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Migración en el Discurso del Nacionalismo Populista

27 de enero de 2020

Como reacción ante lo que algunos interpretan como resultados desastrosos del proceso de globalización, iniciado a principios de los años 90 del siglo pasado e impulsado por la implementación de políticas económicas inspiradas en el neoliberalismo, ha resurgido el nacionalismo populista, el cual promueve la “defensa de la Patria por encima del Mundo”; poniendo en riesgo los acuerdos comerciales y de integración regional promovidos por las políticas neoliberales . Un elemento central en la retórica de los nacionalismos populistas es su discurso anti-migrante, el cual parece repetirse en distintas partes del mundo occidental con los mismos argumentos y estrategias.
Este momento político está caracterizado por el surgimiento de líderes que se presentan a sí mismos como “anti-políticos” y “anti-sistema”, aunque por mucho tiempo han pertenecido a la clase política o empresarial de sus respectivos países y por lo mismo participan del sistema. Sus discursos apelan a las emociones de aquellos que se han sentido traicionados por los “políticos tradicionales”. Este fenómeno político, parece replicarse en distintas partes del mundo: Donald Trump en Estados Unidos, López Obrador en México, Boris Johnson en la Gran Bretaña, Jair Bolsonaro en Brasil, Viktor Orbán en Hungría, Marine Le Pen y Emmanuel Macron en Francia, Matteo Salvini en Italia y podríamos hacer una lista aún más larga. Aunque la mayoría de estos líderes son conservadores de “derecha”, el nacionalismo popular no distingue entre “derechas e izquierdas”. Lo que importa es afirmar la “identidad nacional” y privilegiar los intereses de la Patria.
En este contexto internacional, los migrantes son presentados como una amenaza a la identidad nacional y a los intereses nacionales. El rechazo a la llegada de migrantes, se presenta en su “discurso ·salvador de la nación”, como defensa de los valores y costumbres nacionales. La presencia en el país de migrantes y solicitantes de refugio se interpreta como una carga injusta para los sistemas de protección social y una amenaza a la seguridad y soberanía nacionales. Las deportaciones masivas y el estricto control de las fronteras, se consideran como las únicas medidas efectivas para controlar los flujos migratorios. Las cifras que presentan son desproporcionadas y es difícil comprobar la objetividad de sus estadísticas. La información que brindan sobre migrantes o refugiados se funda en rumores y genera rumores (por ejemplo: las deportaciones masivas prometidas por Trump o la construcción del muro), sus propuestas son imprecisas e incluso contrarias a la legislación vigente en sus países (como el programa “Quédate en México” o convertir a México, Guatemala, El Salvador y Honduras en “tercer país seguro”).
Recientemente, el presidente Trump en su discurso ante en la asamblea general de la ONU, afirmó su política anti-migrante manifestando que “sí llegan aquí (refiriéndose a los migrantes y solicitantes de refugio), no les permitiremos la entrada. Ustedes serán regresados inmediatamente a casa, ustedes no serán liberados en nuestro país… Mientras yo sea el presidente de los Estados Unidos. Aplicaremos nuestras leyes y protegeremos nuestras fronteras”. Trump a través de esta clase de discursos aprovecha para dirigir mensajes más que de política internacional de campaña electoral con sus votantes, elevando el espíritu nacionalista del pueblo americano.
Desafortunadamente, por un lado, el discurso y la política anti-migrante es muy efectivo en la reconstrucción de las identidades nacionales. Por otro lado, la presencia de los migrantes y solicitantes de refugio parecen justificar la ineficacia de los aparatos estatales en el cumplimiento de sus obligaciones para sus ciudadanos. En los migrantes, los políticos que promueven el “nacionalismo populista”, han encontrado a los “chivos expiatorios” que justifican su ineficacia en el gobierno y el argumento que los hace aparecer como “próceres patrios” que protegen a su nación de “enemigos extranjeros”. En mi opinión, en el futuro cercano (se aproxima la campaña de reelección del presidente Trump), el discurso y las políticas anti-migrantes en Centroamérica, México y Estados Unidos no se modificarán y seguirán provocando miedo, desconfianza e incertidumbre para muchas familias de la región.

Fuente/Autor: P. José Juan Cervantes, c.s. y Jairo Meraz Flores

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