“No hay alegría más pura y más santa que en el atenderse unos a otros, comunicarse unos con otros”.

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¿Se puede hablar de Dios en las redes sociales?

27 de enero de 2020

I. El Mensaje del Papa “Redes Sociales: Portales de verdad y de fe, nuevos espacios para la evangelización”.

Eel mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año 2013 puede ser entendido como un capítulo de reflexión permanente sobre estos nuevos medios.

En los últimos cinco años desde el Pontificado se mostró una gran atención a la realidad – en constante evolución – de los medios digitales y su significado para la humanidad y la Iglesia. Este año hemos celebrado la Jornada Mundial de las Comunicaciones a la luz de la reflexión del Papa emérito Benedicto XVI que quiso poner su atención en las redes sociales; así nos ha invitado a apreciar la potencialidad de estas redes en la promoción y desarrollo humano y también en la solidaridad. El mensaje para este año señala a todas las personas presentes y activas en las redes sociales algunas actitudes fundamentales y compromisos necesarios que tendrían que ser desarrollados y potenciados; además – durante este Año de la Fe – el mensaje se dirige a los creyentes involucrados en las redes sociales exhortándoles a reflexionar cómo pueden contribuir con su presencia, a hacer conocer el mensaje evangélico del amor de Dios para todos los hombres y mujeres.

En ese sentido la reflexión que nos propone el papa emérito Benedicto XVI, nos señala que las tecnologías no provocan automáticamente un cambio positivo: “El mero hecho de que los medios de comunicación social multipliquen las posibilidades de interconexión y de circulación de ideas, no favorece la libertad ni globaliza el desarrollo y la democracia para todos. Para alcanzar estos objetivos se necesita que los medios de comunicación estén centrados en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos, que estén expresamente animados por la caridad y se pongan al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural” (Caritas in veritate 73, 2009). Benedicto XVI afirma claramente que son necesarios un esfuerzo y un empeño de parte del hombre, ya que “El intercambio de información puede convertirse en verdadera comunicación, los contactos pueden transformarse en amistad, las conexiones pueden facilitar la comunión”. (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, 2013).

Al referirse a las redes sociales, muy a menudo los académicos hablan de contenidos generados por los usuarios (user generated content) y también Benedicto XVI en su mensaje nos recordó que la misma cultura de las redes sociales es generada por los usuarios. Si las redes son concebidas como espacios buenos donde las comunicaciones positivas pueden contribuir a promover el bienestar individual y social, entonces los usuarios – personas que forman estas redes – deben estar atentos al tipo de contenidos que están creando y compartiendo. Recientemente un estudio ha concluído sobre la importancia cada vez mayor de estas redes sociales a la formación de la identidad humana (“Foresight Future Identities”, previsiones de futuras identidades, Londres, 2013); en este sentido es muy necesario estar atentos a garantizar que estos ambientes resulten seguros y humanamente enriquecedores. Al respecto Benedicto XVI señala en su mensaje: “Quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio y la intolerancia, envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos. (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, 2009).

La lógica nos dice que las “redes” son verdaderamente “sociales”, solo si los usuarios evitan cualquier forma de comportamientos y expresiones antisociales.

Si deseamos que las redes expresen todo su potencial para ser un “fórum” que ayude a las personas a mejorar la comprensión y la apreciación recíproca, entonces tendremos que ser siempre respetuosos en las distintas formas de expresarnos. Si deseamos que las redes sociales ayuden a las personas a crecer en la conciencia de la verdad, entonces tendremos que comprometernos y promover la honestidad y la autenticidad de nuestra presencia en estos espacios. En un ambiente que permite que las personas estén presentes de forma anónima, tenemos que estar atentos a no perder jamás el sentido de nuestra responsabilidad personal. Incluso si las redes sociales, aparentemente, dan más atención a aquellos que aparecen más provocativos u ostentosos en su estilo de presentación; como bautizados debemos insistir en la importancia del debate racional, de la argumentación lógica y de la persuasión no agresiva. Si bien las redes sociales corren el riesgo de transformarse en “migajas de información” o ” cámaras de eco” (Sunstein, 2012) en las que las personas se contactan solo con los que tienen las mismas opiniones e ideas; el Papa nos recuerda que el diálogo y el debate pueden crecer sólo cuando estamos dispuestos a involucrar a quien es distinto de nosotros y a tomar en serio sus ideas. Las redes sociales exhibirán el máximo de su riqueza si serán inclusivas.

