus Vivit 135
28 DE NOVIEMBRE 1887 – JUAN BAUTISTA SCALABRINI FUNDA A LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS
01/27/2020
J.B. Scalabrini y la inmaculada
01/27/2020

Scalabrini

28 DE NOVIEMBRE 1887 : LA FUNDACIÓN DE LOS MISIONEROS DE SAN CARLOS.

27 de enero de 2020

“La empresa se puede considerar felizmente iniciada”

La empresa que el Señor se dignó inspirarnos en favor de nuestros pobres compatriotas emigrados en América se puede considerar, con la ayuda de Dios, felizmente iniciada. Apenas regresé de Roma ya me puse a la obra.

En forma provisoria alquilé una casa, bastante cómoda por ahora, y casi he terminado de proveerla con lo necesario, es decir cama, ropa de cama, utensilios, etc. etc. Doce personas podrían alojarse allí también de inmediato.

Hasta ahora son cinco: el superior y el ecónomo, que se quedarán aquí, y tres alumnos admitidos en éstos días. Los sacerdotes que solicitan entrar no faltan, especialmente después de la publicación del Breve que me dirigió el S. Padre. Sin embargo, yo voy muy despacio en aceptarlos, para proceder seguro, máxime al principio (…).

Juzgando aun solamente por el reconocimiento con que la cosa fue recibida universalmente y por las aprobaciones que me llegan también de parte de destacados Obispos, realmente hay que dar gracias al Señor. Ciertamente será necesaria una buena dosis de paciencia, de coraje y de espíritu de sacrificio para que la obra pueda alcanzar plenamente el objetivo. De mi parte la voluntad por lo menos no falta, Dios hará el resto.

Carta al Card. Simeoni – 16.12.1887

“Fundé en mi Piacenza el Instituto de los Misioneros”

Fundé aquí, en mi Piacenza, el Instituto de los Misioneros, destinados justamente a la asistencia religiosa de nuestros emigrados con el nombre glorioso del gran italiano que descubrió el nuevo continente, Cristóbal Colón (…).

En el Instituto Cristóbal Colón, a cuyo mantenimiento provee la caridad pública, se encuentran en el presente entre sacerdotes, clérigos y laicos 42 personas. Entre estas, algunos jóvenes de familias italianas establecidos en América, que se preparan para ser también ellos Misioneros para sus compatriotas emigrados.

Desde el 28 de noviembre, fecha de su fundación, el Instituto ha visto partir hacia América 48 Misioneros sacerdotes, diseminados en el presente en dieciséis misiones, de las cuales 11 están en el Norte y 5 en el Sur (…).

En New York los misioneros han fundado escuelas parroquiales, un orfanato, un hospital y el Barge Office (…), como también la Sociedad San Rafael para la asistencia y protección de los emigrados; en Boston una escuela industrial; en todas partes iglesias y capillas.

Para la dirección del orfanato y del hospital y para la fundación de escuelas femeninas y jardines infantiles se enviaron al Nuevo Mundo numerosos grupos de esas óptimas religiosas que son las hermanas salesianas misioneras del Sagrado Corazón.

En lo sucesivo se proveerá a la institución de misiones especiales también en los principales puertos del Brasil y del Plata. Mientras tanto se van constituyendo comités de la Sociedad San Rafael en todas las ciudades de los Estados Unidos donde están establecidos nuestros misioneros.

Al mismo tiempo se han iniciado tratativas y con esperanza de buenos resultados, para la institución de otras misiones (…).

Los coadjutores laicos o hermanos catequistas que acompañaron a los Misioneros Sacerdotes son actualmente 38 y, gracias a Dios, hasta aquí han hecho una óptima prueba. Los emigrados que salen de los puertos italianos, cuando es posible, son acompañados por un sacerdote italiano, inclusive no perteneciente a la ante mencionada Congregación, que los asiste durante el viaje (…).

Los Misioneros, en el breve período de tiempo desde que ejercen su obra de cristiana y patriótica caridad, han sabido ganarse en todas partes el afecto de los compatriotas emigrados y rodearse de la estima de las poblaciones en las que viven.

De la asistencia a la emigración nacional y de los Institutos que se ocupan de ella, Piacenza 1891

“Una obra nueva aún pequeña”

Cuales eran las condiciones de los Italianos en América del Norte hacen doce años, se pueden advertir en la carta ya citada del Eminentísimo Simeoni, fechada el 9 de febrero de 1887. “Yo también estoy profundamente apenado, me escribía ese santo varón, por las tristes condiciones en que se hallan (los emigrantes italianos en América). Los informes enviados a esta S. Congregación por los Arzobispos de New York, New Orleans y de los Padres del III concilio plenario de Baltimor, dan una idea muy desalentadora de su estado espiritual y religioso”.

Baste con decir que en New York los italianos podían frecuentar solamente el sótano, o cripta de la iglesia de la Ascensión. Debo hacer notar sin embargo, en honor a la verdad, que apenas Mons. Corrigan, Arzobispo de New York, tuvo noticias de nuestra institución, me escribió cartas muy calurosas para pedir misioneros y para ofrecerse a protegerlos en la mejor forma posible.

Nuestros misioneros fueron; abrieron, por decir así, las puertas de las misiones a los italianos expatriados, y éstos ahora, en gran parte, si lo desean, pueden satisfacer sus necesidades espirituales.

A los misioneros de San Carlos se agregaron otras congregaciones, en los pastores se despertó el sentimiento de providencia hacia los pobres emigrantes; y así, si no se ha hecho todo lo que había que hacer por ellos, igualmente se ha hecho mucho.

En ocasión de la grandiosa fiesta de santificación de Juan Bautista La Salle y Rita de Cascia, tuve la ocasión de ver varios Obispos de América del Norte: todos me demostraron estar felices, contentísimos por el bien que realizan allá los Misioneros de San Carlos. Tengo al respecto una carta muy halagüeña del Exmo. Card. Satolli, entonces Delegado Apostólico en América, y que fue espectador desde muy cerca del celo de los mismos Misioneros. El Arzobispo de New York, cuando vino aquí, respondiendo a lo que le manifestara el clero de la ciudad que había venido a homenajearlo, hizo al respecto un discurso tan elogioso de nuestra obra que yo al agradecerle emocionado, creí, en homenaje a la verdad, mi deber atenuarlo. Observé que se trataba de una obra nueva, aún pequeña, que difícilmente puede carecer de defectos, faltas de experiencia; agregué que hubieron esos defectos y esas faltas se cometieron muchas aún entre nosotros; pero esperaba que con la ayuda divina nuestro instituto se habría perfeccionado cada vez más.

Informe de la Obra de los Misioneros de San Carlos para los emigrantes italianos – 10.08.1900

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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