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Mundo Misionero Migrante

La Iglesia pide acogida y solidariedad para los emigrantes y los trabajadores precarios

27 de enero de 2020

Seúl, Corea del Sud

La comunidad católica tiene el deber de mostrar, especialmente en el tiempo de Cuaresma, el rostro misericordioso de Dios, promoviendo en la ciudadanía obras de caridad, mostrando acogida y solidariedad con los emigrantes y con los que pasan dificultades.

Con este motivo la Comisión “Justicia y Paz” de la Conferencia Episcopal de Corea ha pedido una mayor protección, tutela y promoción humana para los trabajadores precarios.

Mons. Boniface Choi, Presidente de la Comisión, afirmó: “Siguiendo el ejemplo de Jesucristo, que ha estado siempre del lado de los más pobres, la Comisión Justicia y Paz pide a todos los miembros de la sociedad escuchar el grito de los trabajadores precarios y resolver sus problemas”.

De manera particular la Comisión pide promover su dignidad humana y considerarlos con espíritu de solidariedad, indicando las responsabilidades del gobierno, que deben proteger y encontrar formas legislativas que tutelen el trabajo y la seguridad. También los empleadores deben ofrecer salarios justos y no explotar la mano de obra barata, mientras que los sindicatos no deben discriminarlos en relación a los trabajadores regulares.

La Comisión hace también un llamado a los empleadores cristianos y a todas las instituciones y estructuras católicas a llevar a cabo los esfuerzos necesarios para transformar el trabajo precario en trabajo regular. El Obispo recordó que la sociedad está llamada a promover el bien común y el respeto de la dignidad humana de todos, no buscando sólo la eficiencia y la ganancia.

Los trabajadores precarios en Corea son con frecuencia emigrantes lo que agrava su situación con el problema del permiso de residencia y de la calidad de vida. La Iglesia católica ha expresado en distintas oportunidades su preocupación por las condiciones de vida de los emigrantes clandestinos en Corea, con frecuencia al límite de la sobrevivencia y de la dignidad humana. En el país hay casi 130 emigrantes irregulares, obligados a esconderse de la policía y por lo tanto fuera de cualquier red de asistencia.

También los emigrantes regulares viven en un “limbo” en el que no maduran sus derecho de residencia y pueden ser repatriados, según las necesidades del mercado del trabajo, al vencerse su permiso de residencia cuadrienal, viviendo por lo tanto en una condición de extrema precariedad.

Fuente/Autor: Agencia Fides

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