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Tarjeta de presentación

27 de enero de 2020

La gran mayoría conoce el significado del letrero con la palabra VIP (Very Important People) que se encuentra en acceso a determinadas zonas del aeropuerto o en selectos restaurantes. Sin embargo, no menos importante nos resulta saber quién y cómo se logra ser MAP, una “muy agradable persona”. Agradable, no tanto por su belleza o porte físico, sino por sus actitudes, comportamientos y reacciones ante los demás.

MAP: ¡toda una tarjeta de presentación! Alguien con quien estás a gusto diez minutos o dos horas; a quien acudes porque sabes que te acogerá bien; alguien -en fin- que tiene tiempo para los demás y que jamás te dejará separarte de su lado sin haberte ofrecido, por lo menos, esa moneda rara y preciosa de un saludo franco.

¿Es difícil encontrar una MAP?

Todo lo contrario: Pensemos en Betty, esa compañera simpática, miembro de nuestra selección de volibol y de complexión algo robusta. O en Quique, que no abunda en dinero ni es galán, pero eso sí, ¡cuánto nos agrada compartir con ellos un rato de charla amena o realizar cualquier tarea escolar a su lado! Como que tienen “ángel”, un no sé qué, que hace las veces de imán en su personalidad. Pues bien, ese “algo” es nuestra tarjeta de presentación, el pasaporte asegurado hacia la simpatía del corazón ajeno.

¿Requisitos?

Sólamente uno: ¡quererlo con todas las fuerzas! Desear forjar el “estilo MAP” en nuestra personalidad y hacerle una entusiasta propaganda con nuestro modo de ser. El reto es alto, pero vale la pena. Su primera faceta es la sonrisa. Hablamos de sonrisa como de un sello distintivo de la personalidad, y no como de una máscara que se pone al salir de casa; como gesto natural y espontáneo y no como postizo; no como reacción automática para presentarse en sociedad.

Cuando la alarma del “debo” se enciende en el cerebro, seleccionas el botón “normas de educación”, jalas la palanca y hete aquí que aparece entre tus labios un “¡buenos días, Rebeca!”, mientras que por dentro desearías encontrarte al otro lado de la tierra en ese preciso instante.

No tenemos porqué escandalizarnos. Estas tendencias y reacciones primarias, casi instintivas, las sufrimos todos los mortales, y en lo referente a caerle bien a cualquiera debemos reconocer que nadie es “monedita de oro”: ni para sí ni para los demás.

¿En dónde reside el “ángel”?

Prácticamente, en el autocontrol de nosotros mismos, logrado a base de constantes actos de vencimiento de los impulsos que tienden a encerrarnos en nuestro pequeño y ridículo mundo de caprichos y veleidades.

Pero el joven MAP es algo más que la agradable etiqueta social. Igual su sonrisa. Si no la llevas por dentro, por fuera será postiza, tendrá sabor artificial: jalas la palanca… y te brota algo similar a una mueca amorfa que se te evapora al instante; y siempre, irremediablemente, con sabor a metal, fría, mecánica, como si le dijeses a tu interlocutor: “¡Vamos! ¿qué se te ofrece?, tengo poco tiempo.”

Nuestro rostro es un espejo fascinante de la riqueza o indigencia de nuestro corazón. En este asunto se aplica con matemática precisión la “ley de los vasos comunicantes” (aquella en que se “rellena” un aspecto de la vida, como si fuera un vaso comunicante, y sin darnos cuenta, se van llenando otros aspectos), ni más ni menos.

Si no tenemos reservas de bondad y de entusiasmo no podremos dar nada; y si hay poca bondad y de baja calidad, nos costará horrores ofrecer una sonrisa, la tacañearemos hasta extremos irrisorios.

Ahora bien, si lo pensamos un momento, la sonrisa es el gesto más económico, disponible y eficaz para caer bien a las personas que me rodean, para comenzar amistades nuevas y conservar las ya existentes; en definitiva, para ofrecerles algo de mí. La sonrisa, así entendida, es el optimismo con sabor a buenos días, la fórmula para diluir infinidad de situaciones tensas, el más hermoso adorno en el rostro de un joven.

Piénsalo un poco, analiza tu propia vida y descubrirás que las cualidades, dones y oportunidades que posees son muchas, y que haciendo un balance objetivo, el resultado es francamente optimista.

Comencemos, pues, sonriendo, ofreciendo a los demás un cachito de cielo. Rompamos las malas caras. Tiremos al bote de la basura la altivez en nuestros modales. Extraigamos de nuestros ahorros el saludo cordial y franco… volvamos a la simplicidad.

Al final del día, antes de dormirnos, descubriremos que nuestra siembra se ha multiplicado, que está brotando lozana en decenas, quizá cientos de rostros que han recobrado el gusto por la vida cotidiana. Este puede ser nuestro regalo para el día de hoy, el grano de arena en la construcción de una sociedad más humana, gracias a nuestro contagioso estilo MAP.

Fuente/Autor: Alfonso Pedroza López

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