Benedicto XVI da por descontado la importancia del ambiente digital como una realidad en la vida de muchas personas. Y como ya hemos recalcado no se trata de una especie de mundo paralelo, o meramente virtual, sino de un ambiente existencial en el que las personas viven y se mueven. Se trata de un “continente” en el que la Iglesia debe estar presente y donde los creyentes, si quieren ser auténticos en su presencia, tendrán que compartir con los demás esta fuente de su profunda alegría y de su esperanza: Jesucristo. El fórum creado por las redes sociales nos permite compartir la verdad que el Señor ha transmitido a su Iglesia, de escuchar a los otros, de conocer sus intereses y sus preocupaciones, de entender quiénes son y que están buscando.

II. ¿Se puede hablar de Dios en las Redes Sociales?

Para responder a esta pregunta, deseo utilizar la metáfora de la “luz eléctrica” para entender mejor el objetivo de superar el esquema meramente instrumental que tenemos del Internet y de los espacios que se han creado a través de esta Red.

Seguramente cuando en 1878 Thomas Alva Edison construyó la primera lámpara incandescente , y que permaneció encendida por más de 40 horas[1] no se imaginó que esa invención habría de cambiar la forma de vivir de la humanidad que hasta ese entonces se alumbraba con antorchas y velas.

Pienso que de la misma manera cuando se inició a gestar la red Internet a inicios de los año 70 no se podía prever los cambios que tendría la humanidad en la forma de comunicar, socializar, y en definitiva de vivir en una nueva cultura.

Así como la luz eléctrica – y más concretamente la generación y transmisión de la electricidad – permitió automatizar y dar origen a los medios masivos de comunicación que modernizaron la comunicación del inicio del siglo XX; de igual manera el Internet ha dejado de ser un medio y un instrumento para convertirse en un ambiente donde han nacido nuevas formas y nuevos espacios de comunicación como el World Wide Web (WWW), los foros, los portales multimediales de información o cocimiento, y recientemente las redes sociales, que en su conjunto se constituyen en un nuevo ambiente comunicativo, y que han creado en la sociedad: la cultura digital o mundo digital que a su vez haz provocado el fenómeno de la globalización de la cual todos hacemos parte, queriéndolo o sin quererlo.

Hoy en día ya nadie se cuestiona si podemos usar en las parroquias la luz eléctrica, ¡incluso las velas eléctricas o campanas eléctricas! Así como tampoco ya nos preguntammos si la Iglesia Católica puede poseer una radio o una televisión. Y no lo hacemos porque desde hace mucho las personas han “asumido esa tecnología” en la vida cotidiana, es decir – en el caso de la electricidad – aquel acceso a la electricidad que podía ser considerada como un “bien para pocos” hoy es considerado como un elemento primordial para cada ciudadano.

De la misma manera, el mundo que emergió con la llegada del Internet nos presentó interrogantes, desafíos, y seguramente también causó asombro y temor a muchos. Sin embargo, la evolución y la incidencia que las nuevas tecnologías de comunicación tuvieron en la sociedad hacen que hoy en día ésas no sean vistas, ni concebidas sólo como un instrumento, o una tecnología externa al ser humano.

