“Hay que hacer el bien, todo el bien posible, y hacerlo de la mejor manera posible”.

Beato Scalabrini
REFLEXIÓN DEL NOVICIO AHUÍZOTL CRUZ MONTES
01/27/2020
Un fenómeno que tiene todas las características de un hecho permanente
01/27/2020

Scalabrini

1 de JUNIO en la BASÍLICA DE GUADALUPE

27 de enero de 2020

Ofrecemos a nuestros visitantes la Homilía pronunciada por S.E.R. Mons. Emilio C. Berlié Belaunzarán, Arzobispo de Yucatán, en ocasión de los festejos de los 100 Año de la muerte del Beato Juan Bautista Scalabrini.

Muy queridos Padres Misioneros y Misioneras de San Carlos,
Hermanos todos en el Corazón de Jesucristo, Buen Pastor:

Estoy profundamente agradecido a Dios por haberme invitado ustedes a presidir esta celebración, en ocasión del Primer Centenario de la muerte del Beato Juan Bautista Scalabrini. Conocí a los Misioneros de San Carlos a través de un muy querido amigo, el Padre Flor María Rigoni.

Sé que cuando fue elegido para venir a México a fundar la base que ellos tendrían en Tijuana, se sorprendió, pues todo era novedad fundacional. Su traslado de Alemania a México significó también una radical metamorfosis en toda su perspectiva de vida religiosa.

Ahora bien, poneros en contacto con el Beato Juan Bautista Sacalabrini, es acercarnos a uno de los grandes personajes del siglo XIX, que sirvió a la Iglesia con la integridad de su vida y que tuvo además el carisma tan fecundo y maravilloso de la fundación de los Misioneros y de las Misioneras de San Carlos, actualmente presentes en treinta países de los cinco continentes.

Nació en Fino Mornasco, Como, Italia el 8 de Julio de 1839 y murió en Piacenza el 1° de Junio de 1905. Fue obispo de aquella ciudad por casi treinta años. Animado por el amor a Cristo, su ideal misionero fue San Carlos Borromeo, a quien escogió también como protector y modelos para sus Misioneros y Misioneras. El 9 de noviembre de 1997 fue elevado a los altares, siendo declarado Beato por el Papa Juan Pablo II. Desde pequeño se pudo apreciar en él su fina sensibilidad religiosa, que con los buenos ejemplos y la educación esmerada de sus familiares fueron desarrollando en él toda su capacidad de relación y comunión con Dios.

Recibió la Ordenación Sacerdotal el 30 de mayo de 1863, en la culminación del mes dedicado a la Santísima Virgen y de inmediato consagró toda su vida generosamente al ministerio sacerdotal. Su vasta cultura clásica y moderna le ofreció la posibilidad de crear una extensa obra literaria, totalmente dedicada al servicio pastoral. Son unas setenta las cartas pastorales dirigidas a su diócesis. Numerosos también las escritos para que la opinión pública conociera el fenómeno migratorio.

Fue elegido obispo por las garantías que daba de fidelidad doctrinal al Vaticano I, que siempre leyó y comprendió en su verdadera perspectiva histórica y que nunca falló a esa fidelidad. Lo central de su pastoral fue la necesidad de reconciliación, porque sentía la necesidad de demostrar que era un obispo para todos. En 1895 pronunció los siguientes conceptos que dice mucho de su espíritu conciliador:
“Dios quiere la razón reconciliada con la fe, la naturaleza con la gracia, la tierra con el cielo, la obra de las creaturas con los derechos de su Creador. Quiere que trabajo y capital, libertad y autoridad, igualdad y orden, fraternidad y paternidad, conservación y progreso, se ayuden, como contrapuestos que se armonizan. Quiere que todos los elementos a la civilización, ciencias, letras, arte, industria, que todo legítimo interés, toda legítima aspiración, tengan en la religión, en la Iglesia, en el Papado, el impulso, solicitud, elevación y consagración divina”.

“Es necesario que todos nuestros pensamientos, que todas nuestras palabras, que todas nuestras acciones, todos nuestros deseos, todas nuestras disposiciones, todos nuestros sacrificios sean como una pincelada, que formen y expresen en nosotros algún reflejo de la vida de Jesús, para lograr así llegar a su copia. ¿Cuándo sucederá ello? Cuando amemos lo que él amó y de la misma manera de cómo él lo amó. Cuando tengamos en nuestro corazón los mismos sentimientos y las mismas disposiciones que él tuvo en su corazón”.

Año de la Eucaristía.

En este año dedicado a la Eucaristía, como asegura el Padre Edison Osorio, debemos rescatar el pensamiento y, sobre todo, la vivencia que tuvo el Beato Juan Bautista Scalabrini acerca de este sublime sacramento. El amor a la Eucaristía fue la nota más característica de la espiritualidad del Beato. En una de sus cartas pastorales en ocasión de la Cuaresma de 1878, con una maravillosa analogía pone la eucaristía al centro del universo. Decía: “La Eucaristía es en el mundo espiritual lo que es el sol en el mundo físico. De la misma manera que todo gravita hacia este astro magnífico, cuya luz y calor difunden donde quiera la fecundidad y la vida, así todo gira hacia la augustísima Eucaristía”.

