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No se puede corregir a una persona sin amor y sin caridad. Papa Francisco

27 de enero de 2020

La caridad es como una anestesia que ayuda a recibir la cura y aceptar la corrección. Apartarlo, con mansedumbre, con amor

“La verdadera corrección fraterna es dolorosa porque está hecha con amor y en verdad. Si sentimos el placer de corregir, esto no nos viene de Dios”. Así lo ha afirmado el Papa Francisco en una homilía de las misas que celebra en la capilla de Santa Marta.

En el Evangelio, Jesús advierte a quienes ven la paja en el ojo del hermano y no reparan en la viga que está en su propio ojo. El Papa Francisco nos deja 3 puntos de reflexión que debemos abordar a la hora de la corrección fraterna:

1.- En primer lugar, el hermano que se equivoca debe ser corregido con caridad.

Papa Francisco nos explica: “No se puede corregir a una persona sin amor y sin caridad. No se puede hacer una intervención quirúrgica sin anestesia: no se puede, porque el enfermo morirá de dolor. Y la caridad es como una anestesia que ayuda a recibir la cura y aceptar la corrección. Apartarlo, con mansedumbre, con amor y hablarle”.

2.- En segundo lugar, es necesario hablar en verdad:

“No decir algo que no es verdad”. Cuántas veces en nuestras comunidades se dicen cosas una persona de la otra que no son verdaderas: son calumnias. O si son verdad, se arruina la fama de esa persona. Por eso, los chismorreos hieren, los chismes son bofetadas al corazón de una persona. Ciertamente, cuando te dicen la verdad no es bonito escucharla, pero si se dice con caridad y con amor es más fácil aceptarla. Por tanto, se debe hablar de los defectos de los otros con caridad.

3.- El Tercer punto es corregir con humildad. “¡Si debes corregir un defecto pequeño allí, piensa que los tuyos son mucho más grandes!

La corrección fraterna es un acto para curar el cuerpo de la Iglesia. Hay un agujero, ahí, en el tejido de la Iglesia que es necesario coser de nuevo. Y como las madres y las abuelas, cuando cosen, lo hacen con mucha delicadeza, así se debe hacer la corrección fraterna. Si no eres capaz de hacerlo con amor, con caridad, en la verdad y con humildad, se comete una ofensa, una destrucción del corazón de la persona, se hace un chismorreo más, que hiere y te convierte en un ciego hipócrita, como dice Jesús. “Hipócrita; quita primero la viga de tu ojo…” ¡Hipócrita! Reconoce que eres más pecador que el otro, pero que tu, como hermano debes ayudar a corregir al otro.

Y un signo que puede ayudar es si se siente “un cierto placer” cuando uno ve algo que no va y creer que hay que corregir: es necesario estar atentos porque eso no es del Señor.

Recordemos que donde está el Señor está siempre la cruz, la dificultad de hacer algo bueno; del Señor es siempre el amor que nos lleva, la mansedumbre. No hacer de juez. Los cristianos tenemos la tentación de hacer como los doctores: salir del juego del pecado y de la gracia como si nosotros fuéramos ángeles Y así, es lo que dice Pablo: “Que no suceda que después de haber predicado a los otros, yo mismo sea descalificado.”

Para concluir: un cristiano que en una comunidad, no hace las cosas, incluida la corrección fraterna, en caridad, en verdad y con humildad, es un descalificado. No ha conseguido convertirse en un cristiano maduro.

El Papa Francisco nos ha dejado una oración para finalizar esta reflexión:

“Que el Señor nos ayude en este servicio fraterno, tan bonito y tan doloroso, de ayudar a los hermanos y hermanas a ser mejores y nos ayude a hacerlo siempre con caridad, en verdad y con humildad”.

Fuente/Autor: Pildorasdefe.net

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