Por eso considero importante cambiar nuestro esquema mental hacia el mundo digital y el mundo de la comunicación; pasando de una visión instrumental a una visión de espacio comunicativo. Es decir, la cultura digital – de la cuál hablaremos – hoy se presenta como extensión del ser humano; las personas no usan las tecnologías de la comunicación sino que:

a) en primer lugar se apropian de ellas, y

b) las habitan

Así “Las redes se convierten así, cada vez más, en parte del tejido de la sociedad” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada mundial de la Comunicación 2013); por esto – y como cristianos – algunas preguntas pierden vigencia. Ya no podríamos preguntarnos si debemos o no debemos usar Internet para Evangelizar; refiriéndonos a la metáfora inicial, sería como preguntarnos si tenemos o no tenemos que utilizar la electricidad para evangelizar.

III. Cambio de paradigma en la cultura de la comunicación

En los últimos veinticinco años hemos sido testigos de un desarrollo exponencial[2] de la tecnología y de sus capacidades para apoyar y facilitar la comunicación humana. La combinación de este desarrollo en la telefonía móvil, en la tecnología informática, la fibra óptica y los satélites hace que muchos de nosotros tengamos en el bolsillo los smarth-phones que nos permiten el acceso instantáneo a una amplia y extraordinaria cantidad de información de todo el mundo, y que nos dan la posibilidad de comunicar mediante conversaciones, textos o compartiendo imágenes con personas o instituciones de cualquier latitud. Sin embargo, esta revolución de las tecnologías de la información y de la comunicación no debe ser entendida sólo en términos instrumentales: no se trata simplemente de una mejoría en la comunicación y la información en términos de volumen, velocidad, eficiencia y accesibilidad; sino más bien de los profundos cambios en la manera en que las personas utilizan estas tecnologías para comunicar, aprender, interactuar y relacionarse. Estamos viviendo un cambio de paradigma en la cultura de la comunicación. Así lo señalaba el Papa Emérito Benedicto XVI cuando afirmó que: “Las nuevas tecnologías no modifican sólo el modo de comunicar, sino la comunicación en sí misma, por lo que se puede afirmar que nos encontramos ante una vasta transformación cultural” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada mundial de la Comunicación 2011).

Esta nueva cultura de la comunicación requiere que los medios redefinan su enfoque, es decir: no podemos hacer lo que siempre hemos hecho, solo que con nuevas tecnologías. “En los primeros tiempos de la Iglesia, los Apóstoles y sus discípulos llevaron la Buena Noticia de Jesús al mundo grecorromano. Así como entonces la evangelización, para dar fruto, tuvo necesidad de una atenta comprensión de la cultura y de las costumbres de aquellos pueblos paganos, con el fin de tocar su mente y su corazón, así también ahora el anuncio de Cristo en el mundo de las nuevas tecnologías requiere conocer éstas en profundidad para usarlas después de manera adecuada” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada mundial de la Comunicación 2009).

IV. Características de la cultura digital

A continuación señalaremos de manera no exhaustiva algunas características de esta cultura digital que nace del flujo comunicativo y de la capilaridad que ha provocado – entre otras cosas – el fenómeno de la globalización. Se trata ante todo de un fenómeno cultural donde se multiplican cada vez más las tecnologías de la información y la participación de los usuarios/productores. Éstas son[3]:

Ø Es multimedial, no solo textual o discursiva. Incluye narraciones audiovisuales, fotografías, texto, música, hipertexto, iconos, etc. Los contenidos van más allá de un discurso racional-textual.

Ø Puede ser casi omnipresente, e incluso invadente, porque llega a los usuarios tanto a través de los medios de comunicación social como por medios personales cada vez más portátiles.

Ø Es dinámica, cualquier contenido puede ser compartido, transformado, multiplicado. Los medios, entre ellos, se potencian y se entrelazan creando un espacio compartido, algunos académicos de nominan a este nuevo espacio la “medioesfera”.

Ø Es conectiva, el usuario ya no es un receptor pasivo, sino que transmite también; se multiplican exponencialmente los contactos en los espacios compartidos, personales o colectivos

Ø Es a-sincrónica y des-localizada: las categorías de tiempo y espacio se reducen y son menos significativas en el intercambio de contenidos. Ni siquiera los idiomas ya son un impedimento, pensemos en los traductores automáticos.

