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La Casa en el Cielo

27 de enero de 2020

Una señora soñó que llegaba al cielo y que, junto a muchas personas que mueren cada día, hacía fila para saber cuál sería su destino eterno. De pronto apareció san Pedro y dijo: “Les mostraré en qué barrio está la casa que le corresponde. La cuota inicial que se recibió para su habitación es la caridad en obras de misericordia, comprensión, respeto e interés por la salvación de todos”.
Llegaron a un barrio en el que las casas eran de oro. San Pedro exclamó: “Aquí vivirán quienes ayudaron a los necesitados económicamente y espiritualmente; quienes dieron su vida por los demás, quienes compartieron su pan con los hambrientos, consolaron a los presos y visitaron a los enfermos”. La señora quiso entrar pero un ángel se lo impidió: “En la tierra usted jamás dio ni su tiempo ni su dinero”.
Se dirigieron al barrio en donde las casas eran de marfil. La señora se apresuró a entrar, pero otro ángel la tomo del brazo: “Este barrio es para aquellos que en trato con los demás fueron delicados, comprensivos y bondadosos. Usted era dura, falsa, criticona y grosera. No puede entrar”.
Fueron al tercer barrio: las las casas eran de cristal. La señora intentó tomar posesión de una habitación, pero el ángel le explicó: “estas casas son para quienes ayudaron a los demás a buscar la felicidad. Le falta la cuota inicial: haber ayudado, con caridad, a los otros a cambiar.
Por último fueron cuesta abajo a un barrio feo y sucio, las habitaciones estaban construidas de basura. Buitres, ratones y murciélagos rodaban por ahí; el olor era insoportable. La señora quiso huir, pero el guardián del barrio le dijo: “Una de estas casas será suya”. La mujer gritó que no, que era horrible. El ángel respondió: “Esto es lo único que hemos construido con la cuota inicial que usted envió desde la Tierra. Usted enviaba egoísmo, maltrato a los demás, críticas, palabras hirientes, tacañería, odio, rencor, envidia…”.

La mujer empezó a llorar y a decir que no quería quedarse ahí y de pronto, ¡Despertó! La pesadilla sirvió como examen de conciencia y desde entonces empezó a pagar la “cuota inicial” de su casa en la eternidad: generosidad con los necesitados, bondad en el trato con los demás y preocupación por enseñar el camino del bien.

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