“Hay que hacer el bien, todo el bien posible, y hacerlo de la mejor manera posible”.

Beato Scalabrini
“ENFRENTANDO Y VENCIENDO LA TENTACION”
TEXTO: 1a PEDRO 5: 8
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Rincón Vocacional

LOS TRES CAMINOS PARA SER SANTO

27 de enero de 2020

S

Puesto en claro que Dios nos llama a la Gracia, no hay mas que tres modos de responder al llamado: casados, solteros o consagrados. Todos nacemos solteros pero llega el momento en que cada quien debe decidir de qué manera Dios lo llama a vivir en santidad. Ciertamente hay algunos que deciden vivir en pecado, pero no podemos decir que esa sea una vocación: Dios no nos llama al pecado y a la condenación al darnos la vida. El pecado viene a ser precisamente la respuesta negativa al llamado divino.

Los casados

La vida matrimonial corresponde a la voluntad de Dios expresada en el Génesis con aquel “Creced y multiplicaos”. La inmensa mayoría de hombres y mujeres, optan por casarse, aunque sin pensar siquiera que Dios los llama por ese medio a la participación de la Vida Divina. El instinto, el romanticismo, las costumbres, la sociedad misma, llevan a los muchachos al matrimonio. Raro sería aquel joven que no haya pensado en casarse algún día.

Así pasa que sin pensar gran cosa en el aspecto vocacional del matrimonio, se van fundando nuevas familias y hasta los que se casan “por la Iglesia” en muchas ocasiones no ven su unión como un camino de santidad.

El matrimonio Sacramento, es ciertamente un canal de Gracia para los cónyuges católicos. Vivir el matrimonio con la conciencia de estar caminando juntos, esposos e hijos, en presencia de Dios, gozando de su Vida comunicada por Jesucristo, para llegar juntos, en familia, a la gloria eterna, es toda una aventura maravillosa, digna de ser vivida intensamente.

Los casados dan gloria a Dios con todos los actos de su vida conyugal y ésto incluye la prudente y santa fecundidad, que da hijos a Dios por medio del Bautismo.

Los Solteros

No solamente existe la inclinación natural al matrimonio, sino que los padres educan a sus hijos para casarse. Estamos condicionados y presionados por la sociedad a formar una familia. Y sin embargo se dan muchos casos en que el hombre o la mujer, por múltiples razones, no encuentran con quien casarse.

¿A qué edad deben darse cuenta y aceptar que el matrimonio no es para ellos? ¿A qué edad deben descubrir la soltería como una vocación a realizarse humana y cristianamente en santidad? Lo que a ojos de muchos parece un fracaso, una carencia, es por el contrario el camino providencial -o sea, querido por Dios- para esta persona en concreto.

Ni humana ni cristianamente debemos depender de una pareja para realizarnos plenamente. Lo que es más, muchos que se casaron, nunca deberían haberlo hecho y el matrimonio en vez de plenificarlos, los frustró lamentablemente. Que lo digan las familias infelices y los divorciados.

Estando natural y socialmente inclinados al matrimonio, Dios puede indicarnos de alguna manera que nos tiene reservado otro camino para ser santos. Al aceptar realistamente que no hay matrimonio en el horizonte, el hombre o la mujer deben descubrir las inmensas ventajas que la soltería brinda a la persona humana en el campo cívico, científico, deportivo, cultural y religioso.

San Pablo, en su carta a los Corintios, nos invita a permanecer célibes como él, para poder servir al Señor sin las limitaciones naturales que impone la vida matrimonial (I Cor.7,32-34).

Los solteros, de ambos sexos, pueden hacer de su vida celibataria, una aventura formidable en todos sentidos, siempre en Gracia de Dios. La fuerza cívica y religiosa de aquellos que no se casaron, puede ser tremenda con tal que no vivan amargados pensando en lo que no fue. ¡Lo que pueden hacer los solteros por México! ¡Cómo puede un soltero dar gloria a Dios en la Iglesia!

No es el propósito de este Folleto desarrollar a fondo la vocación al celibato. Los referimos al Folleto E.V.C. 612 “El Campo Ignorado”. Tan sólo quede aquí el hecho de que en la castidad perfecta que nos exige Dios y sin el amor físico de los cónyuges, los solteros pueden dar y recibir amor a raudales, lo que en muchos casos no sucede dentro del matrimonio.

Hay que recordar siempre que la vocación básica de todo hombre es la santidad y que el matrimonio es accidental en la vida, o sea, no es necesario para realizarnos como personas y como santos.

Los Consagrados

Una tercera vía hacia Dios es el de aquellos que reciben un llamado especial a consagrarse al Señor de tiempo completo. Son los llamados a las Ordenes Sagradas o a la vida Religiosa, tanto masculina como femenina.

En un momento dado el muchacho o la muchacha sienten o se dan cuenta de que Dios los llama. Una muchacha con todas las aptitudes para ser una buena esposa y madre de familia, perfectamente capaz de desarrollarse en una profesión, siente un atractivo total por Cristo y todo lo demás pasa a un segundo plano: novios, carrera, negocios, proyectos.

Un muchacho, a la mitad de la carrera y con novia, de alguna manera escucha aquél “Ven y sígueme” que hizo a San Pedro abandonar la barca y sus redes y marcharse tras Jesús.

Es el momento en que acuden a un sacerdote o religioso para aclarar sus inquietudes. No es fácil responder al muchacho o a la chica si el llamado es auténtico. Sería muy cómodo que Jesús se apareciera personalmente a cada uno y mirándolo amorosamente a los ojos, le dijera “vente conmigo”, pero no sucede así.

No hay dos vocaciones iguales y es preciso analizar cuidadosamente cada caso para discernir la voluntad del Señor. Trataremos por separado el llamado al Sacerdocio y la vocación religiosa.

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