Ø Crea una sociedad reticular, donde el estar vinculado o no estarlo es la condición que ofrece la posibilidad de participación social y de creación cultural colectiva.

Ø Es enciclopédica: los casi infinitos bancos de datos existentes contienen archivos del saber hasta hoy inalcanzable, y sirven para avanzar en la investigación científica y cultural de hoy.

Ø La fiabilidad no se da por descontada. Hay de todo y no todo es bueno, ni verdadero. Hay que aprender a elegir, aprender una nueva forma de visión crítica de lo que se encuentra.

Ø i.Es informal: pone a todos en el mismo plano a la hora de dialogar. Quien más credibilidad tiene, consigue crear opinión.

Ø Ofrece la posibilidad de diálogo entre personas de distintas generaciones y diversas culturas.

Ø Implica una cultura de uso de las herramientas electrónicas siempre en evolución. Supone una interacción física con éstas.

Ø Crea nuevos tipos de relación entre las personas; relaciones auténticas aunque a distancia. Existe el peligro de multiplicar las personalidades mediante los avatar, o falsear la propia identidad.

V. Los desafíos para la Iglesia Católica

Por supuesto que se podría profundizar más en estas características de la Cultura Digital, pero quisiera aplicar y proponer una lectura de los desafíos que emergen – precisamente desde las características de estas nuevas tecnologías – para la vida de la Iglesia Católica. Se trata de la postura y de la actitud que el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales – presidido por el Arzobispo Mons. Claudio María Celli, está promoviendo y asumiendo en el servicio que realizamos desde este Dicasterio Vaticano.

a) La realidad de los espacios virtuales

“La cultura de las redes sociales y los cambios en las formas y los estilos de la comunicación suponen todo un desafío para quienes desean hablar de verdad y de valores. A menudo, como sucede también con otros medios de comunicación social, el significado y la eficacia de las diferentes formas de expresión parecen determinados más por su popularidad que por su importancia y validez intrínsecas”. (Benedicto XVI; Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicación 2013).

La primera reflexión es simple: el espacio digital es actualmente una realidad en la que viven muchas personas; por tanto, no debemos pensar que lo “virtual” es un espacio menos importante que el mundo físico. Si la Iglesia no está presente en ese espacio, la Buena Nueva no será proclamada “digitalmente”, con lo que se corre el riesgo de abandonar a muchas personas para las cuales éste es el espacio donde “viven”: se enteran de las noticias y se informan; forman y expresan sus opiniones; se preguntan y debaten.

“El ambiente digital no es un mundo paralelo o puramente virtual, sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes. Las redes sociales son el fruto de la interacción humana pero, a su vez, dan nueva forma a las dinámicas de la comunicación que crea relaciones; por tanto, una comprensión atenta de este ambiente es el prerrequisito para una presencia significativa dentro del mismo” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada mundial de la Comunicación 2011).

Hoy se puede constatar que los medios católicos han respondido positivamente a este desafío, y que los operadores de los medios tradicionales están realizado un buen trabajo desarrollando una presencia consistente en el ambiente digital y logrando la necesaria convergencia para presentar sus contenidos en la Red.

b) Desafío del lenguaje

La capacidad de utilizar los nuevos lenguajes es necesaria no tanto para estar al paso con los tiempos, sino precisamente para permitir que la infinita riqueza del Evangelio encuentre formas de expresión que puedan alcanzar las mentes y los corazones de todos. En el ambiente digital, la palabra escrita se encuentra con frecuencia acompañada de imágenes y sonidos. Una comunicación eficaz, como las parábolas de Jesús, ha de estimular la imaginación y la sensibilidad afectiva de aquéllos a quienes queremos invitar a un encuentro con el misterio del amor de Dios. (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada mundial de la Comunicación 2013)

