Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente.

Papa Francisco
PEREGRINACIÓN DE LA URNA DEL BEATO SCALABRINI POR LA DIÓCESIS DE PIACENZA
01/27/2020
REFLEXIONES DE SCALABRINI
01/27/2020

Scalabrini

«Vayan, Apóstoles de Jesucristo, y no teman: les acompaña la Cruz»

27 de enero de 2020

Palabras de Scalabrini a los Misioneros que partían para la misión – 10 de junio 1884.

La señal de la liberación universal, elevada en medio de los pueblos es la Cruz; la Sociedad de los redimidos es la Iglesia; la palabra que vuela de un lugar a otro, de pueblo en pueblo, anunciadora de salud, es el apostolado católico. Y, gracias al Cielo, desde que sobre el Gólgota fue levantada esta señal, desde que en el mundo apareció la Iglesia, la palabra que anuncia la gloria de Dios, que ilumina las mentes, reanima los corazones, renueva las almas y, atrayendo de todas partes los hermanos dispersos, reconstruye en la unidad de la fe, de la esperanza y del amor a la familia humana, no ha cesado nunca de hacerse oír a las gentes (…).

Vayan, por lo tanto, oh generosos Apóstoles de Jesucristo, adonde Él los llame. Les esperan, lo sé, grandes esfuerzos, peligros no pequeños, muchas tribulaciones, luchas y sacrificios continuos, sin embargo no tegan miedo: los acompaña la Cruz. Los acompaña la Cruz, signo de sus pasados triunfos, prenda de futuras victorias para el consuelo de ustedes; la Cruz que, fue oprobio para el gentil y escándalo para el judío, ha tomado posesión de la tierra (…).

No tengan miedo, los acompaña la Cruz: la Cruz que es la defensa de los humildes, la aniquilación de los soberbios, la victoria de Cristo, la derrota del infierno, la muerte de la infidelidad, la vida de los justos, la plenitud de todas las virtudes. La Cruz, que es la esperanza de los Cristianos, la resurrección de los muertos, el consuelo del pobre, el madero de la vida eterna, la fuerza de Dios. No tengan miedo, los acompaña la Cruz: esa Cruz que modela a los héroes de la Religión, que los sostiene, los anima, los guía, los cautiva, los hace superiores a la carne, a la sangre, a sus alegrías, a sus dolores, infunde en su ánimo los santos deseos del mártir de Cristo, que sabe vivir y morir exclamando: ¡Viva Jesús! ¡Viva la Cruz! ¡Viva el martirio!: absit gloriari nisi in cruce Domini nostri Jesu Christi [lejos de mí el gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo].

La Cruz es locura para el mundo, pero para ustedes llegará a ser sabiduría y vida y más les valdrá una hora empleada en meditarla que largos años consumados sobre los libros más doctos, que por sí solos inflan y pierden, y sin ellos, con la sola Cruz se crece en la ciencia de Dios. ¡Ah! sí, la Cruz será para ustedes un bálsamo para toda herida, un lenitivo para todo dolor, un sostén para toda debilidad, un consuelo para toda ansiedad, un esclarecimiento para toda duda, una luz para toda oscuridad. En las aflicciones, en los desalientos, en las desilusiones, aprieten a su corazón la Cruz que les he entregado, y con el acento de un entero abandono en las manos de Dios, levantando los ojos al Cielo, repitan: Fac me cruce inebriari: absit gloriari nisi in cruce Domini nostri Jesu Christi [Haz que me enamore de la cruz: lejos de mí el gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo] y sus corazones se dilatarán y sus almas se abrirán a todas las dulzuras de la esperanza cristiana y sus obras serán hechas todas muy valiosas para el Cielo.

Fuente/Autor: de UNA VOZ VIVA

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