Si la Eucaristía “es la obra maestra de la mente y del corazón de Dios, el centro de nuestra religión, el punto de contacto donde lo finito y lo infinito, la naturaleza y la gracia se conjugan en el inefable abrazo de la verdad y del amor por esencia”. La vivencia y el amor a la Eucaristía eran tan profundos que recomendaba con insistencia la visita diaria al Santísimo Sacramento a todos sus feligreses; veía en el Sagrario “el lugar donde el creyente, en el secreto de su corazón escucha voces misteriosas y suaves”. Por esta razón, en una de las cartas pastorales en 1902 decía: “Todos rindan homenaje cotidiano a la divina Eucaristía. Yo lo recomiendo a los niños, para que Jesús los encamine en el camino de la virtud; lo recomiendo a los jóvenes, para que Jesús les dé fuerza para resistir a los encantos y seducciones del vicio; lo recomiendo a los que están en el declinar de la vida, para que Jesús los ayude a mirar con serenidad a la muerte”.

Para el Beato Scalabrini la Eucaristía es la síntesis de nuestra profesión de fe, es decir, que “quien cree en la Eucaristía cree, se puede decir, en todas las verdades cristianas. Cree en la inefable Trinidad de las Personas, en la absoluta unidad del ser humano; cree en la encarnación del Verbo, en su inmolación por nosotros. Cree en su gloriosa resurrección y ascensión al cielo; cree en la divina maternidad de la Virgen y en la misión del Espíritu Santo sobre los apóstoles congregados con ella; cree en la divina institución de la Iglesia, en su perfección y en la necesidad de ser sus miembros vivos para alcanzar la vida eterna”.

El amor y la entrega por la Iglesia era inexplicable sin la vivencia de la Eucaristía. “Sin la Eucaristía la Iglesia sería una religión sin sacrificio, una asociación de utopistas, una casa construida sobre la arena. Cristo sería una leyenda, un mito. Sobre este sacramento esta fundada la Iglesia y todas las riquezas se suman en el pan y en el vino”. No quería morir sin antes ver su diócesis “eucaristizada”, así se expresaba: “Cuando el Señor, en su infinita bondad me conceda ver profundamente arraigada la devoción eucarística en mi querida diócesis, entonces podré exclamar con el profeta: Ahora deja Señor, que tu siervo se vaya en paz, porque mis ojos vieron al salvador dado por ti, amado y venerado por los que son en el tiempo y serán en la eternidad mi alegría y corona”.

Los cuatro aspectos de la acción pastoral.

Ahora bien, para el Beato Scalabrini había cuatro aspectos importantes en la acción pastoral:

1° Es el catequético-

Ya que delante de una civilización enferma su respuesta fue el “hacerse próximo”, acercarse con la presentación de la verdad. Como decía San Vicente de Paúl: “No basta amar a Dios, si mi prójimo no ha aprendido a amarlo”. Y decía que, para ello, se necesitaba de una exposición: “Clara, noble, digna; con instrucción catequética sólida, bien preparada, que convenza, desarrolle, ilustre, fortalezca la fe; porque si está fundada no sobre la arena sino sobre la roca como dice el Evangelio resistirá victoriosa en contra de los asaltos del enemigo”. “No sólo, pues, es educar a los niños y jóvenes enseñándoles la doctrina cristiana, sino educar a los niños y jóvenes en el cristianismo. No tan sólo instruir sino educar”.

2° aspecto importante es la caridad.

El Santo Padre Pío IX, cuando lo envió como obispo de Piacenza, le dio esta “idea fuerza”: “Vayan, y con la caridad vencerán al mundo”.
En la primera carta pastoral el Beato Scalabrini dijo que se sentía enviado “En primer lugar, a los más pobres e infelices”, y añadió: “Siempre con ellos esforzándome sobre todo en atender y evangelizar a los pobres, que ricos en la fe, fueron elegidos por el Redentor los primeros herederos del Reino prometido a los que lo aman”.

Cuando quiso vender sus caballos delante del drama de la carestía de 1879, lo convencieron que no lo hiciera, porque servían para recorrer pastoralmente su diócesis; aceptó la observación y no los vendió; pero en cambió sí empeño el cáliz que le había regalado el Santo Padre Pío IX. Y cuando vino el terremoto de Casamicciola (1883), no dudó en exhortar a sus fieles con un mensaje que parece preludiar el dirigido por Juan Pablo II a Europa: “Ama a los otros pueblos, como amas a la tuyo”.

Es muy hermosa también la página de su testamento que dice: “He venido como pobre a Piacenza, y pobre me voy…; lo poco que en verdad me pertenece bastará para saldar las cuentas de mis funerales, que les pido sean modestísimos”.