Para que nuestra presencia digital sea eficaz, el siguiente desafío es transformar nuestro estilo de comunicación. Una de las tareas más importantes de los medios católicos es ayudar a la Iglesia a encontrar un lenguaje apropiado para el ambiente de comunicación creado por las nuevas tecnologías y las redes sociales. Esta tarea es aún más importante si pensamos que así seremos fieles al mandamiento de dialogar con aquellas personas que no son miembros de nuestras comunidades: con otros cristianos, con miembros de otras religiones, con los no-creyentes y con los que viven alejados de la vida de fe porque se han separado de la Iglesia por varios motivos. Debemos prestar especial atención al tema del lenguaje; hagamos referencia en particular o a nuestros discursos, nuestras formas de comunicar y la terminología que usamos. Todos sabemos que el estilo discursivo del ambiente digital, especialmente del denominado Web 2.0, es conversacional, interactivo y participativo. Como Iglesia estamos acostumbrados a predicar, enseñar y emitir declaraciones – actividades ciertamente importantes -, pero las formas del discurso digital más eficaces son las que involucran individualmente a las personas, buscan responder a sus preguntas específicas y favorecen el diálogo. Necesitamos percibir mejor cómo será escuchado y entendido nuestro mensaje por las distintas audiencias, focalizándonos en el contenido de nuestra enseñanza. Hoy más que nunca, estamos llamados a escuchar atentamente a nuestros interlocutores, a los varios tipos de audiencia a los que nos dirigimos, entendiendo sus preocupaciones e interrogantes, teniendo en cuenta los contextos y ambientes en los que ellos encontrarán la Palabra de Dios.

c) La interactividad

“Las redes ofrecen la posibilidad de compartir fácilmente los recursos espirituales y litúrgicos, y hacen que las personas puedan rezar con un renovado sentido de cercanía con quienes profesan su misma fe. La implicación auténtica e interactiva con las cuestiones y las dudas de quienes están lejos de la fe nos debe hacer sentir la necesidad de alimentar con la oración y la reflexión nuestra fe en la presencia de Dios” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada mundial de la Comunicación 2013)

La aparición de Internet como un medio interactivo, en el que los usuarios participan como sujetos y no solo como consumidores, nos invita a desarrollar nuevos estilos de comunicación explícitamente dialogales, de enseñanza y presentación. La adquisición de un estilo más dialógico es un gran desafío logístico y de recursos. La interacción se realiza a través de blogs, comentando artículos o argumentando nuestras posturas en las redes sociales; y al hacerlo no sólo estamos interactuando con nuestros interlocutores directos, sino también con públicos y audiencias más amplias.

En la Iglesia, estamos acostumbrados a utilizar los textos escritos como la forma normal de comunicación; muchos sitios Web eclesiales continúan usando este lenguaje donde podemos encontrar buenas homilías y artículos muy interesantes, pero no queda claro si estos medios se están dirigiendo a audiencias jóvenes que comunican de manera diferente. Necesitamos descubrir la capacidad del arte, la música y la literatura para expresar el misterio de nuestra fe interpelando mentes y corazones. Así como los vitrales de las catedrales medievales hablaban a una audiencia que no sabía leer ni escribir, debemos encontrar formas y expresiones digitales que sean apropiadas para las generaciones que han sido denominadas “post-literarias”. Hemos de lograr una “implicación auténtica e interactiva con las cuestiones y las dudas de quienes están lejos de la fe” , que “nos debe hacer sentir la necesidad de alimentar con la oración y la reflexión nuestra fe en la presencia de Dios, y también nuestra caridad activa”. (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, 2013)

Nos hemos acostumbrado a relatar solo nuestra historia; ahora se nos pide mostrar lo que somos, y necesitamos aprender a mostrar cómo celebramos nuestra fe, cómo somos servidores y cómo nuestras vidas son bendecidas. Tenemos que comunicar con nuestro testimonio: “El mero enunciado del mensaje no llega al fondo del corazón de la persona, no toca su libertad, no cambia la vida. Lo que fascina es sobre todo el encuentro con personas creyentes que, por su fe, atraen hacia la gracia de Cristo, dando testimonio de Él” (Benedicto XVI, Encuentro con los obispos de Portugal, Fátima, 2010).

