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Guatemala: Mons. Ramazzini asume como obispo de Huehuetenango

27 de enero de 2020

Guatemala: Mons. Ramazzini asume como obispo de Huehuetenango

Noi, missionari scalabriniani auguriamo all’amico Mons. Alvaro un buon inizio di missione e riaffermiamo la nostra vicinanza e disponibilita’ in terre di Guatemala. Grazie della testimonianza di pastore amante del suo popolo, specialmente dei poveri e dei violentati, e di apostolo della verita, della giustiza e della pace.

Llega después de varias despedidas organizadas por los feligreses de San Marcos, su antiguo hogar. Su equipaje lo forman decenas de libros, como Don Quijote de la Mancha, El amor en tiempos del cólera y El Alquimista; además de una colección de películas donde figuran Hotel Ruanda, Erin Brockovich y El color púrpura. También están sus mascotas: Paco, un loro de 12 años; 2 canarios; y Aruba, una perra San Bernardo que le regalaron hace 4 meses.

Se trata del expresidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala, quien acompaña marchas campesinas para exigir tierras, protestar por la pobreza, apoyar a los migrantes o para rechazar la minería a cielo abierto.
Es el mismo que ha recibido premios internacionales de Derechos Humanos, como el Pacem In Terris (2011) -que también fueron para Martin Luther King Junior, la madre Teresa de Calcuta o Lech Walesa- o el Lettellier Monffitte (2003).

El hermano mayor

En la cabecera departamental de San Marcos, a una cuadra de la Catedral, está la casa diocesana donde Ramazzini tenía su oficina. Es un edificio de 2 niveles que comunica con la residencia donde vivió durante 23 años. Su lugar favorito era el pasillo frente a un pequeño jardín. “Me gustaba sentarme en la silla mecedora, ver las flores y el cielo”, dice.

El Ramazzini lo heredó de Italia y el Imeri de Francia, ambos apellidos legado de sus abuelos –quienes residieron en este país. Nació en la ciudad de Guatemala el 16 de julio de 1947 y es el mayor de 4 hermanos. Sus padres se separaron cuando él tenía 10 años. Se quedó con su mamá (Delia) pero creció solo.

Ella emigró 2 años después a Estados Unidos y se llevó de uno a uno a sus hijos, excepto a Álvaro, quien ingresó al seminario menor cuando tenía 12 años. Tomó la decisión, explica, no por el divorcio de sus padres sino por la influencia ejercida por los colegios católicos donde estudió la escuela primaria.

Luego ingresó al Seminario Mayor y, en 1971, a sus 23 años fue ordenado sacerdote. La primera misa la celebró el 27 de junio de ese año, en la iglesia San Miguel de Capuchinas; la homilía estuvo a cargo de su mentor, monseñor Rodolfo Quezada Toruño.

Un caminante

Ramazzini llegó el 22 de febrero de 1989 a San Marcos, apenas 2 meses atrás Juan Pablo II lo había nombrado obispo. “Necesitaban a uno joven. Yo tenía 41 años y la preparación necesaria que exigen las leyes de la Iglesia”, explica el religioso que en ese momento no luce el alzacuellos.

Una de las primeras cosas que hizo luego de tomar posesión de la diócesis fue recorrerla, visitar cada comunidad, aldea y municipio durante tres años. “Iba de parroquia en parroquia, me quedaba a dormir en todos los lugares, a veces en casas, en bancas de escuelas. La gente me criticaba porque no estaba en la Catedral, pero yo les decía que era el obispo de toda la diócesis”.

Cuando se le pregunta qué lo impactó de San Marcos, siempre repite esta historia: “Eran las 11 de la mañana, voy por la cuesta hacia Santa Lucía Talux, que está a 4 o 5 horas a pie de la cabecera departamental. Le pregunto a un señor que carga un bulto cuánto me falta para llegar, me da indicaciones. Me llama la atención lo que lleva en la espalda y le pido que me deje ver. Es una niña de meses, van hacia el hospital de Tajumulco, la veo y le digo ‘está muerta”. El hombre no se había percatado, la chiquita murió de sarampión. Me cuenta que su familia y 3 hijos más están en su casa también enfermos. Regreso a Tajumulco, voy por medicinas, no hay y me quedo esperando para llevarlas a la familia, pero al regresar a la aldea la esposa y otro hijo estaban muertos. No llegué a tiempo”, relata.
“Una religiosa de la diócesis me explicó que por desnutrición fallecieron estas personas, fue una frustración e impotencia de no poder ayudar”, dice. Los “sueldos de miseria” de los niños que cortan café, así como las historias de los migrantes que cruzan de San Marcos a México y la prostitución en la frontera, también influyeron en Ramazzini.