El 3° aspecto es la cultura.

Para el Beato Scalabrini la cultura consiste en definir las cosas, encontrar su convergencia y colocarlas en un conjunto armonioso. Siempre lo quisieron etiquetar como un obispo que sabe transigir, católico-liberal. Pero todos sus biógrafos coinciden en afirmar que es falso colgarle esta etiqueta. Fue abierto y transigente en el recto desempeño de su deber de pastor, y para saber ser puente con el mundo. Fue esencial para él rechazar una eclesiología papista condenada por Roma, que buscaba aflorar de nuevo. Pues no tiene sentido eclesial una relación directa entre la persona del fiel individual y el Papa, dejando del lado al obispo.

En esta oportunidad escribió: “Cuando sea necesario que en la Iglesia exista un maestro único, el Papa basta…nuestro Señor Jesucristo fundó la Iglesia sobre una roca: San Pedro”. Luchó mucho en contra de esa eclesiología papista y sufrió tanto. Pero no se rindió. Y lo hizo para demostrar que el amor a la verdad es más fuerte que cualquier oportunismo.

Finalmente el 4° aspecto es la caridad pastoral.

Juan Bautista Scalabrini nos enseña a escuchar con el corazón y dejarnos iluminar por la fe, puesto que la fe más profunda nos hace creativos. Lo que todos necesitamos es aprender a vivir juntos en la diversidad, respetándonos, amándonos más allá de la simple tolerancia. En la misma línea de los Apóstoles en el Cenáculo, conocemos la tendencia a guardar cerradas las puertas o por el miedo del diverso, o por no querer ser molestados por los demás y por Dios. Sin embargo, no podemos arrojar la esperanza, porque el resucitado sabe pasar a través de nuestras puertas cerradas y no ofrece el soplo del Espíritu y el saludo de paz.

Conclusión.

Hoy se sigue abusando de los demás; se maltrata la creación; se persigue a la población migrante y refugiada. Se rechaza al forastero, a quien es diferente en su cultura, costumbres y manera de ser. Existen altos índices de corrupción, pobreza, hambruna, enfermedades, violencia, violación a los derechos humanos desempleo. La Iglesia se siente interpelada por el estado de precariedad en que viven millones de familias en todo el mundo. También nos sentimos cuestionados por el alto grado de vulnerabilidad en el que se encuentran millones de migrantes al dejar su patria natal.

Muchas personas se encuentran desesperadas por la situación que viven tanto en sus hogares como en el ámbito socio-político. Por eso, emprenden la aventura en búsqueda de un trabajo que le dé mayor estabilidad a su familia. La mayoría se enfrenta a un sinnúmero de riesgos durante el largo trayecto. Con gran facilidad el migrante es víctima de vejámenes y maltrato. Recorre largos trayectos por desiertos, ríos y selva donde la naturaleza les sonríe con toda su belleza, por un lado, pero les muestra los diversos peligros por el otro.

Esto quiere decir, muy queridos Misioneros y Misioneras de San Carlos, que sigue vigente el carisma de su Instituto. Siendo migrantes, la gente vive en la zozobra, en la clandestinidad; sobreviven con pésimos salarios y documentos falsificados. Los pies llenos de llagas, agotamiento físico, estados crónicos de deshidratación o de ataques nerviosos son las marcas de largos días de camino. Algunas personas menos afortunadas encuentran la muerte ya sea por asfixia, ahogamiento o desnutrición.

El hecho de abandonar su terruño natal describe también un camino lleno de espinas: desintegración familiar, desarraigo cultural, pérdida de identidad. Además, el migrante queda estigmatizado por el flagelo de ser diferente. Lamentablemente existen grupos sociales que manifiestan comportamientos racistas opresores contra grupos minoritarios o extranjeros. Tales actitudes empujan a grupos débiles a una mayor pobreza, desempleo, baja autoestima y analfabetismo.

Como Misioneros y Misioneras: ¿Lograrán dejarse mover por el estupor delante del fenómeno sin proporciones de las migraciones y soñar juntos cómo ser para con ellos presencia, signo y voz? Decía el Obispo Helder Cámara: “Un sueño que se sueña a solas puede quedar en pura ilusión; un sueño en conjunto es signo de nuevo nacimiento”.

Como bien señaló el Reverendo Padre Isaías Birollo, Superior General, “la Familia Scalabriniana tiene que volver continuamente a lo que ella ya es. El viento y el fuego del Espíritu tienen que poder abrir aquellas fronteras que nosotros los hombres seguimos levantando entre nosotros, pasando de Babel o cerrazón dentro de nosotros, al recinto abierto de Pentecostés”.

Que la Santísima Virgen de Guadalupe derrame abundantemente sus gracias y bendiciones sobre todos los miembros del Instituto Scalabriniano y les conceda la gracia especialísima de la perseverancia final. Así sea.

Fuente/Autor: Comité de Redacción – Seminario San Carlos – Guadalajara, Jal.

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