Necesitamos estar más atentos a nuestra terminología: gran parte de nuestro lenguaje religioso y eclesial es i-nin-te-li-gi-ble incluso para los creyentes, porque muchos de nuestros iconos y símbolos religiosos tienen que ser explicados a nuestros contemporáneos. Ya no podemos dar por supuesto que los jóvenes, incluso en países de una larga tradición cristiana, están familiarizados con las creencias más básicas. Desde el Pontificio Consejo para las Comunicaciones estamos convencidos de que los medios católicos – profesionales e institucionales – poseen un papel fundamental para ayudar a la Iglesia a aprender cómo comunicar eficazmente. Tenemos la buena suerte de contar entre nuestros miembros con un gran número de escritores talentosos, locutores, fotógrafos, cineastas, especialistas en los nuevos medios; su entusiasmo y creatividad son indispensables en esta tarea.

d) La autoridad

“La cultura de las redes sociales y los cambios en las formas y los estilos de la comunicación suponen todo un desafío para quienes desean hablar de verdad y de valores. A menudo, como sucede también con otros medios de comunicación social, el significado y la eficacia de las diferentes formas de expresión parecen determinados más por su popularidad que por su importancia y validez intrínsecas. La popularidad, a su vez, depende a menudo más de la fama o de estrategias persuasivas que de la lógica de la argumentación.” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, 2013)

Otra característica de este nuevo ambiente comunicativo es que se trata de un contexto no jerárquico, lo cual constituye un gran desafío para los esfuerzos comunicativos de la Iglesia: el espacio digital es abiertamente libre y peer to peer (de tú a tú), y no reconoce o privilegia automáticamente el valor de las instituciones o autoridades ya establecidas. Así, en este entorno, hay que ganarse la autoridad, ya que no se trata de un derecho. Esto significa que los líderes de la Iglesia, al igual que los líderes y autoridades políticas y sociales, están obligados a encontrar nuevas formas de organizar su comunicación para que sus palabras reciban una adecuada atención en el foro digital. Estamos aprendiendo a superar el paradigma del púlpito y de la congregación pasiva que escucha por respeto a nuestra posición; ahora estamos obligados a expresarnos mediante formas que incorporen y convenzan a los demás, para que ellos a su vez compartan nuestro mensaje con sus amigos, “seguidores” o compañeros de diálogo.

Si pretendemos una presencia católica digital eficaz, estas nuevas formas de comunicación capilar o comunicación en red deben ser pensadas y preparadas coherentemente. En este contexto, el papel de los laicos se hace cada vez más central. Tenemos que aprovechar las “voces” de tantos católicos presentes en los blogs, en las redes sociales y otros foros digitales para que ellos puedan evangelizar, compartir los puntos de vista del Evangelio, presentar las enseñanzas de la Iglesia y responder a las preguntas de los demás: “Existe un estilo cristiano de presencia también en el mundo digital, caracterizado por una comunicación franca y abierta, responsable y respetuosa del otro. Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos abiertamente religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios que sean profundamente concordes con el Evangelio, incluso cuando no se hable explícitamente de él”. (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, 2011). Por eso, se tiene que dar una responsabilidad específica a los laicos en los medios católicos, ofreciéndoles formación e información que les ayude a ser promotores creíbles y convincentes, testigos de la Buena Noticia del Evangelio.

e) Reflexión ante los ataques

La Iglesia ha de ser defendida de los ataques injustos que se desencadenan muchas veces. Por ello, es necesario que los medios de comunicación católicos presenten una imagen de la Iglesia que sería difícil de encontrar en los medios de comunicación laicos. Ofreciendo una perspectiva que involucre varios eventos y hechos basados en la expresión de nuestros valores y de nuestra fe compartida, se muestra que la Iglesia es una comunidad de creyentes convocados por voluntad de Cristo: “Den una voz y un punto de vista que respete el pensamiento católicos en todas las cuestiones éticas y sociales” (Benedicto XVI, Discurso a la asociación de Semanarios Católicos, noviembre 2010). Esta concepción está ausente en otros medios de comunicación, que hablan de la Iglesia en términos exclusivamente políticos o sociológicos.

