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Scalabrini

DE LA CARTA DE JUAN BAUTISTA SCALABRINI A SUS MISIONEROS

27 de enero de 2020

Donde pone a San Carlos como patrono de sus Misioneros

Ha llegado el momento queridos míos, de colocar nuestra Congregación definitivamente bajo el patrocinio de un Santo. Como vosotros mismos, a menudo me habéis expresado el deseo, su nombre debe ser capaz de identificarla y ser para ella un símbolo y un sello.

Después de haber rezado todos los días por esta intención y haber pedido la luz del Espíritu Santo, la persona del gran San Carlos se presento ella misma en mi mente tan radiante y dulce como nunca antes había aparecido. Me pareció oír una voz que me dijo: ¡He aquí el Patrón! ¡El Campeón, el modelo para nuestros hijos! Desde ese día decidí colocarlos a vosotros y a vuestro futuro y a todo aquello que os pertenezca, en su manos. Inmediatamente el Santo me mostró su favor, casi como un signo de su complacencia, procurando los medios para la adquisición de una Iglesia que ya había sido dedicada. Será precisamente la Iglesia que se erigirá al lado del muy amplio terreno que espero poder comparar con la ayuda de la buena gente, así como con la vuestra.

Por eso, ¡debéis honraos vosotros mismos al llamaros de aquí en adelante “Los Misioneros de San Carlos.”!

¡San Carlos se ha bien dicho que es uno de esos hombres que no vacilan, no se doblegan, nunca retroceden. El es uno de esos valientes que en cada ocasión demuestran su fuerza de convicción, su energía, de voluntad, su integridad de carácter…ellos son así y triunfan…

¡San Carlos! Que maravilloso ejemplo de denodada constancia, de generosa paciencia, de celo iluminado que es también tenacidad y magnanimidad. Es un modelo de todas estas virtudes que hacen del hombre un verdadero apóstol de Jesucristo. Era un sediento de almas. Solo deseaba almas. No pedía nada, sino almas; no quería nada, sino almas: “Dadme almas”, decía siempre, “y no me deis mas.” Y para ganar real y verdaderamente las almas para Jesucristo, ¡Oh, mi Dios! ¿Qué fue lo que no hizo; qué fue lo que no soporto y sufrió; qué fue lo que no dijo?

¡San Carlos! Es un nombre que el misionero católico nunca debe oír sin sentirse inflamado del entusiasmo mas noble y vivo y sin sentirse profundamente conmovido. Mas que la gloria de Lombardia, el es gloria de la Iglesia: mas que el esplendor de Italia, el es esplendor del mundo. Mas que un adorno del siglo, el es emblema de todas las edades y de todos los tiempos.

Queridos míos, tomad ejemplo de el. Encomendaos vosotros mismos a el. Poned en el vuestra confianza y podéis estar ciertos de su protección.

Fuente/Autor: Redacción

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