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Rincón Vocacional

ORACIÓN Y VOCACION

27 de enero de 2020

INTRODUCCIÓN: El árbol que se deja de regar y cultivar, muere. La amistad que no se cultiva, se enfría poco a poco y hasta desaparece. Por eso tienes que cultivar la amistad con Dios, frecuentar el trato con El y no perderás a tu Amigo.
Pero, ¿qué es la oración y cómo hacerla?

DESARROLLO

1. Hay que realizar una labor de purificación en las motivaciones y en las ideas que se tienen sobre la oración
-Orar no es solo hablar: sino también y primordialmente, escuchar
-Orar no es solo pedir: muchas veces orar será callar, meditar, alabar, dar gracias, cantar, protestar, contemplar…
-Orar no es manipular a Dios, servirnos de Él, sino ponernos a su disposición, acoger su palabra y su Plan Divino.
-Orar no es buscar un refugio psicológico, un escape a los problemas de la vida: es sobre todo acogida, compromiso.

2. La Oración es ante todo un ENCUENTRO PERSONAL CON DIOS.
-No con un Dios lejano y frío, sino con Dios Persona, Padre cercano y amoroso, el Dios que nos ha mostrado Cristo Jesús, un Dios que nos habla y al que podemos escuchar. (Lc 10, 21-22)
-Un encuentro personal con Jesús, también descubierto como Persona cercana y presente en nuestra vida, hermano, amigo, compañero de viaje, modelo.
-Siempre con la presencia vivificante del Espíritu: El es el que nos enseña a orar; más aún: el que ora y grita dentro de nosotros la oración más densa de todo el Nuevo Testamento: “Abbá = Padre”.

3. La Oración debe estar CENTRADA EN CRISTO JESÚS
-En cuanto que Él es el verdadero Modelo de nuestra oración: El nos ha dado el ejemplo de una oración integrada en la vida.
La mejor escuela para un cristiano sería leer detenidamente lo que representó la oración en la vida de Jesús según los Evangelios. (Lc 6, 12-16; 11, 1-13)
-Pero también El es el que ora en nosotros y por nosotros. Cristo Jesús como Resucitado, vive presente en nuestras vidas.
Él es el Orante Supremo: el que alaba al Padre, el que le pide por nosotros, el que da gracias; como es Cristo el protagonista,
Invisible pero real, de todos los Sacramentos, también lo es de toda oración cristiana: “Donde dos o tres se reúnen en mi Nombre para rezar, allí estoy Yo en medio de ellos”

4. Exigencias de la Oración.
La oración exige mucho tiempo, más del que empleamos. Tal vez nunca lleguemos a orar en serio, a gustar de la oración, porque oramos con el reloj en la mano, por la necesidad de cumplir una obligación. Orar es entrar en el ritmo de Dios, marcado por el Espíritu; aunque el mero hecho de dedicarle a Dios un tiempo, estando a gusto con El, ya es oración.
Vivimos de prisa, la ansiedad, la agitación. Y la oración es un alto, un encuentro sin prisa, con alguien que nos ama.
La oración exige paz, serenidad, silencio, clima, todo ese ambiente que hace posible encontrarnos con Dios, por lo cual exige momentos fuertes de interiorización personal.
La oración exige una gran transparencia del alma. No se puede compaginar la oración con una vida turbia, de pecado, de lejanía de Dios. En definitiva, lo importante es la ACTITUD DE ORACIÓN. Entonces el trabajo, la vida toda se vuelve oración; es ese estar presente a Dios, para descubrirlo en los hermanos y en los acontecimientos.

5. Cómo oraba San Leonardo Murialdo
La vida de San Leonardo Murialdo era rica de compromisos y de preocupaciones, con una intensa vida pastoral a muchos niveles. Sin embargo escribe su biógrafo: “Murialdo era hombre de acción y de oración, más de oración que de acción”. No dejaba por nada su oración; si no podía en el día, se recogía en la capilla de noche…
El centro de la oración de Murialdo era la Eucaristía. Empleaba mucho tiempo para prepararse y agradecer, y vivía la Misa como un “centro de Amor”, un misterio de amor en el cual se sumergía…

“Como el sol ilumina el mundo, así Jesús ilumina al hombre que ora, calienta de amor nuestro corazón orante”.
“El apostolado de la oración es el más eficaz y el más útil. Consiste principalmente en unir nuestra oración a las intenciones del Corazón de Jesús, hacer de todos nuestros actos y pensamientos como una oración unida a la de Cristo Jesús. Se vive como se ora”.

C) VOLVEMOS A LA VIDA

*Se puede leer o comentar la siguiente parábola para aplicarla a la vida de oración:

Figúrense que había una vez un muñeco de sal. Después de peregrinar por tierras lejanas y áridas, llegó a descubrir el mar que jamás había visto y no podía comprender. El muñeco le preguntó: ¿quién eres tú? Yo soy el mar. Preguntó nuevamente, pero, ¿qué es el mar? Y le respondió: Yo soy. No entiendo, dijo el muñeco de sal. ¿Cómo pudiera comprenderte? Me gustaría mucho. El mar respondió: tócame. Entonces tímidamente el muñeco de sal tocó el mar con las puntas de los dedos de los pies. Percibió que aquello comenzaba a ser comprensible. Pero enseguida se dio cuenta de que desaparecían las puntas de sus pies. ¿Qué me hiciste, oh mar? Éste respondió: tú diste alguna cosa para que pudieras comprenderme. El muñeco de sal comenzó a entrar lentamente en el mar; solemnemente desapareció como quien va a realizar el acto más importante de su vida.
A medida que entraba se iba diluyendo. En la misma medida tenía la impresión de conocer cada vez más el mar. El muñeco iba repitiendo para consigo mismo la pregunta: ¿qué es el qué es el mar? Hasta cuando una ola lo absorbió totalmente. Él pudo todavía decir, en el momento de ser diluido por el mar: yo soy.

* Después de algún comentario se lanza al grupo la siguiente pregunta y se les pide que le escriban una carta a Jesús.

¿Qué compromiso de oración estás dispuesto a hacer para conocer y profundizar el misterio de Jesús?

D) EJERCICIO DE ORACIÓN :

LECTURA REZADA (15 minutos)
Tomemos un salmo ( ej.: salmo 27: “E Señor es mi luz y mi salvación”)
Toma una posición exterior e interior orantes. Invoca al Espíritu Santo.
Lee muy despacio, frase por frase, el salmo.
Vuelve a leer la frase que te suscita mayor sentimiento, y trata de vivenciar lo que lees, o sea trata de asumir aquello, decirlo con toda el alma, haciendo tuyas las frases leídas, identificando tu atención con el contenido y significado de las frases, trasportándote en el lugar de los hechos, poniéndote en el lugar de quien está actuando o hablando…
Si te encuentras con una frase, una expresión que “te dice” mucho, subráyala, para ahí mismo. Repítela muchas veces, uniéndote con ella al Señor, hasta agotar la riqueza de la frase, hasta que el contenido inunde tu alma.
Si no sucede esto, prosigue leyendo despacio, asumiendo y haciendo tuyo el significado de cada frase. Puedes volver a leer las frases más significativas del salmo.
Cuando terminas de leer y repetir… quédate unos dos minutos en presencia del Señor, repitiendo una vez más aquella frase que te pareció importante de todo el salmo.
Termina agradeciendo al Señor y poniendo en sus manos tu vida, tu tiempo y tus actividades.

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