Esto no significa pasar por alto los problemas, incluso aquéllos de la vida de la Iglesia; se trata más bien de abordarlos desde la perspectiva de la fe. La Iglesia tiene muchos críticos injuriosos que desean revelar sólo aspectos negativos con el objetivo de herir; sin embargo, tampoco hace bien a la Iglesia la presencia de “amantes acríticos” es decir, aquéllos que, a menudo por un malentendido sentido de fidelidad, niegan la existencia de tensiones y problemas, y que a la larga dañan la credibilidad de la Iglesia.

La Iglesia necesita medios que no tengan miedo de exponer los errores o fracasos, pero cuya motivación sea animar a la comunidad de los creyentes a continuar el camino de la conversión, para que así la Iglesia viva más plenamente la vocación que le ha sido entregada por Cristo, es decir: ser una comunidad de testigos creíbles de su Palabra y del Amor de Dios a la humanidad. Los medios católicos no serán creíbles si no enfrentan el pecado, los abusos, las debilidades y errores dentro de nuestra comunidad. Al mismo tiempo, no sería objetivo ni justo no mostrar los eventos y hechos donde el Espíritu está constantemente presente. Juan Pablo II, dirigiéndose a los periodistas durante el Jubileo de la Redención en 1984, afirmó: “La Iglesia trata, y tratará cada vez más de ser una ´casa de cristal´, donde todos puedan ver qué está pasando y cómo cumple su misión de fidelidad a Cristo y al mensaje del Evangelio. Pero la Iglesia también espera un similar esfuerzo de autenticidad de parte de quienes están en la condición de “observadores” y que deben referir a otros (…) la vida y los hechos de la Iglesia”. (Juan Pablo II, Discurso a los periodistas en la Celebración del Jubileo de la Redención, enero 1984)

Por su parte, el Papa Benedicto XVI, durante su visita a Portugal, en el encuentro con los representantes del mundo de la cultura, nos ha recordado que: “La convivencia de la Iglesia, con su firme adhesión al carácter perenne de la verdad, con el respeto por otras ´verdades´, o con la verdad de otros, es algo que la misma Iglesia está aprendiendo. En este respeto dialogante se pueden abrir puertas nuevas para la transmisión de la verdad”. (Benedicto XVI, Encuentro con el mundo de la Cultura, Lisboa, mayo 2010).

VI. La actitud comunicativa de Papa Francisco

Concluyamos reflexionando sobre el estilo esencial e inmediato del Papa Francisco que usa un lenguaje directo y con muchas metáforas, que emocionan al que escucha; que usa frases cortas, enseñanzas a menudo divididas en tres puntos, tres palabras, como si fuera un método de enseñanza: “les dejo tres palabras, tres sugerencias, tres consejos,…”. Además de ese don y ese carisma de Papa Francisco, que cuando habla ante las multitudes, en la plaza de San Pedro o en otros lugares, es como si se dirigiese particularmente a cada persona; es decir que consigue llegar al corazón de todos los presentes. Cada uno hace suyas esas palabras del Pontífice.

Precisamente desde esos signos y ese estilo podríamos mencionar dos características, y seguramente a medida que pase el tiempo iremos descubriendo más.

a) Llamados a comunicar a Cristo en las periferias existenciales

Cada vez con más énfasis el Papa Francisco nos está exhortando a comunicar no a nosotros mismos sino la verdad, la bondad y la belleza que es Cristo. El gesto esencial de comunicar nacerá, antes que nada, del corazón que cree y ama a Cristo, y que hará que las actividades y los gestos comunicacionales sean efectivos y puedan suscitar fe, esperanza, entusiasmo y seguimiento del mismo Señor[4].