A raíz de esos casos fundó en 1990 la Pastoral de la Tierra, la cual ayuda a los campesinos a recuperar sus terrenos; la Casa del Migrante, que formó junto a los misioneros scalabrinianos en 1996 –donde dan techo, comida y charlas por 3 días a los deportados–; y la Casa de la Mujer, un hogar que funciona desde 1995 y en donde las prostitutas reciben talleres de costura.

Las luchas sociales

Armando De la Torre, director de la Escuela Superior de Ciencias Sociales de la Universidad Francisco Marroquín, lo califica de “cacique” y lo describe como “un déspota autoritario que se escuda tras una doctrina social” de la Iglesia católica.

Ramazzini está en desacuerdo.
El contacto con la realidad al recorrer San Marcos lo hizo preguntarse: “Qué debo hacer como obispo? ¿Qué hubiera hecho el Señor Jesús delante de estas realidades? ¿Cuáles hubieran sido sus reacciones?” “Muchos me critican de ideólogo o de teólogo de la liberación, pero no lo soy. Solo trato de dar una respuesta a las necesidades que he visto y veo, que me conmueven y me tocan”, dice.

El primer conflicto donde intervino Ramazzini fue el de la finca Los Cerros, en San José El Rodeo (1988 a 1990). El entonces presidente del Banco Metropolitano, Francisco Alvarado Macdonald, vinculado con la quiebra de los bancos gemelos, era su contraparte.

Los trabajadores, que vivían en esos terrenos desde hacía dos o tres generaciones, serían desalojados por no pagar la hipoteca. “Vinieron a pedirnos apoyo y se los dimos por medio de la diócesis. Así comenzó una lucha tremenda que duró dos años”, recuerda. Lograron una negociación en la sede de la Nunciatura Apostólica. Se indemnizó a los campesinos, salieron de la finca y compraron sus tierras. El caserío a donde se trasladaron lo llamaron Ramazzini.
“A partir de esto se organizó en la diócesis una oficina de Derechos Humanos que mediaría para evitar conflictos”, relata. Pero solo funcionó un año, pues optaron por contratar abogados.

Otro caso fue la pugna por los límites territoriales entre Tajumulco e Ixchiguán, en la que la diócesis intervino. “Me nace, entonces, la idea de formar la Pastoral de la Tierra para mediar junto con campesinos y trabajadores de fincas por sus derechos. Fue así como recibimos más casos”.

A la lucha por la tierra se sumó luego el rechazo a la minería abierta. Esta se concentra en su oposición a Marlin, que funciona en San Miguel Ixtahuacán desde hace más de siete años. Ha pedido el cierre de empresa y el estudio de expertos estadounidenses que verifique el estado de la mina. “No estoy convencido de que la actividad minera sea motor del desarrollo como dicen ellos (los empresarios). Cuando se vaya quedará mucha gente desempleada y dejarán dividida a la población”, señala.

Adiós San Marcos

La noticia del cambio de parroquia tomó por sorpresa al obispo. El nombramiento coincidió con los conflictos ocurridos en Santa Cruz Barrillas con la hidroeléctrica Santa Cruz. “La decisión vino de Roma y él tuvo la opción de rechazar su traslado. Nosotros confiamos en su labor pastoral, sabemos que es buen mediador y que hará un buen trabajo”, comenta el presidente de la CEG, monseñor Rodolfo Valenzuela.

Ramazzini admite que le pidió tiempo al Nuncio Apostólico, Richard Paul Gallagerd, para responder. Pero su voto de obediencia lo hizo aceptar la orden del Vaticano.
“Por un lado me voy triste; por otro, animado. Es un poco lo que dicen, que la experiencia del primer amor nos marca. Me encariñé con la gente, quiero a esta gente. Siempre pensé que aquí iba a morir”. Por eso, cuando ese momento llegue, desea ser sepultado en la Catedral de San Marcos.

Monseñor reconoce que Huehuetenango será un reto. Es un departamento más grande que San Marcos, con mayores índices de pobreza y desnutrición. “Allá hay 24 sacerdotes y aquí tenemos 42, hay 7 etnias indígenas y es una región que desconozco. Voy por mi gusto y el deseo de servir”, manifiesta.

Fuente/Autor: http://www.elperiodico.com.gt

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