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Papa Francisco
DE LOS ESCRITOS DE JUAN BAUTISTA SCALABRINI
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01/27/2020

Scalabrini

De los Escritos de Juan Bautista Scalabrini

27 de enero de 2020

“¡Señor, ten piedad del Pastor, piedad del rebaño!”

Hijos míos queridísimos, escuchen la voz de quien no busca, no desea, no quiere más que el bien de ustedes. Muchas veces les dije, y me resulta dulce repetirlo, que la fe, la piedad, el devoto y sincero apego a la Iglesia por parte de ustedes, es para mí incesante objeto de consolación y alegría; sin embargo yo no puedo disimular, debo decírselos por deber de conciencia, ¡ay de mí si callara! el mal está también entre nosotros y es bastante grave. ¡Oh Piacenza! ¡oh ciudad predilecta, piensa en la fe de tus padres; y ve cómo has decaído de la antigua grandeza! ¿Quién te traicionó? ¿quién te redujo así? Ya que yo veo dentro de tus muros muchos que viven olvidados de todo deber que les impone la fe, que la ultrajan con satánicas blasfemias, que ofenden continuamente a Dios con una vida totalmente pagana, que profanan sus días santos, que se dedican a la lectura de libros y diarios blasfemos, que obstaculizan a la Iglesia y a sus fieles Ministros, que se dejan transportar como niños por todo viento de doctrina, con tal que les sea anunciada con gravedad charlatana y con ignorante orgullo por hombres astutos y turbulentos. ¡Oh! ¿qué hacen hijos míos? ¿Son éstas quizás las obras de la fe de ustedes? ¿es así como responden a los beneficios que generosamente les otorgó el Cielo? ¡Vergüenza de ustedes, vergüenza de su ciudad! ¿No ven que obrando de esta manera se vuelven con loca soberbia contra el Omnipotente, que entristecen sus Santos Patronos y la misma Madre de Dios y madre de ustedes María Santísima?

¡Oh Señor, escucha el gemido de mi alma profundamente amargada! ¿Por qué me conservaste tú en este tiempo de aberración y de delito? ¿Cuándo terminarán estos días de turbaciones y de profanaciones sacrílegas? ¡Oh Señor, ten piedad del Pastor, piedad del rebaño! No faltan sin embargo, en medio de los dolores, los consuelos. Es consuelo, oh mis queridos, el pensamiento de que allá arriba hay quien tiene en cuenta todo lo que padecemos, y que antes que nosotros fue padecido por nuestro divino Jefe y Maestro. Es consuelo, o mejor dicho, es bálsamo suavísimo, la conciencia de sufrir por la justicia, y de sufrir sin odio, al contrario, con amor por quien nos persigue, para que se convierta y viva.

Unión de la Iglesia, obediencia a los legítimos Pastores, Piacenza 1896

Fuente/Autor: Una Voz Viva

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