Y para comunicar a Cristo estamos llamados a ” no encerrarnos en la soledad, en el desaliento, en el sentimiento de impotencia ante los problemas”. Así el Papa nos indica que encerrarnos es un peligro: “nos encerramos en la parroquia, con los amigos, en el movimiento, con quienes pensamos las mismas cosas… pero ¿sabén qué ocurre? Cuando la Iglesia se cierra, se enferma, se enferma. Piensen en una habitación cerrada durante un año; cuando vas huele a humedad, muchas cosas no marchan. Una Iglesia cerrada es lo mismo: es una Iglesia enferma. La Iglesia debe salir de sí misma. ¿Adónde? Hacia las periferias existenciales, cualesquiera que sean. Pero salir. Jesús nos dice: «Id por todo el mundo. Id. Predicad. Dad testimonio del Evangelio» (cf. Mc 16, 15).” (Francisco, Discurso a los movimientos eclesiales, 18 de mayo 2013)

No importa que nos equivoquemos, los accidentes ocurren. Creo que todos agradecemos las Palabras del Santo Padre que recientemente nos dice: “prefiero mil veces una Iglesia accidentada, que haya tenido un accidente, que una Iglesia enferma por encerrarse”. Al mismo tiempo nos da una alerta porque Cristo también puede estar encerrado en nuestras estructuras y no lo comunicamos: “¿cuántas veces Jesús está dentro y llama a la puerta para salir, para salir fuera, y no le dejamos salir sólo por nuestras seguridades, porque muchas veces estamos encerrados en estructuras caducas, que sirven sólo para hacernos esclavos y no hijos de Dios libres?” (Francisco, 18 de mayo a los movimientos eclesiales)

b) El Papa nos proponer instaurar una Cultura del Encuentro

Papa Francisco nos propone instaurar una cultura del encuentro con los demás, partiendo del hecho que la misma fe nace del encuentro con Jesús.

“Vivimos una cultura del desencuentro, una cultura de la fragmentación, una cultura en la que lo que no me sirve lo tiro, la cultura del descarte […] Pero nosotros debemos ir al encuentro y debemos crear con nuestra fe una «cultura del encuentro», una cultura de la amistad, una cultura donde hallamos hermanos, donde podemos hablar también con quienes no piensan como nosotros, también con quienes tienen otra fe, que no tienen la misma fe. Todos tienen algo en común con nosotros: son imágenes de Dios, son hijos de Dios. Ir al encuentro con todos, sin negociar nuestra pertenencia”. (Francisco, 18 de mayo a los movimientos eclesiales)

Finalmente es necesario recordar la verdad fundamental de la comunicación: nuestro testimonio – nuestras acciones y nuestros modelos de comportamiento – que las más de las veces son más elocuentes que nuestras palabras y declaraciones; y expresan mejor quiénes somos y aquello en lo que creemos.

En el ámbito digital, el mensaje del Papa Benedicto XVI nos ha sugerido que nuestra voluntad de involucrarnos con paciencia y respeto ante las preguntas y dudas de aquellos que encontramos en las redes sociales y fuera de las redes sociales, sean expresión de nuestra atención y preocupación hacia ellos. No obstante los desafíos, debemos siempre esperar. Recordemos la “fuerza propia de la Palabra de Dios de tocar los corazones, incluso antes de nuestro esfuerzo” (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones, 2013)

Por eso es importante hablar de Dios en las redes sociales pero con un estilo Cristiano.

_______________________

[1] Cf. Wikipedia

[2] Mons. Celli en su ponencia ante los delegados de comunicación de España, Madrid, Febrero 2013

[3] Ruiz Lucio, “Evangelización en la era Digital” Conferencia en la Pontificia Universidad Católica Argentina, 11 abril 2013

[4] Celam, encuentro de delegados de comunicación en Bogotá, mayo 2013

(por Ariel Beramendi -http://iglesiaycomunicacion.blogspot.it )

Fuente/Autor: Pbro. Ariel Beramnedi

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