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Scalabrini

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De los Escritos y Discurso de Juan Bautista Scalabrini.

Creado por Dios para Dios, el corazón del hombre no puede ser perfecto más que en Dios y con Dios, y ya que la perfección es el estado natural, es el fin al cual tienden todos los seres, así el corazón humano tiene una inclinación innata, necesaria, indestructible de unirse a Dios, de saciarse de Dios, de identificarse con Él: fecisti nos, Domine, ad te; et inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te [Nos creaste Señor para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti]. En esta vida también el hombre no clama, no busca, no quiere más que a Dios. Por eso, lo pide en todo aquello que lo rodea; corre al encuentro de todo aquello en lo que se encuentra una centella de bien, emanación de infinita bondad; por eso el desdeñar siempre los bienes presentes y anhelar continuamente los lejanos, porque los bienes lejanos se le presentan como un no se qué de infinito. De aquella misma forma que a la eterna verdad el hombre aspira siempre en todo lo que procura conocer, del mismo modo, escribe San Dionisio, se dirige siempre al bien eterno en todo lo que procura amar.

Carta Pastoral para la Cuaresma . 1881)

«¿Un hombre que tiene a Dios consigo, qué no tiene?»

Dios propia y esencialmente es caridad. Por lo tanto, el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en él, porque Dios y la caridad son una misma cosa: Deus charitas est: et qui manet in charitate in Deo manet et Deus in eo [Dios es amor: y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él].

Y un hombre que tiene a Dios consigo, ¿qué no tiene? Quid non habet si Deum habet? Ipse est pax nostra [¿Qué no tiene si a Dios tiene? El mismo es nuestra paz]. Tiene sobre todo la paz, o sea, aquella tranquilidad de los afectos, aquella calma del corazón tan suave, tan dulce, tan inefable, que supera, según el decir del Apóstol, todo sentido de terrenal dulzura: pax Dei quae exsuperat omnem sensum [La paz de Dios que supera todo cuanto podamos pensar]. Este gozo del alma peregrina, este estado de calma pleno de confianza, este reposo pleno de consolación, esta armonía plena de suavidad, esta paz plena de amor, es en verdad, el más hermoso anticipo, la imagen más real de la beatitud celestial, ya que, según la profunda sentencia de San Agustín, en la paz está puesta la beatitud (…).

¡Oh paz del alma, verdadero tesoro, consuelo y delicia del que la posee! ¡Oh paz del alma, que comenzando en la inteligencia por la fe en la palabra divina, desciende al corazón por la posesión de la divina caridad! ¡Oh paz del alma, que no gustada no se llega a comprender!, ¿dónde, dónde hallarte aquí abajo fuera de la fe?

Ibid

Fuente/Autor: UNa Voz Viva

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