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01/27/2020
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Scalabrini

La fe es el más grande de los dones de Dios

27 de enero de 2020

De los Escritos y Discursos de Juan Bautista Scalabrini.

La fe es un don de Dios, el primero, o mejor dicho, el más grande de los dones de Dios, que en su infinita misericordia nos haya otorgado. Sin ella es imposible ser de su agrado, pertenecer a la escogida compañía de sus hijos; ella es el inicio y el fundamento de la salvación humana, el eje y la raíz de toda justificación (…).

¿Qué es esta fe? Es un rayo de luz que se desprende del trono de Dios y baja a iluminar la tiniebla en la que van a tientas los míseros hijos de Adán; es una segunda creación, gracias a la cual el hombre, que había caído de su dignidad, se vuelve a levantar de su nada, grande todavía hasta llegar al Creador; es la vida, ni más ni menos, del género humano, así como la carencia de ella es muerte (…).

¿Qué es esta fe? Es el único medio, que luego de todas las búsquedas y todos los estudios para ennoblecer al hombre, es apto todavía para curar nuestras heridas, para engrandecer nuestra pequeñez, y es por ella que la inteligencia humana fluye en el tiempo y en la eternidad y nuestro pensamiento pasa desde el último granito de arena a la inmensidad del Ser increado.

Carta Pastoral para la Cuaresma de 1884

«La religión no es un sistema filosófico»

Esta Religión sin embargo (…) no es desde luego una serie de verdades especulativas, mandadas únicamente para perfeccionar el intelecto, no es tampoco un sistema filosófico, ni un complejo de ideas y nada más; pero, ya que emana inmediatamente de Dios, que es al mismo tiempo la verdad primera, el sumo bien, la infinita belleza, la esencial santidad, el centro y la fuente de toda perfección, ella tiende necesariamente a ennoblecer, a divinizar, en cierto modo, todas las facultades humanas, encauzándolas a su último fin. Para el intelecto ella es luz infalible que disipando las tinieblas acumuladas por la ignorancia y por el error, le abre los tesoros de la sabiduría divina. Para la voluntad es ardor celestial, que elevándola más allá de la esfera de los bienes limitados y caducos, la enamora de las infinitas bellezas y del sumo y eterno bien. Para la conciencia es regla segura, que preservándola de los falsos dictámenes sugeridos por el orgullo y por las corrupciones, la armoniza con los dictámenes de la ley eterna de Dios (…).

Ella, en una palabra, es el orden, la armonía, la perfección del hombre todo, ya sea en relación con Dios, con el prójimo y con sí mismo; imagen y prenda de aquel orden, de aquella armonía, de aquella paz, de aquella perfección, sin comparaciones la más venturosa, que le está preparada en el Cielo.

Católicos de nombre y católicos de hecho – Piacenza 1887

Fuente/Autor: UNa Voz Viva

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